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La paisa que comparte los secretos de las plantas medicinales

Desde hace casi veinte años, Andrea Medina comenzó a investigar sobre plantas en los corregimientos y plazas de mercado de Medellín. Ahora tiene un laboratorio de botánica en Santa Marta y acaba de publicar su primer libro, El mensaje de las plantas.

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Periodista de la Universidad de Antioquia. He trabajado como fact-checker en La Silla Vacía y ahora hago parte de la sección de Tendencias de El Colombiano.

hace 2 horas

Clitoria ternatea, Nymphaea caerulea, Curcuma longa, Hibiscus sabdariffa, Theobroma cacao, Moringa oleifera, Bursera graveolens, también conocidas como Conchita azul, nenúfar azul, cúrcuma, flor de Jamaica, cacao, moringa y palo santo. Para Andrea Medina, ingeniera de profesión, jardinera y experta empírica en plantas, estas siete especies conforman su grupo de “siete maestras vegetales”: las conoce en todos sus ciclos y formas, las cultiva, las ha estudiado y también las ha trabajado en su laboratorio botánico.

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Por eso asegura que, gracias a sus propiedades –entre las que se cuentan efectos antidepresivos, antiestrés, antioxidantes, relajantes y analgésicos–, deberían estar presentes en cualquier jardín o cocina. Además, pueden consumirse de maneras sencillas, como en infusiones, o en preparaciones un poco más elaboradas, como aceites, postres o mermeladas.

Medina, nacida en Medellín, cuenta que su relación con las plantas comenzó a finales de 2009, cuando viajó desde su ciudad natal a Tailandia, donde vivió durante un año. La gran sorpresa que le dejó el país asiático fue descubrir cómo el conocimiento sobre las plantas hace parte de la vida cotidiana: “la gente conoce sus nombres, las consume frescas en muchas preparaciones y las usa de manera habitual”, recuerda Andrea, quien compara esa tradición con la colombiana que, aunque a pesar de ser una país que se distingue por su biodiversidad, pocas personas conozcen y utilicen las plantas que crecen a su alrededor.

A su regreso al país, la entonces estudiante de Ingeniería llegó con la intención de aprender más sobre ellas. Comenzó de forma autodidacta, explorando Medellín, donde hay más de 2.600 especies de plantas registradas. Luego se fue a vivir a Santa Elena, donde empezó a conocer las especies presentes en el campo antioqueño, sus funciones y sus usos, de la mano de libros y de campesinos. Años después creó Yerbatería, un laboratorio botánico en el que, tras estudiar las plantas, elaboraba productos que iban desde alimentos hasta artículos de cuidado personal. Hoy ese proyecto está en la Sierra Nevada de Santa Marta, donde Medina continúa una exploración que ya se acerca a las dos décadas.

En El mensaje de las plantas (Vergara, 2026), su nuevo libro publicado por el sello editorial Vergara, la paisa recoge los aprendizajes de estos años en una guía práctica para quienes quieran acercarse al mundo de las plantas medicinales, descubrir sus usos cotidianos y aprender a construir su propio laboratorio botánico en casa. EL COLOMBIANO habló con ella.

¿Cuáles libros o personas fueron claves para su aprendizaje sobre plantas?

“La primera persona experta en plantas medicinales a la que contacté fue el profesor Ramiro Fonnegra. Él es biólogo, profesor de la Universidad de Antioquia y un referente en botánica y plantas medicinales. Además, es autor del libro Plantas medicinales aprobadas en Colombia.

Él fue quien me ayudó a entender un poco más sobre las plantas y su uso en el país. Compré su libro y, a partir de esa lectura y de las conversaciones con él, empecé a visitar a las personas que trabajan con plantas en las plazas de mercado.

Esa investigación comenzó justamente allí, conversando con yerbateros y yerbateras, y luego continuó con cultivadores de Santa Elena y de San Antonio de Prado, en los corregimientos de Medellín. Fue en esos encuentros, directamente en el campo, donde empecé a aprender de ellos”.

“Me sorprendió que, en ese momento, muchas personas vieran el uso de las plantas medicinales como algo poco creíble. Existía la idea de que estaban más relacionadas con la brujería o con prácticas esotéricas que con un conocimiento respaldado o útil para la salud. Se percibían como algo sin suficiente evidencia o experimentación, y por eso generaban desconfianza.

Cuando empecé el proyecto fue muy interesante ver cómo la gente comenzó a acercarse por curiosidad a un mundo que sentía muy lejano: el de las hierbas de las plazas de mercado. Había un deseo de reconectar y de aprender, pero también mucho desconocimiento alrededor del uso de las plantas.

Me sorprendía que en nuestro país existiera esa percepción tan negativa. Hoy es muy diferente. Con el paso de los años las personas han empezado a valorar mucho más la medicina natural y, desde 2020, con la pandemia de COVID-19, ese interés creció aún más. Muchas personas sintieron la necesidad de volver a la naturaleza y de explorar alternativas más cercanas a ella”.

Después de casi 20 años de investigación, ¿cuáles diría que son los usos más importantes de las plantas?

