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¿En realidad la IA podría matarnos antes de 2030? La advertencia del extrabajador de Anthropic que generó debate

Más de 115 millones de visualizaciones generaron los trinos (7 en total) que hizo el extrabajador de Anthropic y Open AI, Jacob Coxon. En sus declaraciones acusó a los dos laboratorios de “jugar con nuestras vidas”. En sus mensajes, Coxon anunció que renunciaba a Anthropic.

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Periodista de la Universidad de Antioquia, especialista en periodismo digital en la UPB con 32 años de experiencia. Locutora y programadora de RCN Radio, reportera en Hora 13 Noticias y periodista en EL COLOMBIANO desde su página web hasta la sección de Tendencias de la que actualmente soy editora.

hace 2 horas

La escena parece salida de la película Terminator: unas máquinas superan a sus creadores y se vuelven contra ellos. Pero esta vez no hay cyborgs de metal ni un Skynet que despierta. Hay un investigador de inteligencia artificial de 27 años, el británico Jacob Coxon, que esta semana renunció a la industria y publicó en su cuenta de X (@hilbertspaess) una advertencia que le dio la vuelta al mundo: “La IA podría matarnos a todos antes de que termine la década”.

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Coxon había dejado OpenAI para trabajar en Anthropic, al considerarla más prudente, y ahora se iba de las dos. En el camino acusó a ambos laboratorios estadounidenses de “jugar con nuestras vidas”. El impacto en redes no se hizo esperar: sus siete trinos sumaron más de 115 millones de visualizaciones, y muchos leyeron sus palabras como un presagio literal de la extinción humana. La advertencia desató paranoia, teorías apocalípticas y debates encendidos. Mientras unos tildaban a Coxon de alarmista y catastrofista, otros veían en su renuncia la confirmación de los peores temores sobre la falta de límites y de ética en la carrera de las grandes empresas de inteligencia artificial.

¿Qué más dijo Coxon?

En su exposición, Coxon precisó que llevaba tres años investigando sobre preentrenamiento, tanto en OpenAI como en Anthropic, y que “ninguna de las dos empresas está actuando de manera responsable. Se dirigen a toda velocidad hacia una superinteligencia capaz de automejorarse, poniendo en juego nuestras vidas”.

Añadió que “pronto estaremos ante sistemas sobrehumanos capaces de hackear cualquier cosa, revolucionar cualquier campo de la noche a la mañana y adquirir poder y recursos reales. Todos hemos sido testigos de los avances en cada una de estas áreas, y dicho progreso no se detiene”. Y ahí entró con la frase que escandalizó a todos: la de que la IA, en 10 años, nos puede “matar”.

Para José Betancur, director de Imaginar Futuros de Eafit, “lo que se presenta hoy con esos comentarios de Coxon es que en verdad estamos frente a algo que no se puede detener por parte de un solo laboratorio. Estamos en un punto donde frenar es ceder terreno. Frente al tema de si nos van a matar, es una exageración”.

Pero Coxon insistió en sus reflexiones y agregó que muchos ejecutivos e investigadores de alto nivel suavizan sus declaraciones ante la prensa para parecer sensatos, “pero en privado expresan el mismo temor. Ninguna otra actividad humana conlleva tal nivel de peligro”. Al detallar lo que hace cada compañía, sostuvo que en OpenAI “muchos no han interiorizado plenamente lo que está en juego para la civilización”, mientras que en Anthropic “comprenden bien la magnitud del riesgo, pero están inmersos en una carrera por llegar primero: creen que nadie más actuará con responsabilidad, por lo que deben hacerlo ellos mismos, a pesar del riesgo”.

¿Qué respondió Anthropic?

Tras el boom de los trinos de Coxon hubo varias respuestas, de sus excompañeros y de la propia compañía. Evan Hubinger (@EvanHub en X), responsable de Ciencia de Alineación de Anthropic, le dio la razón en cuanto a que la IA podría matarnos en una década: “Jacob tiene razón aquí –realmente creemos con sinceridad que la IA podría matar a todos los humanos. Personalmente, pienso que es más de 10% dentro de la próxima década. Creo que Anthropic está haciendo lo mejor que puede, pero aún no tenemos un plan para resolver el alineamiento para la superinteligencia y no estamos claramente en camino de lograrlo”.

En otro trino matizó: “Para que quede claro, tal como señalamos en nuestro último Informe de Riesgos, considero que el riesgo que plantean los modelos actuales es bajo. Lo que me preocupa es la aparición de una superinteligencia derivada de la automejora recursiva, un proceso que, como hemos comentado, está ocurriendo más rápido de lo que anticipábamos”.

El informe que menciona Hubinger es uno que la compañía publica cada tres a seis meses. “Como parte de nuestra Política de Escalado Responsable, publicamos informes de riesgos periódicos. En ellos compartimos información detallada sobre los riesgos asociados a nuestros sistemas y nuestro nivel de preparación para afrontarlos”, escribieron desde Anthropic en respuesta a Coxon.

