Columnistas

Réquiem por los partidos

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02 de junio de 2018

Las elecciones presidenciales del domingo pasado fueron la muerte de los partidos tradicionales en Colombia. Ni más ni menos. Tanto quienes ganaron en las urnas, como quienes perdieron, pasarán a la historia (o pasarán al olvido, vaya usted a saber) como los enterradores de una saga política de la que siempre nos ufanábamos.

El primer gran muerto de esta debacle histórica es el Partido Liberal Colombiano. Y fue el expresidente César Gaviria quien, como lo dijo con burla el periodista Héctor Rincón, haciendo alusión a la conocida casa mortuoria de Bogotá, enterró a Humberto de la Calle en la Funeraria Gaviria, sacrificada su aspiración presidencial por la miopía y falta de grandeza del dirigente pereirano. Da grima ver a Gaviria y al otrora glorioso partido liberal, como se cacareba antes, arrodillados a los pies de Uribe. Da grima pero no sorprende.

El otro difunto sepultado en el sepelio del domingo es, claro, el Partido Conservador Colombiano, refugiado ahora con más pena que gloria en las filas del Centro Democrático. La derecha, la nueva derecha colombiana para ser más exactos, logró el milagro de que liberales irredentos, como Uribe y adherentes de todas las calañas se volvieran conservadores fervorosos y fanatizados. Y viceversa. Ya no es el recordado patiamarillismo del pasado, sino extrañas conversiones en masa o indiviudales, que dejan viendo un chispero a los más conservadores de los liberales y a los más liberales de los conservadores. Pero allá cada cual con sus virtudes y con sus pecados, con sus remordimientos y con sus milagros.

Los inobjetables triunfos de las agrupaciones políticas o movimientos que se alzaron con las dos más altas votaciones el domingo, más el movimiento de Fajardo, si bien dieron un aire nuevo a la democracia, no son para cantar victoria como si los fantasmas de nuestra vida política hubieran sido exorcizados. La alta votación de Gustavo Petro deja en el alma un extraño sabor de espejismo para la izquierda. Porque esta está, por supuesto, atomizada. Y no siempre un susto es una amenaza real. Por lo demás, ningún otro de los movimientos políticos (que tal vez sería prematuro llamar partidos) se perfila, a mi entender, como una real alternativa para sustituir a las colectividades tradicionales.

En fin, en esta primera resaca electoral tras las votaciones, habrá que ver qué curso toman las aguas. A estos pocos días desde la jornada electoral, lo único cierto es que tuvimos una primera vuelta pacífica y organizada; que nos espera una segunda tan satitsfactoria como la primera y en la que, como vaticinan muchos, el país podría vivir una inédita experiencia de muy abultada votación en blanco. Habrá que ver