Tiempo
Quisiéramos detenerlo para hacer más, para lograr que los años fuesen más pausados, para no andar siempre a punto de desfallecer porque no alcanza para cumplir citas y rituales, en “Alicia en el país de las maravillas” el conejo va veloz porque llegará tarde y el personaje Tiempo hace que sean las seis de la tarde eternamente y condena por siempre al Sombrerero y a la Liebre de marzo a tomar el té a esa hora, la hiperconectividad contemporánea impide que perdamos cualquier segundo, dicen que el verdadero lujo es el tiempo, pero este resulta insuficiente para ver a los amigos, estar con la familia, responder y clasificar los correos que inundan los buzones, atender las llamadas, oír y responder los grupos de whatsapp de excompañeros, compañeros, familiares, colegas, amigos y de tanta gente sin oficio; a veces apenas alcanza para dar una vuelta por YouTube o para echar un vistazo a las redes sociales que algunos consultan sin cesar; saltando matones y esquivando situaciones tratamos de hacerlo rendir, cada cual a su manera.
En nuestro país, el tiempo parece ser un artículo despreciable como otros tantos, a pocos importa el tiempo del otro, hacer esperar parece ser la consigna a través de la cual muchos demuestran su aparente importancia y lo poco que valoran y dan trascendencia al otro, hay días que se van esperando a que otro nos reciba dentro de los tiempos previamente establecidos, concertamos una cita, no para esperar, sino para ser oídos a la hora fijada. Algunas instituciones e individuos y particularmente el Estado y los bancos, son campeones de la espera, decía esta semana una noticia en El Tiempo que “por las diligencias que se hacen en las sucursales físicas de los bancos, una persona pierde unas 52 horas al año”, más de una semana laboral se nos va haciendo fila o esperando a ser atendidos en el lugar donde pagamos para que manejen nuestros bienes, hay que anotar que muchas de esas diligencias pueden hacerse de manera virtual, y si se hacen de esa forma, “... podría realizar al menos cuarenta transacciones al mes de más de un minuto cada una, lo que le permite ahorrar 200 minutos de vida, es decir, tres horas y veinte minutos al mes, tiempo que puede dedicar a otras actividades productivas o al descanso en familia”, agrega la noticia que perdemos tiempo en las sucursales físicas en parte debido a los niveles de bancarización y a que el uso de efectivo es muy alto.
El exceso de normas del Estado también nos hace perder tiempo, entre 2000 y 2016 se expidieron diariamente 17,6 resoluciones, 4,4 decretos y 0,6 circulares y acuerdos, según el Departamento Nacional de Planeación; aquí hay que hacer fila para casi todo, sucede de manera similar en las grandes superficies, pagar parece ser un acto de ruego, desaniman las largas filas y la fila única, los innumerables puntos de pago casi siempre vacíos; las oficinas del Estado con una sola taquilla habilitada para atender ciudadanos que pagamos cumplidamente obligaciones, las interminables filas para abrir un bolso, tantear un cuerpo o abrir baúles de vehículos, ni qué decir de nuestras vías que son una línea eterna que nos lleva y regresa a casa en una cola interminable, que parece una cinta de moebius.
Tratamos de robarle tiempo al tiempo, este no da tregua ... pero hay que hallar algún instante luminoso que nos permita soñar.