Columnistas

Pobre Venezuela

Loading...
13 de julio de 2016

Los 35.000 desesperados venezolanos corriendo por el “corredor humanitario” para adquirir en Cúcuta y Arauca artículos de primera necesidad, inexistentes en los desabastecidos mercados de su país, comprueba el fracaso del modelo económico de la dictadura chavista.

Han pasado tres semanas de la valerosa intervención/denuncia de Almagro, secretario general de la OEA, frente a la tragedia humanitaria y social que sufre Venezuela en manos del déspota y hasta ahora la respuesta continental ha sido aplicar la campana neumática para silenciar sus acusaciones.

A tres semanas de transcurrida aquella denuncia la situación se agrava. Lo suficiente para que su pueblo llegue al desespero. La inflación es agobiante. Al final de año se situará por encima del 700 %. Cerca del 90 % de los venezolanos manifiestan que no tienen recursos suficientes para comprar alimentos básicos, ni medicinas indispensables. La desnutrición afecta a amplias capas de población. El hambre, la inseguridad, la escasez agobian. En medio de tanta miseria, su dictadura populista se arma hasta los dientes con un régimen implicado en narcotráfico hasta la coronilla.

Recordemos –y recordar impide olvidar– que mientras Almagro, proveniente de corrientes de la izquierda democrática y civilizada del Uruguay, denunciaba con firmeza las arbitrariedades de Maduro, al mismo tiempo en La Habana el gobierno colombiano colocaba a este oscuro personaje, flagelo de su pueblo, en primera fila, como testigo de excepción de la firma de algunos puntos del llamado acuerdo de paz. No importaba que aun mantuviera “alambradas de garantías hostiles” para dificultar la libre circulación de colombianos y venezolanos. Clara diferencia entre quien, como Almagro, tiene principios filosóficos y quien, como Santos, vive a través de un pragmatismo –que se puede devolver como boomerang– en el cual la ideología parece contar poco.

La actitud de Colombia frente al gobierno venezolano ha sido pusilánime y de abierta complicidad. Hace algunos años detuvo a un reconocido mafioso que podría revelar los actores del llamado “Cartel de los Soles” en las Fuerzas Armadas venezolanas, y en vez de extraditarlo a los Estados Unidos, se lo entregó como trofeo al régimen chavista. Ahora tiene a otro reconocido narcotraficante en la cárcel La Picota y se hace el sordo al pedido del gobierno norteamericano para enjuiciarlo en sus tribunales. Lo más posible es que atienda la solicitud de Maduro para que no se lo entregue a las autoridades gringas sino al gobierno chavista, que no tiene cárceles sino para sus opositores e impunidad para sus compadres.

La OEA, organización que anda desde hace buen tiempo en crisis de eficacia, hasta ahora no ha tomado decisión alguna frente a las evidencias y demostraciones que con abundancia de cifras presentó Almagro. Nada resuelve. Parece olvidar las acusaciones contra las libertades, conculcadas en un país en donde existe una indiscutible alteración del orden constitucional, económico y social.

Pobre Venezuela, en donde sus gentes esperan cada día conocer cómo amanece el dictador en su bipolaridad para enterarse de que pueden pasar por algunas horas a Colombia a comprar algunos víveres que sacien algo su impuesta dieta de hambre y sufrimientos. En tanto, desde aquí, a Maduro se le rinden protocolos de besamanos..