Pinturas de Chiribiquete revelan que humanos y animales extintos convivieron en la Amazonía colombiana
Un análisis científico del arte rupestre en Chiribiquete y La Lindosa indica que los primeros humanos que habitaron el territorio colombiano convivieron con animales hoy extinto.
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Durante años, las pinturas rupestres de la Amazonía colombiana han sido interpretadas desde el asombro y la especulación. No son pocas las personas que ven en esos pictogramas supuestas pruebas de extraterrestres o civilizaciones imposibles. La ciencia, sin embargo, ofrece una explicación distinta y más sólida: las imágenes de Chiribiquete y La Lindosa muestran que los primeros humanos que habitaron Colombia convivieron con animales hoy extintos.
Esa es la conclusión a la que han llegado el investigador Carlos A. Lasso, del Instituto Humboldt, y el arqueólogo Carlos Castaño-Uribe, a partir del análisis del arte rupestre. Su trabajo se basa en una lectura que conecta arqueología, biología, ecología y cosmovisión indígena.
Durante mucho tiempo, este tipo de investigaciones fue objeto de críticas. Para Lasso, el problema estaba en fragmentar el conocimiento. “Tradicionalmente se ha separado la arqueología del arte rupestre de la biología y la ecología, cuando es todo lo contrario”, explica en un video divulgado por el Humboldt.
Las pinturas rupestres se dividen en petroglifos (grabados sobre roca) y pictogramas, (hechos con pigmentos negros o rojos). En Chiribiquete y La Lindosa predominan los pictogramas rojos, elaborados con hematita, un material inorgánico que impide la datación directa por carbono 14.
Aun así, los científicos lograron estimar su antigüedad mediante el análisis de columnas estratigráficas, esto es fragmentos de roca pintada que cayeron al suelo y quedaron cubiertos, con el paso de miles de años, por restos orgánicos como carbón de fogones.
Al fechar esos materiales superpuestos, los investigadores concluyeron que algunas de estas pinturas pueden tener hasta 20.000 años de antigüedad, lo que las ubica en un periodo en el que la megafauna aún habitaba la Amazonía.
El contenido de las imágenes refuerza esa lectura. A diferencia del arte rupestre del altiplano cundiboyacense, más geométrico y abstracto, el arte amazónico es marcadamente figurativo.
En Chiribiquete aparecen representaciones detalladas de animales y plantas. Lasso explica que estas imágenes funcionan como una escritura ancestral. No son dibujos aislados sino relatos ordenados que narran la vida cotidiana de los pueblos paleoindígenas.
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Ese enfoque permitió identificar animales que hoy no existen. En los murales aparecen mastodontes, gonfoterios y paleollamas, grandes herbívoros que convivieron con los humanos durante el Cuaternario. Algunas escenas incluso muestran enfrentamientos directos entre paleoindígenas y estos animales, evidencia visual que respalda la convivencia.
La ausencia de fósiles en Chiribiquete y La Lindosa no contradice esta interpretación. Los suelos ácidos de la Amazonía impiden la fosilización, por lo que el arte rupestre se convierte en una de las principales fuentes para reconstruir cómo era la biodiversidad del pasado. Desde esta perspectiva, las pinturas no hablan de seres de otros planetas, sino de un mundo desaparecido en el que humanos y megafauna compartieron territorio.
Para los investigadores, el reto ahora es proteger estos sitios. La guaquería ha afectado más del 90 % de las cuevas con vestigios arqueológicos en Colombia. Por eso, Lasso y Castaño-Uribe preparan una publicación que reunirá los resultados de estas investigaciones y que busca preservar una historia que, según ellos, sigue escrita en la roca.