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Pastor gringo ayuda en finca de Caldas a embarazadas en riesgo: conozca su historia

El proyecto incluye una casa de campo en Caldas y una nueva sede en Boston. Las mujeres cuentan con hospedaje, alimentación y formación en oficios.

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Periodista, Magíster en Estudios Literarios.

hace 2 horas

Desde 2019, en una casa campestre de Caldas, Antioquia, el programa Casa Ester les ofrece a embarazadas sin red de apoyo definida hospedaje, alimentación, asesoría psicológica y formación en oficios. El proyecto hace parte del trabajo social del pastor Brian Miller, un estadounidense que vive hace 23 años en Colombia y está empeñado en cambiar la imagen que tienen los “gringos” en Medellín, relacionada con el turismo sexual y el consumo de drogas.

Miller, que tiene estudios en liderazgo, trabaja con su familia y un equipo en programas dirigidos a población vulnerable. La Iglesia Transformación Global, con sede en Sabaneta, es la congregación que él lidera. Desde 2017, él y sus voluntarios entregan alimentos a los habitantes de calle del centro de Medellín. Y fue precisamente en una de esas jornadas, que una embarazada le dijo a Miller que le ayudara. Ese encuentro con el rostro de la necesidad lo llevó a pensar en juntar recursos para tener un sitio dedicado a las madres vulnerables.

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Casa Ester hace referencia al personaje bíblico que salvo al pueblo judío de una masacre planeada en la corte del rey persa Jerjes. Ella misma llegó a ser la reina de ese imperio, según el relato bíblico. Miller dice que el objetivo de su trabajo consiste en que las embarazadas que estén en su proyecto se conviertan en reinas al alcanzar la independencia económica y no se vean en la obligación de mendigar en las calles y los semáforos.

Emma Arias, coordinadora de Casa Ester, le dijo a EL COLOMBIANO que la edad no es un impedimento para que las mujeres reciba la ayuda. Según ella, el principal criterio de escogencia de las beneficiadas es que no reciban ayuda y estén en embarazo. También se evalúan sus condiciones particulares y su disposición para modificar su proyecto de vida. El programa no recibe habitantes de calle y analiza el consumo de sustancias psicoactivas para determinar si la situación permite una convivencia segura con las demás residentes. Emma dijo que sí reciben mujeres consumidoras, siempre que no presenten un nivel de abuso de sustancias que impida su participación en el programa.

Las mujeres llegan por diferentes vías. Algunas son remitidas por trabajadores sociales de hospitales o por organizaciones sociales; otras conocen el programa por recomendación de otras personas o por anuncios en las redes sociales. Además, el equipo de Miller sigue repartiendo comida en el centro, por lo que a veces encuentra candidatas para el programa.

Una vez ingresa, cada mujer recibe un plan de atención individual. El equipo cuenta con profesionales de psicología y trabajo social, además de acompañamiento espiritual y formadoras. “Entendemos que son mujeres adultas y que nosotros podemos soñar con un plan de atención de un año, pero la mujer nos dice: ‘No, yo realmente quiero parir y irme a trabajar de una’. Entonces hacemos un plan que sea para ellas”, dijo Emma.

Cada dos meses, el equipo revisa con las participantes los avances alcanzados y establece nuevos objetivos. El tiempo de permanencia no es igual para todas. Depende de la edad, las habilidades, el contexto familiar, los antecedentes de violencia y las necesidades de cada mujer. Algunas pueden avanzar en seis meses y otras requieren uno o dos años, según explicaron los responsables del programa.

Desde que comenzó esta modalidad de casa hogar, unas 180 mujeres han pasado por el programa. La fundación también mantiene contacto con algunas egresadas que viven de manera independiente, pero que todavía requieren acompañamiento en determinados momentos. Ahora la organización prepara una segunda modalidad de atención para mujeres que necesitan formación y acompañamiento, pero no necesariamente requieren vivir en una casa hogar. Según le dijeron a EL COLOMBIANO, la nueva casa estará en Boston y cuenta con talleres de habilidades para la vida, confección, repostería y acompañamiento psicológico y social.

