Conozca al colombiano que decide cómo será su próximo celular
Se llama Rubén Castaño y es el responsable de diseñar el objeto que más tiempo pasa en nuestras manos: un smartphone. Su visión le dio a Motorola color, textura y exclusividad. Es bogotano, diseñador industrial, hijo de una italiana y un colombiano.
Periodista de la Universidad de Antioquia, especialista en periodismo digital en la UPB con 32 años de experiencia. Locutora y programadora de RCN Radio, reportera en Hora 13 Noticias y periodista en EL COLOMBIANO desde su página web hasta la sección de Tendencias de la que actualmente soy editora.
Para el diseñador colombiano Rubén Castaño es imposible concebir el diseño sin emoción. Son dos componentes que, sí o sí, deben ir de la mano, “es el lenguaje universal para mí y algo que debe estar balanceado”.
Con esa filosofía comenzó diseñando electrodomésticos en Philips, en Italia, en sus prácticas como estudiante para luego quedarse un par de años más y ya, desde 2005, hacer parte de Motorola y generar una revolución en el mercado celular. El colombiano Rubén Castaño es vicepresidente de Diseño, Marca y Experiencia del Cliente de Motorola en el mundol.
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Por sus manos pasa la decisión de formas, colores, texturas y funcionalidad que tienen los celulares que usted está usando y aunque asegura que esto es un trabajo en equipo –maneja cerca de 250 personas– y partnership su visión como diseñador es pieza fundamental para la marca que hoy hace que no sean necesarias las carcasas porque el celular por detrás es un gusto al tacto y está hecho de materiales resistentes y los colores son vivos, son tendencia, hay que mostrarlos y hacen parte de la personalidad de cada usuario.
Con Rubén conversamos en Los Ángeles, en el lanzamiento de la séptima generación de plegables de Motorola: el razr 70 ultra y el razr 70. Pero antes de contar su historia en la meca del diseño de celulares en el mundo hay que devolverse en el tiempo.
Rubén Castaño y su historia como diseñador
Rubén Castaño nació en Bogotá, hijo de una italiana que emigró al país después de la Segunda Guerra Mundial: “Conoció a mi padre, que es paisa, de Santuario (antes Caldas, hoy Risaralda)”.
Lo del diseño no fue algo que supiera desde niño, ni el dibujo algo con lo que escapara del mundo en su niñez, todo fue una suma de particularidades: “Gracias a mi mamá, durante mis niñez, tuve la oportunidad de viajar a Italia, ya que iba a visitar a nuestra abuela, a sus parientes y de ahí tuve la oportunidad de ir a museos, a sitios históricos, el solo caminar por lugares así con tanta historia y arte generó, creo que sin darme cuenta, mucha influencia creciendo en mi vida”.
Al regresar a esa época infantil Rubén recuerda que ante todo le gustaba la creatividad, “me gustaba el arte, me gustaba dibujar, me gustaba hacer cosas sin entender como estaban hechas, todo estaba relacionado”, detalla.
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Confiesa también que desde niño le gustaba la tecnología, “me gustaba la exploración del espacio, la ciencia ficción, cintas como las de Star Wars, pero sobre todo lo que estaba pasando en la vida real en cuanto a los viajes al espacio”. Cuando llegó la hora de escoger qué estudiar su padre quería que fuera odontólogo, “porque le parecía una carrera bonita”, cuenta entre risas, pero Rubén estudió Diseño Industrial en la Universidad Javeriana, en Bogotá. Después de un par de años tuvo la oportunidad de hacer una práctica en Italia para Philips, “y luego de 6 meses que se suponía me regresaría a Colombia, en Philips me ofrecieron quedarme para seguir trabajando, me quedé y terminé mis estudios en Milán, en Italia”, cuenta.
En Philips se quedó 10 años diseñando productos blancos: electrodomésticos, productos de higiene personal y más. “Gran parte de mi trabajo era hacer electrodomésticos para cocinas y espacios pequeños, en donde tenía que coexistir la parte funcional con la parte estética en lugares pequeños”. Eso, más adelante, le ayudaría en el mundo de los celulares.
La carrera de Rubén Castaño en Motorola
A Motorola llegó en 2005 como manager de uno de los equipos de diseño que tenía la marca en esa época en Chicago, Estados Unidos.
