Columnistas

Rigor

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02 de julio de 2016

La Feria de Diseño que se realizó en la ciudad la semana pasada, estaba acompañada de un encuentro académico, un evento de esta índole debería generar preguntas útiles y reflexiones sobre la práctica profesional de esa disciplina, en cambio, creo que debido a la ausencia de un eje conceptual claro, la Feria confunde, aunque difunda y estimule el intercambio comercial.

No es mi interés realizar un juicio sobre la calidad de las propuestas o determinar su validez y pertinencia, pero sí creo que vale la pena que quienes deciden asumir el liderazgo y la visibilidad de una profesión lo hagan con el rigor y la exigencia que ello amerita, para superar así el simple objetivo de la comercialización de un espacio o el generar una experiencia de mercadeo. A la pasión, esfuerzo y entusiasmo de los organizadores hay que sumarles rigor, orden y sobre todo claridad, ya que parece que hay más información que formación.

Si la feria y sus organizadores definiesen un contexto claro, quizás podríamos entender el significado conceptual e ideológico del término diseño. Sin este marco de referencia, resulta difícil definir el criterio de selección y curaduría de la oferta, el porqué de algunas marcas; la diferencia entre lo exhibido con lo que vemos en el pulguero o en la zona rosa, la ausencia del resto del país, de las publicaciones, del diseño de modas, el gráfico o el de joyas. Pareciese, según la oferta, que las manualidades, la decoración y las artes aplicadas son diseño, y si así es, cómo diferenciarlas o establecer un diálogo entre todos. Con pocas excepciones el diseño entendido como tal, brillaba por su ausencia. Pregunto: ¿es loable y ético exhibir comercializadores de imitaciones de productos de diseñadores en una feria que se supone debería enaltecer la creatividad y la originalidad? Si Pinterest reemplaza hoy los procesos creativos y acabó con la búsqueda de diferenciación y originalidad, no sería útil debatir la pertinencia de la pantalla del PC como contexto e interfase del proceso de diseño, porque queda claro que en los procesos de construcción de los proyectos (si así se pueden llamar), el contexto se ignora y es el referente que se imita, el eje conceptual del ejercicio.

El redescubrimiento de los oficios hace que exista un renovado interés (que se agradece) por la carpintería, la ebanistería o la alfarería, estos neo artesanos urbanos ignoran o desconocen en la mayoría de los casos la tradición sobre la que fundan su destreza y establecen poca o ninguna conexión con lo local. La historia, nuestra historia, es la gran ignorada en este encuentro.

Obviamente Medellin no es Milán, aunque se hagan esfuerzos por tratar de parecerlo, mucho va de esta semana del diseño a la otra; se agradecen el esfuerzo, la pasión y el entusiasmo, se extrañan rigor, curaduría y orden en un evento que debe ajustar su visión si de verdad desea hablar de economía creativa y diseño y no de decoración y manualidades.