Un cántico para Navidad
Fue en 1584, en Granada. No se sabe exactamente el día, pero pudo ser en diciembre. El invierno andaluz es delgado y sutil e incita a las aventuras del espíritu. No así el verano en el que decía con gracejo Santa Teresa que el diablo tenía más poder para tentar. De todas maneras, cualquiera que hubiere sido la fecha, no está mal que al acercarse el fin del año, cuando nos penetra ese aire de fugacidad que deja el tiempo como un incienso quemado, hagamos referencia al Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz, cuya fiesta litúrgica se celebra mañana.
Una noche cualquiera, pues, de ese año de 1584, un fraile carmelita español de 42 años, recluido en su celda del convento de Granada, tomó la pluma y encabezó así su manuscrito: “Declaración de las Canciones que tratan del alma y el Esposo Cristo, en la cual se tocan y declaran algunos puntos y efectos de oración...”.
Lo que se proponía el santo carmelita era comentar e interpretar un poema suyo, cuyas primeras 31 estrofas había escrito en 1578, en Toledo, recluido en una cárcel conventual, y las restantes ocho en Granada.
Eran 39 estrofas, llamadas liras (cinco versos donde el primero, tercero y cuarto son heptasílabos y el segundo y quinto endecasílabos), que habían estallado como un grito en la noche toledana: “¿Adónde te escondiste,/ Amado, y me dejaste con gemido?/ Como el ciervo huiste,/ habiéndome herido;/ Salí tras ti clamando y eras ido”.
Son versos intensos, en los que el poeta canta, en una larga alegoría, la relación entre el alma y Dios, en la que se cruzan los símbolos y las metáforas. Es un poema amoroso, al estilo pastoril, pero que desborda las languideces arcádicas por el trasfondo místico en el que se mueve.
No es posible saber lo que es el Cántico Espiritual si no es leyéndolo en su frescura y originalidad. Por eso invito al lector a leer en Navidad las obras del místico español, que es cada vez más actual e inquietante. Porque actual e inquietante es siempre el misterio. Y es grato descubrir que esta lucha muerte a muerte (o vida a vida) con el Absoluto, que tal es la condición humana, es una lucha de amor. Y al otro lado del tiempo, la eternidad es un lecho de amantes