Columnistas

REVIVE NUESTRO FERROCARRIL

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02 de julio de 2016

Me cuenta mi amiga Gilma Alomia, que algunos profesores de una famosa facultad de ingeniería fueron invitados a abordar un avión. Cuando todos los profesores estuvieron bien acomodados, se les informó que ese avión había sido construido por sus alumnos.

Todos los profesores se levantaron despavoridos para salir de la aeronave.

Solo un profesor conservó la calma y permaneció sentado en su puesto.

--Profesor ¿y a usted no le da temor quedarse en el avión? Le preguntaron.

--Para nada, amigo. Conozco la capacidad de mis alumnos. Si en realidad fueron ellos los que construyeron este avión, tengo la total confianza en que esta mierda ni siquiera va a prender.

La confianza es un asunto primordial en cualquier proyecto. Si a los antioqueños nos hubieran dicho el anterior gobernador embluyinado que iba a revivir el Ferrocarril de Antioquia, no le hubiéramos creído, por todas la falacias que utilizó durante su mandato, como la de “Antioquia la más educada”, la Biblioteca España, lo de “en Antioquia no se pierde un peso” y tantas otras que no les cuento para no cansarlos.

Pero ahora, recibimos la noticia con alegría, pues nos muestran unos socios confiables, como la Gobernación de Antioquia, con el piloso Luis Pérez; el Idea, con el dinámico Mauricio Tobón; el Área Metropolitana, con el exgobernador Eugenio Prieto y el Metro de Medellín, con su nuevo gerente Tomás Junior Elejalde, firmando el compromiso de recuperar la línea férrea, con nuevos y cómodos vagones de pasajeros y de carga, para reanudar los servicios del glorioso Ferrocarril de Antioquia con la posibilidad de apoyar el servicio del Metro con trenes expresos más rápidos para recorridos más largos y evitar trayectos cortos. Con energía limpia. Además, con el servicio nocturno de transportar las basuras al destino final de Pradera en seguros y cerrados contenedores que no dejarán esparcir olores contaminantes. Estamos de fiesta los antioqueños. Hasta mi relojito Ferrocarril de Antioquia volvió a meterse en mi bolsillo después de sacarle brillo con bicarbonato.

Los pasajeros nos subiremos tranquilos en nuestro tren seguros de que prenderá como un fosforito y nos transportará, por ahora de Barbosa a Caldas, pero nuestros hijos y nietos volverán a comer hojaldras en Cisneros y a pescar sabaletas en Porce.

El doctor Fernando Gómez Martinez escribió: “La catedral me dio, de niño, la primera noción de lo grandioso y lo magnífico”. Para mí, como puebleño de Sopetrán, el ferrocarril me descrestó siempre. Tanto el nuestro, hasta Puerto Berrío, como el Talgo o el Ave entre Madrid y Sevilla.

ÑAPA. Un delincuente atraca con arma de fuego a un ciudadano que resulta ser un miembro de la Fuerza Pública, en descanso y sin uniforme. El Policía de civil se defiende y el forajido termina sin vida. Un alto funcionario de la Alcaldía advierte a los delincuentes que se cuiden, porque atracando pueden encontrar la muerte, pues el Estado está defendiendo a los ciudadanos, como es su deber. Las redes de internet se conmueven con el “pobre atracador” muerto y le piden la renuncia al funcionario. ¿No estaremos tergiversando los valores de nuestra sociedad? ¿Si el policía hubiera muerto cumpliendo con su deber, hubiera sido igual el escándalo? ¡No renunciés Manuel!.