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La intención es que las mujeres aprovechen el periodo de gestación para capacitarse y, después del nacimiento de sus hijos, se incorporen al mercado laboral cuando tengan condiciones para hacerlo. También se busca que puedan reconstruir vínculos familiares y contar con alternativas para el cuidado de sus hijos.

La nueva sede tiene capacidad para atender a mujeres bajo distintas modalidades. Algunas podrán vivir allí, mientras que otras asistirán únicamente a las capacitaciones. En uno de los talleres de confección, por ejemplo, se proyectan grupos de unas 10 personas durante ciclos de tres meses. También se realizarán actividades con grupos de alrededor de 20 mujeres en otros procesos formativos.

Miller dijo que no recibe recursos del Estado. Su funcionamiento depende de aportes privados, padrinos nacionales e internacionales, donaciones y el trabajo de voluntarios. El equipo de base está compuesto por alrededor de siete personas contratadas y cuenta además con personal que cubre turnos específicos, para un promedio de unas 10 personas vinculadas al trabajo. El programa en Caldas cuenta con 12 cupos en la casa y busca mantener ocupadas la mayoría de las plazas para aprovechar los recursos disponibles.

La organización también recibe mujeres de otras ciudades del país. Emma dijo que cuando una mujer llama desde Bogotá, Cali u otra ciudad se le entrevista virtualmente y, si cumple con el perfil, la fundación puede cubrir su transporte hasta Medellín. Los responsables de Casa Ester buscan ampliar su red de voluntarios y donantes. Entre las necesidades están los voluntarios para cuidado de niños, mantenimiento de la casa, capacitación y gestión de recursos. También reciben donaciones de artículos para bebés, entre ellos pañales, pañitos, cremas y coches.

Para Miller, uno de los objetivos del proceso es que las mujeres que reciben ayuda puedan posteriormente convertirse en apoyo para otras personas. La fundación denomina este enfoque Rescue and Rise—Rescatar y levantar— y busca que quienes pasan por sus programas alcancen autonomía y contribuyan para bien en sus entornos.

Bloque de preguntas y respuestas

¿Cómo puede una mujer embarazada acceder al programa Casa Ester en Antioquia?
Una mujer embarazada que no cuenta con una red de apoyo puede postularse a Casa Ester, un programa ubicado en Caldas, Antioquia, que ofrece alojamiento, alimentación, acompañamiento psicológico y formación en oficios. El equipo evalúa cada caso según las necesidades de la mujer, su situación de vulnerabilidad y su disposición para participar en el proceso. Las interesadas pueden llegar por remisiones de hospitales, organizaciones sociales, recomendaciones o redes sociales. El programa también recibe solicitudes de mujeres de otras ciudades y puede cubrir el transporte a Medellín si cumplen con el perfil establecido.
¿Cuánto tiempo puede permanecer una mujer embarazada en Casa Ester?
El tiempo de permanencia en Casa Ester depende de las necesidades y circunstancias de cada mujer. Algunas participantes pueden completar su proceso en seis meses, mientras que otras requieren uno o dos años, según factores como sus habilidades, contexto familiar, antecedentes de violencia y necesidades particulares. El equipo revisa los avances cada dos meses y ajusta el plan de atención de acuerdo con los objetivos de cada participante.
¿Cómo se puede ayudar a Casa Ester y qué donaciones recibe?
Casa Ester recibe aportes privados, donaciones, apoyo de padrinos nacionales e internacionales y trabajo voluntario. La organización necesita personas que colaboren en el cuidado de niños, el mantenimiento de las instalaciones, las capacitaciones y la gestión de recursos. También recibe artículos para bebés, como pañales, pañitos húmedos, cremas y coches.