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Ese documento, el más reciente, es de agosto de 2026, tiene 186 páginas y evalúa áreas críticas como la desalineación de modelos en entornos de alta responsabilidad, la automatización de la investigación en IA y la posible creación de armas químicas o biológicas. Anthropic concluye que el nivel de riesgo actual es bajo, por la limitada capacidad de los modelos para ocultar conductas maliciosas y por protocolos como el monitoreo constante y las evaluaciones de alineación. Aun así, reconoce una incertidumbre creciente por incidentes recientes y fallos de seguridad. La idea de que la IA vaya a “matarnos” en 10 años, eso sí, no aparece en el informe. Todo esto ocurre, además, mientras Anthropic prepara su salida a bolsa.

¿Y si la clave es la coordinación entre las compañías de IA?

En las declaraciones de Coxon no todo fue sombrío. Se mostró esperanzado en un punto: la coordinación, o autorregulación conjunta entre los protagonistas. “Soy optimista respecto al potencial de coordinación. Las señales de alerta, como el ataque sufrido por Hugging Face, han hecho más viables los acuerdos de ritmo entre los laboratorios estadounidenses”.

El episodio al que alude ocurrió a finales de julio: según diversos reportes, unos modelos de OpenAI se descontrolaron y “hackearon” la plataforma Hugging Face, y accedieron a otros servicios con credenciales expuestas públicamente en internet. El incidente alimentó el temor de que los gigantes de la IA no sean capaces de mantener su propia tecnología bajo control.

A finales de julio, más de 1.000 empleados de la industria –incluido el director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei– le pidieron a Washington preparar un mecanismo de frenado. Y el pasado fin de semana, el jefe científico de OpenAI, Jakub Pachocki, escribió que “el momento actual llama por extrema precaución” y coordinación internacional. En la misma línea, Volker Türk, Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, anunció esta semana que escribirá a las empresas del sector “para exigirles que emprendan medidas (...) para reducir los riesgos desde ya”.

Pero de todo esto se habla mucho y se hace poco. El propio Coxon reconoció que no cree que estemos en camino de evitar una carrera global, “algo que podría exigir medidas drásticas como una prohibición temporal de mejorar las capacidades de los modelos”, y lanzó un mensaje a otros investigadores como él: “Si eres investigador en un laboratorio, te insto a reflexionar sobre cómo serán realmente los próximos años. ¿Quieres iniciar un proceso de aprendizaje por refuerzo (RL) que conduzca a una superinteligencia sin comprender a fondo su funcionamiento interno? ¿Deberías limitarte a seguir trabajando porque “va a suceder de todos modos”, o aprovechar este momento para exigir condiciones diferentes?”.

Dario Amodei, CEO de Anthropic, no se había pronunciado sobre la polémica. Betancur, en cambio, devolvió la discusión a la tierra: la medición que hizo Stanford este año muestra que lo que está cayendo son los empleos. “El riesgo real y verificable hoy no es la extinción de la vida, es el mercado laboral (...) y lo confirmo en mis conversaciones informales con líderes de tecnologías de la información”.

El costo psicológico de trabajar en los laboratorios de inteligencia artificial –OpenAI, Anthropic o DeepMind– y en la comunidad de seguridad en IA está documentado en estudios académicos e investigaciones internas. Se han identificado casos de psicosis, angustia por el riesgo existencial y la llamada ansiedad por Apocalipsis: un miedo profundo y constante a la destrucción del mundo.

En foros como el Effective Altruism Forum, encuestas a desarrolladores e investigadores de seguridad en IA mostraron que más del 54% sufre ansiedad o preocupación constante y el 59% padece burnout por el aislamiento y por la presión de sentir que “cada hora de descanso es una hora más cerca del desastre”. Un 45% ha considerado renunciar o reducir sus horas. Y aunque Coxon no dijo si estaba agotado, sus reflexiones son los únicos trinos de una cuenta que apenas abrió en enero de este año.

Al final, la escena que imaginó James Cameron en 1984 –máquinas conscientes marchando sobre las ruinas de las ciudades– sigue siendo ciencia ficción. Lo que inquieta a Coxon y a quienes piensan como él es algo menos cinematográfico y más difícil de filmar: sistemas que aprenden a mejorarse a sí mismos más rápido de lo que sus creadores alcanzan a entenderlos, hasta escapar de su control. No un enemigo con rostro, sino un proceso sin freno.

Y mientras el mundo discute si la máquina nos matará antes de que termine la década, el daño que ya puede medirse –insiste Betancur– no está en la pantalla, sino en el empleo. En Terminator, un personaje repetía que el futuro no está escrito, que no hay más destino que el que construimos nosotros mismos. Fuera de la pantalla, esa sigue siendo, por ahora, la única certeza.

Bloque de preguntas y respuestas

¿Quién es Jacob Coxon y por qué es noticia?
Es un investigador de IA de 27 años que renunció a OpenAI y Anthropic tras advertir que la tecnología podría extinguir a la humanidad antes de 2030.
¿Qué tan probable es que la IA extermine a los humanos según expertos?
Otro trabajador de Anthropic, Evan Hubinger, sitúa el riesgo en más del 10% dentro de la próxima década si aparece una superinteligencia sin alineación. Expertos consultados señalan que el peligro verificable hoy no es la extinción biológica, sino el desplazamiento masivo en el mercado laboral.
¿Por qué los investigadores de IA están sufriendo burnout?
El 59% padece agotamiento debido a la presión extrema de sentir que cada hora de descanso acerca al mundo a un posible desastre tecnológico.