¿Todo está en los genes? Estudio reveló su relación con la expectativa de vida
Tras separar las muertes por causas externas, un análisis de cohortes de gemelos sugiere que los factores hereditarios tienen un peso mucho mayor del que se estimaba en la duración de la vida humana.
Medir la influencia de la genética en la longevidad es un reto para los investigadores del envejecimiento, que buscan comprender hasta qué punto los factores hereditarios determinan cuánto vivimos.
La revista Science publica un estudio con datos obtenidos de cohortes de gemelos que revela que la genética tiene un papel más destacado en la longevidad humana de lo que se pensaba.
Cuando se controlan las muertes provocadas por factores externos, como accidentes o enfermedades infecciosas, los análisis de este trabajo muestran que la herencia genética podría explicar cerca del 50 % de la duración de la vida.
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Hasta ahora se habían identificado algunos genes asociados con la esperanza de vida, pero factores ambientales —como las enfermedades, la alimentación o las condiciones de vida— ejercen un gran impacto y a menudo dificultaban o confundían la interpretación de los efectos puramente genéticos.
Como explican los autores de esta investigación, este efecto ha condicionado durante décadas la interpretación de los datos. “En nuestro artículo mostramos que la mortalidad extrínseca —las muertes causadas por accidentes, violencia e infecciones— ha enmascarado la contribución genética a la longevidad”, declara a SINC Ben Shenhar, científico del Instituto Weizmann de Ciencias (Israel) que lidera el estudio.
Los trabajos clásicos sobre longevidad se basaban en poblaciones históricas con una carga muy elevada de muertes por causas externas. “Estudios previos incluían datos de personas nacidas en el siglo XIX, cuando la mortalidad extrínseca era diez veces mayor que en la actualidad”, explica Shenhar.
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En ese contexto, no era raro encontrar grandes diferencias en la edad de fallecimiento incluso entre hermanos gemelares. “Por eso, en los estudios históricos con gemelos se encuentran parejas en las que uno vive hasta los 100 años mientras el otro muere a los 30”, señala el científico.
“Esto sería muy poco común hoy en día, pero entonces el mundo era un lugar mucho más peligroso y, por desgracia, muchas personas morían antes de alcanzar la vejez”. Examinar esos datos sin tener en cuenta este contexto histórico llevaba a conclusiones engañosas: “Si se analizan estos datos de forma literal, parece de manera ingenua que la genética no es muy importante”, continúa.
Estas limitaciones metodológicas contribuyeron a generar estimaciones muy variables de la heredabilidad de la esperanza de vida humana, lo que alimentó el escepticismo sobre el papel de la genética en el envejecimiento.
Según Shenhar y su equipo, esta discrepancia puede dar lugar a confusión y elementos pasados por alto en investigaciones previas, en particular, sobre la elevada carga de mortalidad “extrínseca” —muertes debidas a causas externas— en las poblaciones históricas que sustentan estos estudios.
“Este trabajo tiene consecuencias importantes para la investigación del envejecimiento”, apuntan Daniela Bakula y Morten Scheibye-Knudsen, de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) en un artículo de perspectiva relacionada.
“Una contribución genética significativa refuerza la necesidad de llevar a cabo estudios a gran escala para identificar variantes genéticas asociadas a la longevidad, mejorar las puntuaciones de riesgo poligénico y relacionar las diferencias genéticas con vías biológicas específicas que regulan el envejecimiento”, sugieren.
Para superar este obstáculo, los investigadores distinguieron entre mortalidad extrínseca e intrínseca. “La mortalidad extrínseca hace que las personas mueran a edades tempranas por razones que no están relacionadas con el envejecimiento”, dice Shenhar. “Nos interesaba aislar la señal genética de la longevidad en un ambiente con una mortalidad extrínseca mínima”, afirma.
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En este escenario, añade, “las personas morirían únicamente por enfermedades relacionadas con la edad y por el deterioro biológico, y este es el proceso que nos interesa comprender: cuál es la base genética de la duración de la vida derivada exclusivamente del envejecimiento biológico”.
Para la investigación utilizaron modelos matemáticos, simulaciones de la mortalidad humana y múltiples conjuntos de datos de cohortes de gemelos a gran escala para diferenciar las fuentes intrínsecas y extrínsecas de muerte.
Según los hallazgos, la mortalidad extrínseca reduce sistemáticamente las estimaciones de la heredabilidad de la esperanza de vida. Una vez que las muertes por causas externas se tienen debidamente en cuenta, la contribución genética a la esperanza de vida humana aumenta de forma notable hasta aproximadamente el 55 % —más del doble de las estimaciones previas—, lo que sugiere que la genética es parte fundamental en el envejecimiento humano.