Tecnología

¿Por qué millones de libros usados están “desapareciendo” y qué tienen que ver las empresas de IA?

Libreros de Europa y Estados Unidos detectaron un patrón poco común: compras masivas de libros usados que terminan siendo destruidos tras ser escaneados. Detrás de estas adquisiciones están empresas de inteligencia artificial, que buscan alimentar sus modelos con millones de páginas que no están en internet.

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Periodista de la Universidad de Antioquia. He trabajado como fact-checker en La Silla Vacía y ahora hago parte de la sección de Tendencias de El Colombiano.

hace 3 horas

Aunque cada vez es más común su uso en tareas cotidianas, hay aspectos de la inteligencia artificial (IA) que no dejan de parecer sacados de una novela o una película de ciencia ficción.

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Es lo que está ocurriendo actualmente con librerías de libros usados en Europa y Estados Unidos, donde las compañías dedicadas al desarrollo de esta tecnología han realizado, en los últimos meses, compras masivas de ejemplares destinados a entrenar sus modelos de IA.

Como reveló El País de España, algunos libreros de ese país han detectado compras sospechosas. Es el caso de Marçal Font, dueño de la librería Fénix, ubicada en el municipio de Badalona, a solo 20 minutos en tren de Barcelona.

“Me compraron cuatro libros por 35 euros, con unos gastos de envío de 67 euros. Un minuto después pedían otro libro con 20 euros más de gastos de envío. Y así. No tenía ningún sentido [...] Compran libros especializados, de escasa salida comercial y gran valor documental: estudios locales, publicaciones técnicas, gastronomía tradicional o ensayos que a menudo solo interesan a investigadores”, le dijo el librero al medio de comunicación.

Lo que hizo Font fue contactar al director de una empresa tecnológica y amigo suyo, Xavi Vinaixa, y ambos comenzaron a intercambiar mensajes con otros libreros europeos por medio de un foro en internet. Ahí se dieron cuenta de que se trataba de un asunto sistemático, que va más allá de España.

El modus operandi es más o menos similar: compran por medio de una plataforma canadiense dedicada a la adquisición y venta de libros usados, llamada ZoomBooks, y piden que los ejemplares que añadieron al carrito sean enviados a otros operadores logísticos intermediarios, como PrepFort, ubicada en Illinois, Estados Unidos. Esto permite que los vendedores no puedan detectar quién es realmente el cliente final.

La respuesta al “¿por qué?” llegó cuando el grupo de libreros encontró una investigación que The Washington Post publicó el 27 de enero de 2026. Allí, el medio estadounidense reveló los detalles del Proyecto Panamá, una iniciativa que los ejecutivos de Anthropic —la empresa creadora del chatbot Claude— comenzaron a impulsar a principios de 2024.

“El Proyecto Panamá es nuestro esfuerzo por escanear de forma destructiva todos los libros del mundo”, decía un documento al que tuvo acceso el periódico, en el que se especificaba el carácter confidencial de este plan.

Durante aproximadamente un año, la empresa gastó decenas de millones de dólares en adquirir millones de libros y cortarles los lomos para luego escanear sus páginas e incorporar esa información a los modelos de IA en los que están basados sus productos, como Claude.

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La información sobre este proyecto proviene de más de 4.000 documentos que salieron a la luz en medio de un proceso legal que enfrentó Anthropic, fundada por exmiembros de OpenAI, en el que varios escritores disputaban sus derechos de autor.

Según The Washington Post, esas páginas revelan la “frenética y, a veces, clandestina carrera entre las principales empresas tecnológicas por adquirir las obras colectivas de la humanidad”.

Para estas compañías, los libros son considerados activos clave. Creían que, como aparece en uno de los documentos, estos podrían enseñarle a la IA a “escribir bien”, en vez de imitar el “lenguaje vulgar de internet”.

En primer lugar, para echar a andar su Proyecto Panamá, Anthropic contrató a Tom Turvey, uno de los expertos que estuvo detrás de la creación de Google Books, un proyecto que también fue polémico hace dos décadas porque digitalizó millones de libros sin pedir permiso previo a los autores o editores.

Al principio quisieron comprar los libros usados a The Strand, una famosa librería de Nueva York reconocida por asegurar que cuenta con un catálogo físico de 28 kilómetros de estanterías. También contemplaron acudir a bibliotecas públicas, como la Biblioteca Pública de Nueva York, o a cualquier otra institución “que sufre una financiación insuficiente crónica”.

Aunque no se sabe si esas propuestas se concretaron, lo que sí es un hecho es que Anthropic compró millones de libros. Tampoco se conoce cuántos fueron escaneados, pero los documentos indican que estaban “buscando un proveedor experimentado de servicios de escaneo de documentos para convertir de 500.000 a dos millones de libros en un período de seis meses”.

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Los documentos también revelan detalles del proceso para desarmarlos, escanearlos y luego destruirlos: una “máquina de corte hidráulico” cortaría los libros con precisión; después, sus páginas serían digitalizadas con escáneres de alta velocidad y calidad industrial. Finalmente, la empresa encargada del escaneo coordinaría con una compañía de reciclaje la recolección de los libros ya procesados.

Como le dijo Vinaixa a El País, lo paradójico es que un proyecto que busca millones de datos termine destruyendo su fuente primaria. Eso obedece, en parte, a que las empresas tecnológicas necesitan entrenar sus modelos con datos de mejor calidad cada vez.

“Los modelos más avanzados están mejorando gracias al aprendizaje por refuerzo (reinforcement learning). Antes la industria buscaba más volumen de datos y mayor computación, mientras que ahora apuesta por un entrenamiento especializado a partir de datos de calidad y problemas bien resueltos. Los datos siguen siendo importantes, pero la carrera se está desplazando hacia datos cada vez más cualificados”, le explicó al medio español Antonio Ortiz, analista y divulgador especializado en inteligencia artificial y tendencias tecnológicas.

Además de presuntamente no contar con la autorización de los autores para utilizar sus obras, esta modalidad de entrenamiento impide que los usuarios tengan acceso a aquellos libros que, por cualquier motivo, son difíciles de conseguir.

El propósito no es democratizar el conocimiento ni poner una biblioteca entera al alcance de la mano. El objetivo es procesar la información contenida en las páginas para reinterpretarla, incorporarla a los modelos de inteligencia artificial y, después, enviar los libros directamente a la basura.

Bloque de preguntas y respuestas

¿Por qué las empresas de inteligencia artificial están comprando millones de libros usados?
Las empresas de inteligencia artificial buscan utilizar esos libros para entrenar sus modelos con información de alta calidad. Según los documentos citados en la investigación, consideran que los libros pueden ayudar a que sus sistemas escriban mejor y produzcan respuestas más precisas que las obtenidas únicamente con contenidos de internet.
¿Qué ocurre con los libros usados después de que los compran las empresas de IA?
Los libros son desarmados para facilitar el escaneo de todas sus páginas y, una vez digitalizados, son destruidos y enviados a reciclaje. El objetivo no es conservar los ejemplares ni ponerlos a disposición del público, sino incorporar la información que contienen a los modelos de inteligencia artificial.
¿Por qué la compra masiva de libros usados por compañías de inteligencia artificial ha generado polémica?
La práctica ha despertado críticas porque, según la investigación citada, muchas de las obras habrían sido utilizadas sin autorización de sus autores. Además, los libros físicos desaparecen del mercado de segunda mano tras ser destruidos, lo que dificulta el acceso a ejemplares especializados o difíciles de conseguir para investigadores, lectores y coleccionistas.