Debía hacer la transición y dejar de pensar en electrodomésticos para pensar en celulares. “Cuando yo llegué acababan de lanzar el razr, hacía seis meses mas o menos. Motorola estaba en el top a nivel de marca, a nivel aspiracional, de innovación, en tecnología. En ese momento lo tenía absolutamente todo, así que yo quería aprender mucho y bastante rápido porque yo venía de hacer neveras, lavadoras de platos, lavadoras de ropa. La escala del producto, el impacto que tiene el producto del consumidor era completamente diferente. Era entrar ahora en este mundo del diseño de emoción, tecnología, y aprender bastante rápido. Solo miremos de 2005 a 2026, lo que se ha movido de rápido el campo de la tecnología”.
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Su primer proyecto en Motorola fue un celular derivado del razr original que era bastante delgado, mucho más fino, menos ancho “que salió con unos colores muy interesantes, y de ahí saqué un poco de inspiración de lo que yo estaba haciendo en Europa porque hacer electrodomésticos para espacios pequeños me hizo pensar que este celular podía ser mucho más pequeño, más compacto. Y no era que no me gustaba el original, pero quería cambiar las proporciones. Y ese fue mi primer producto con Motorola y desde ahí ha sido una carrera bien interesante”.
Tan interesante que ahora Rubén Castaño tiene un nombre muy relevante en la industria de celulares en el mundo. Va más allá de diseñar un celular, de definir colores y texturas, es anticiparse a las tendencias del mercado, es conocer al usuario, es emocionarse con la innovación y entender que como ahora un celular es uno de los elementos más cotidianos de los seres humanos debe dejar de ser aburrido, monocromático, pesado o básico. “Todos los celulares se parecían -parecen- unos a otros y hoy por hoy el dispositivo móvil es el objeto de tecnología más personal que todos llevan consigo a cualquier lugar y por eso necesita tener más personalidad, más elementos de expresión personal”.
Una carrera en expansión la del diseñador colombiano
Motorola le ha permitido a Rubén crecer como profesional y moverse por el mundo. El lo ha aprovechado para seguir empapándose de lo que cada calle, idioma y espacio puede ofrecerle para su trabajo, para su creatividad.
“Mi base fue Chicago cuando llegué, pero en 2008 me ofrecieron la posibilidad de irme para Beijing y dirigir el equipo de diseño que teníamos en China en ese momento. Lo hice, estuve en China casi 4, 5 años. Después volví a Chicago y luego de unos años me fui para a Brasil, para comenzar lo que hoy en día es un grupo de más de 30 personas, pero en esa poca no teníamos nada. Fui a crear el primer grupo de diseño en Brasil. Años después me devolví y ya me dieron el cargo global y aquí estoy”, cuenta Rubén.
Quienes están a su alrededor cuentan que es un hombre muy sencillo, una mente brillante que no hace mucho alarde de sus logros. Y se nota -al hablar con él- que no quiere llevarse el protagonismo, por el contrario, podrá ser la cabeza del diseño en Motorola, pero insiste que su trabajo es de equipo y no fuera así no habría buenos resultados.
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Hoy Rubén maneja un equipo de 250 personas, “es un equipo global que se expande entre China, Brasil y Estados Unidos. Se encarga del diseño físico, pero también del diseño digital, de la interfaz de nuestros celulares, eso también es parte de mi equipo. Tenemos otro que hace investigación de mercado, con el consumidor y uno más que se dedica solo a la prototipación -la manera más rápida y más efectiva para poner cosas en las manos de los diseñadores, de nuestros clientes, de los otros ejecutivos de la empresa para tomar las decisiones correctas-. Y después está todo el otro equipo que se encarga de la marca. Hace más o menos 14 meses me asignaron manejar la marca Motorola, para dónde estamos yendo, cómo estamos representando otra vez el diseño, pero también a través de nuestras campañas, de nuestras presencias en el punto de venta físico, digital, en línea y como estamos representando la marca para nuestros consumidores”.
Así como suena podrá verse en que le añadieron más trabajo, pero para Rubén tiene todo el sentido ya que ese mensaje “que estamos creando desde el inicio del producto tiene que llegar de la manera más intacta posible al consumidor y ahora todo fluye mucho más fácil”.
Entonces por ejemplo la decisión de que los nuevos razr 70 ultra de Motorola estén disponibles en un intenso azul Pantone® Orient Blue, con una textura de Alcantara® finamente grabado en relieve o en el color Pantone Cocoa, con un acabado de chapa de madera natural ha pasado por varias manos, pero dice Rubén que en general, como todo su equipo está alineado al final todos sienten que esa era la decisión correcta, “ya después habrá otras discusiones que pueden ser técnicas, de presupuesto, de otros factores, pero en cuando a diseño si todos sabemos que cuando vimos algo era la solución correcta, después se encuentra la forma de cómo llevarlo al mercado. Y sobre todo, en ese proceso de decisión debe haber bastante emoción. Sin duda hay factores racionales que hay que tener en cuenta, pero si dejamos que esos tomen la precedencia, terminamos con un producto diseñado por un comité en donde todos están contentos, pero no tiene valor agregado. Por eso primero hay que buscar la solución correcta que genere emoción y después resolver todos los otros problemas del proceso”.