“Para mí, el uso más importante de las plantas es ayudarnos a mantener la salud y el equilibrio. Mi invitación es a aprovecharlas no solo cuando estamos enfermos, sino a incorporarlas en la vida cotidiana. Alimentarnos todos los días con plantas medicinales, agregarlas a las comidas, las sopas o los batidos, puede ayudarnos a mantener el cuerpo fortalecido y en equilibrio para prevenir enfermedades.

También creo que existe un vínculo muy especial con las plantas porque embellecen y armonizan los espacios. Incluso si alguien no quiere consumirlas en alimentos o infusiones, pueden acompañarlo en su entorno, haciéndolo más agradable y armonioso. Desde mi perspectiva, las plantas tienen una energía y una vibración que también nos beneficia.

Más allá de curar enfermedades, siento que las plantas han acompañado al ser humano desde el origen como protectoras, sanadoras y, también, han hecho sus entornos más bellos”.

Y de las que sí tienen propiedades medicinales, ¿cuáles destaca?

“Tengo unas plantas favoritas porque son las que más me han acompañado durante estos años. En el libro les dedico un capítulo que se llama Mis siete maestras vegetales. Son plantas que he sembrado, cultivado y utilizado de manera constante en la yerbatería.

Una de ellas es la cúrcuma, una planta muy conocida y muy especial. Es muy resistente y aporta vitalidad. Además, favorece el sistema inmunológico, ayuda a desintoxicar el hígado y es muy útil para combatir la inflamación. Siento que es una planta muy completa, casi un ‘cúralo todo’, porque fortalece mucho el organismo.

Otra es la moringa, que también es muy conocida. Es fácil de sembrar, se encuentra en muchos lugares y tiene un alto valor nutricional. Se puede consumir en polvo, agregándola a sopas o batidos, y funciona como un superalimento que ayuda a mantener la vitalidad.

También está la flor de Jamaica, o hibisco. Aunque muchas personas la conocen por las bebidas que se preparan con ella, también tiene propiedades importantes. Es una planta que tonifica la sangre y ayuda a regular los líquidos del organismo, por lo que beneficia a los riñones y actúa como diurético.

Me gustan porque son plantas de uso cotidiano, fáciles de conseguir y muy asequibles. Creo que vale la pena incorporarlas con frecuencia en la alimentación y en la vida diaria.”

¿Las personas están hoy más abiertas a combinar los saberes tradicionales con los científicos?

“Siento que hoy ya no existen los mismos estigmas de antes. Cada vez más personas buscan soluciones en las plantas y en los productos naturales. También entienden que, aunque la industria farmacéutica es muy importante y eficaz para tratar muchas condiciones de salud, algunos medicamentos pueden tener efectos secundarios o ser costosos, por lo que las alternativas naturales resultan atractivas en algunos casos.

Estamos en un momento en el que muchas personas reconocen el valor de los productos elaborados a partir de plantas. Además, creo que el conocimiento científico y la sabiduría ancestral pueden complementarse muy bien. El uso tradicional de las plantas para la medicina y los rituales no tiene por qué competir con la medicina alopática moderna; ambas pueden coexistir y aportar desde perspectivas diferentes.

Dicho esto, es importante recordar que las plantas también contienen principios activos. Aunque suelen tener una menor concentración que un medicamento farmacéutico, eso no significa que sean inocuas. Quienes tienen una condición de salud o toman medicamentos deben consultar a su médico antes de combinar tratamientos con plantas medicinales, porque pueden producirse interacciones.

Esto es especialmente importante para personas que toman medicamentos para el sistema nervioso, antidepresivos, anticoagulantes o tratamientos para la presión arterial. Si empiezan a consumir ciertas plantas en grandes cantidades, pueden presentarse interacciones con esos fármacos. Por eso, no se trata de consumir plantas sin criterio, sino de entender que también son una forma de medicina y que es necesario saber cuáles pueden combinarse y cuáles no.”

¿Cuáles son las siete plantas medicinales que Andrea Medina recomienda tener en casa?
Andrea Medina destaca siete especies que denomina sus “siete maestras vegetales”: conchita azul (Clitoria ternatea), nenúfar azul (Nymphaea caerulea), cúrcuma (Curcuma longa), flor de Jamaica o hibisco (Hibiscus sabdariffa), cacao (Theobroma cacao), moringa (Moringa oleifera) y palo santo (Bursera graveolens). Según explica, las seleccionó tras años de cultivo, estudio y uso en su laboratorio botánico.
¿Qué propone el libro El mensaje de las plantas?
El libro reúne los aprendizajes de casi dos décadas de investigación de Andrea Medina y ofrece una guía práctica para conocer plantas medicinales, aprender sus usos cotidianos y crear un laboratorio botánico en casa. La publicación fue editada por Vergara en 2026.
¿Cómo se pueden incorporar las plantas medicinales en la alimentación diaria?
Según Andrea Medina, muchas plantas medicinales pueden consumirse de forma cotidiana en infusiones, sopas, batidos, aceites, postres o mermeladas. También menciona que algunas, como la moringa, pueden utilizarse en polvo para complementar diferentes preparaciones.