Columnistas

Por ahí es la cosa

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05 de septiembre de 2018

Mañana se hará la primera reunión de la mesa de concertación en la cual se sentarán el Gobierno y los distintos partidos políticos para comenzar en firme a concretar las propuestas con las cuales se aspira a darle una batalla efectiva a la corrupción.

Hacía muchos años que el país no se ponía de acuerdo para hacer un frente común –ojalá efectivo– sobre políticas esenciales en bien de la nación. Es un comienzo que puede dar resultados positivos, siempre y cuando haya juego limpio con desprendimiento, honradez, transparencia y lealtad.

En momentos de dificultades nacionales, ha habido fuerzas vigorosas que se han levantado para sacar soluciones que eviten la postración democrática y la decadencia moral de la República. Recordemos que fue a mediados de la década de los años 50 del siglo pasado, cuando enconados adversarios de los partidos tradicionales que se habían partido el pecho en los campos de las pasiones, depusieron sus actitudes energúmenas e irracionales para firmar un Frente Nacional que dio al traste con la dictadura militar del general Rojas Pinilla. Solo así se logró restablecer el sistema republicano que se había malogrado.

Si bien hoy este experimento tiene sus detractores por considerar que con aquel acuerdo bipartidista se instauró por 16 años el duopolio en la conducción del Estado entre liberales y conservadores, con antidemocráticas exclusiones de otras manifestaciones ideológicas, también es válido sostener que con esa alternación en el poder se le puso freno por lo menos a la violencia bipartidista que estaba llevando a Colombia a despeñaderos insoportables.

Si esa misma voluntad que hoy se manifiesta entre ganadores y perdedores de la consulta del pasado mes, hubiera primado en el proceso de paz habanero, otra sería la suerte del enredado posconflicto. Si la dosis de arrogancia, exclusivismo y fatuidad del gobierno anterior, hubiera sido siquiera en menor dosis, seguramente este proceso estaría dando frutos menos amargos como los que se registran con las deserciones, dudas, vacilaciones, carencia de recursos, que amenazan asfixiarlo prematuramente.

De la soberbia y las arrogancias nada bueno queda. Y esto lo sabe el actual Jefe de Estado, que ha convidado a todos los actores de la política nacional para que comiencen a diseñar, no solo una moderna reforma política, sino lo que debe ser la mejor respuesta para ir desactivando esa bomba de corrupción, que con la producción y consumo de droga y la carencia de un sistema de justicia respetable y operante, constituyen el triángulo por donde se podría ahogar la democracia colombiana.

Ojalá esa actitud de buscar consensos sobre temas fundamentales se sostenga sobre bases sólidas, desprovistas de arrogancias y de egoísmos. Y sobre todo de intransigencias, dado que hay algunos actores que promovieron la consulta y que quieren imponer a troche y moche sus caprichos, como si la hubieran ganado. Tienen que entender que hay un gobierno elegido con grandes mayorías con el cual deben tratar con respeto sus diferencias y anhelos, sin perder el sentido de las proporciones para evitar que lo que hoy se ve como promisorio no vaya a ser una frustración más....