Las alianzas de Motorola
Lo que ha hecho Rubén es rodearse de “los que más saben”, es decir, ha creado alianzas estratégicas en favor de sus celulares a la hora de crear el dispositivo que llegará a las manos de los consumidores. Entonces “una vez que nos dimos cuenta que el color es uno de los factores más importantes con el que los consumidores comienzan a acercarse a la marca y al producto, empezamos a entender que ese proceso debía estar al inicio y de ahí también nos preguntamos: ‘quienes son los expertos a nivel mundial en color’, y la respuesta fue muy clara, Pantone. Entonces creamos una alianza estratégica con ellos, exclusiva, porque no trabajan con ningún otro desarrollador de equipos móviles (...) El color es un factor emocional y Pantone entiende eso perfectamente”.
Además de Pantone, Motorola tienen alianzas con Bose (para un mejor sonido); con Corning, especializados en vidrio, cerámica y física óptica (para sus pantallas), con Dolby (en varias de sus ramas investigativas de audio y video) y con Swarovski (con cristales que hacen parte del diseño).
“Para eso debemos compartir valores, tenemos que creer en las mismas cosas. Si no hay ese fundamento entre las dos marcas no hay colaboración. De ahí también es importante que nos reten, ellos son expertos en sus respectivos campos y la idea no es integrar ambas tecnologías sino crear algo nuevo y ahí nos sentamos juntos en la mesa”.
Rubén ha logrado -con sus equipos- coordinar a todos estos parnership y hacer que remen para el mismo lado.
Consejos sobre creatividad e inspiración de un experto
Rubén tiene un celular Motorola Edge 70 en un tono Gadget Grey, que en la parte de atrás tiene una textura de tela de lino o tejido textil. Lo usa sin carcasa para lucir la parte trasera y sin protección adicional adelante porque confía en la durabilidad de la pantalla.
“Me encanta porque es el producto más delgado y más liviano de Motorola y está entre los más delgados del mercado, tiene un sistema de cámaras completas y una batería que dura más de un día. Tiene la pantalla correcta”, para ser diseñador es también un gran vendedor porque me cuenta además las cualidades del teléfono con relación a las buenas cámaras que posee.
En medio de la conversación la palabra “creatividad” y “crear” aparece más de una vez. Le pregunto si tiene alguna clave o consejo para esos bloqueos creativos que cualquiera puede tener.
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“Sí hay momentos en los que uno puede decir que tiene un bloqueo creativo pero la forma de salir de eso es seguirse haciendo preguntas. Parte del proceso de diseño –que es muy importante– es no solo imaginarse las cosas, sino también construirlas, tenerlas en la mano. En mi tiempo en Motorola he aprendido la importancia de la prototipación, el agarrar hasta un pedazo de espuma y rápidamente darle una forma, llegar a diferentes proporciones, al tamaño con el que uno esta pensando, eso desbloquea las ideas inmediatamente. Si te quedas solo en un espacio bidimensional o en tu cabeza, o en un dibujo a mano, o en el computador, nunca será la forma apropiada. Siempre hay que llevarlo a cómo se siente en la mano, cómo nos está haciendo sentir cuando lo tenemos al frente y ahí se sigue refinando el proceso”.
En cuanto al diseño más que un nombre que lo inspire hay periodos del diseño que encuentra fascinantes como el Bauhaus (1919 hasta 1933, una escuela revolucionaria que fusionó arte, artesanía y tecnología), “lo encuentro fascinante, todo lo que se hacía en esa época y ahí puedo mencionar a Dieter Rams, pero no es el único. En general sus fundamentos del diseño, de la funcionalidad, del balance con la emoción son cosas que todavía se aplican hoy en día y son el lenguaje universal para mí del diseño”.
Rubén es un hombre sencillo, muy tranquilo y quien no hace alarde de su cargo ni su conocimiento. Habla con mucha naturalidad de su trabajo, lo hace parecer fácil. Lleva más de veinte años diseñando el objeto más personal de las últimas décadas y todavía habla de los smartphones con la curiosidad de quien acaba de descubrirlos. Esa curiosidad eterna podría explicar por qué los celulares que salen de su equipo están conquistando a los usuarios en el mundo y generando emoción incluso antes de encenderlos.