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EL ENCARGO INEVITABLE

En este número nos embarcamos a explorar la forma en que miramos la política, casi siempre como un duelo entre izquierda y derecha, y cómo está cambiando la geopolítica del poder global. Y nos preguntamos por nuestras relaciones con los animales, al tiempo que reflexionamos sobre las representaciones de series como Griselda, el cine hecho por mujeres y los nuevos espacios para el arte que se abren en Medellín.

  • Es etnógrafo, fotógrafo, cineasta y profesor de Antropología en la Universidad de British Columbia. Autor de 23 libros, entre ellos El río, sobre la vida del etnobotánico Richard Evan Schultes y sus investigaciones en el Amazonas.
    Es etnógrafo, fotógrafo, cineasta y profesor de Antropología en la Universidad de British Columbia. Autor de 23 libros, entre ellos El río, sobre la vida del etnobotánico Richard Evan Schultes y sus investigaciones en el Amazonas.

“Colombia, como país, es un regalo del río Magdalena”

Wade Davis es un científico capaz de auscultar nuestras honduras. Con su libro sobre el río Magdalena dice haber encontrado el corazón del país. En esta conversación se reencuentra con su colega Germán Ferro, con quien pasó largas horas en el Museo del río Magdalena en Honda, Tolima, captando las pulsaciones de la arteria que engendró un país.

Germán Ferro* | Publicado

Había leído con especial interés el libro de Wade Davis sobre el Amazonas con el simple y poderoso nombre de El río. Años después, estando en el Museo del río Magdalena, me dijeron casi en secreto que Wade Davis estaba interesado en conversar conmigo sobre este nuevo río para él y que quería conocer el museo.

Fue algo muy especial entablar conversación con un colega de tanto reconocimiento. Nos encerramos prácticamente a pensar y hablar del río, me impresionó su enorme capacidad de escucha, su atención indeclinable a todo detalle de mi emoción y experiencia con el Magdalena. Era el encuentro de dos enamorados de los ríos, de Colombia, y el comienzo de un nuevo viaje para Wade.

Nuestra conversación ha continuado por varios años y sigue en este texto, cuando ya su libro Magdalena. Historias de Colombia es un best seller que les permite a los lectores del mundo, y en particular a los colombianos, descubrir con sorpresa el río que habían olvidado.

Germán: Has dicho en varias oportunidades y en tu libro que el Magdalena era un río por el que pasabas rápidamente por encima en un vuelo o por carretera, y que en tu investigación para tu libro El río, sobre el Amazonas, apenas lo mencionas....

Wade: Pensar el río Magdalena empezó con los amigos y en la conversación con gente sabia como usted. Durante varios años, cuando estuve trabajando como botánico en Colombia con el profesor Schultes, etnobotánico bien conocido en el país, en todo ese tiempo en los años 70, buscando plantas en cualquier sitio desde Vaupés al Chocó, en Nariño, Putumayo y de allí a la Sierra Nevada, en esa época tenía que cruzar el río Magdalena una cantidad de veces, y después cuando empecé a escribir El río, que fue más que todo una biografía del profesor Schultes, él también, para llegar al Sibundoy, para viajar entre Medellín y Bogotá o para llegar a la Costa, en su época, durante los años 40, él tuvo también que cruzar el río Magdalena.

Mira un ejemplo, Germán, Schultes tenía al menos 3.000 fotografías, fotos pequeñas, que él tomó durante sus 13 años en Colombia. ¡Y creo que en ninguna aparece el río Magdalena! Yo también tengo culpa. En El río, que salió en español en 2002, de unas 650 páginas, la palabra Magdalena aparece cinco veces. Es raro, ¿no?

Todos nosotros, como se dice, le hemos dado la espalda al río. ¡Es una forma de olvido!

Cuando encontré la verdad, que el Magdalena no es solo un río o un corredor de comercio, es el corazón del país, la fuente de cultura, música, poesía, literatura, fue algo milagroso, y fue gracias a gente como usted, que me enseñó tanto.

Germán: El libro del Magdalena en español tiene el subtítulo: Historias de Colombia. Y encuentro que es una historia de muchas voces, en la que tú eres un buen contador y las vas encadenando, impregnándolas con tu emoción. Desde la primera vez que hablamos te sentí como un gran escucha, por supuesto en tu ejercicio juicioso de antropólogo, ¿Tienes una metodología para enlazar muchas voces e historias que se abren a un contexto mayor?

Wade: Esta no es mi historia, y esto es muy importante decirlo. Ustedes pueden entender que tengo que trabajar mucho con mi castellano, hasta hoy en día. Estoy totalmente enamorado con mi idioma, como un poeta o algo así, y en inglés, mi idioma, siempre estoy hablando mucho. Pero en Colombia hay que escuchar. Puedo entender todo en español, pero para hablar es más difícil para mí. Para mí es un regalo porque tengo que sentir, sentarme en silencio y escuchar a la gente. Este libro no fue una historia de mi viaje o de mi visión. Es totalmente la voz de la gente colombiana.

Germán: Es una combinación de un trabajo investigativo, de escucha, y al mismo tiempo la construcción de afectos, de un vínculo con Colombia, su gente, sus ríos... ¿Cuál sería tu síntesis después de escuchar tantas voces y en medio de esa inmensidad?

Wade: El río Magdalena es Colombia. Y Colombia, como país, es un regalo del río. Es así siempre. Y no es solamente un río, como tú me informaste, es la cuenca donde vive el 85% del pueblo colombiano. El 80% de la economía del país. Es la cultura, la historia, es todo. Es el corazón o, mejor, la arteria para entrar al país en medio de una geografía compleja. Es también un símbolo de esperanza. Colombia es el único país en el mundo engendrado por una visión de la naturaleza. La conjunción entre Simón Bolívar y Alexander von Humboldt. Y esto no es una idea romántica. La idea de ecología nació en aquí cuando Humboldt estaba subiendo por el río Magdalena.

Colombia no es solamente el país que tiene más biodiversidad que cualquier otro, no, la fundación del país fue la naturaleza y así podemos decir, que de manera empática los que están tratando de preservar o proteger el medio ambiente, los bosques, las ciénagas, los cerros, la nieve de las montañas, están haciendo un acto patriótico y los que están destruyendo la naturaleza están haciendo algo en contra del país. Son las palabras de Bolívar, para él, lo de los españoles fue totalmente bárbaro, la manera como ellos estaban tumbando los montes y todo.

Germán: ¿Recuerdas otras voces que nos hablan desde el río?

Wade: Me interesa mucho evocar para todos los colombianos que en el día de Navidad murió el indígena Danilo Villafañe, que fue el gobernador de los arhuacos. Y Danilo fue un gran amigo, fui amigo también de su padre, Alberto, que murió asesinado por los grupos armados, tal vez por los paramilitares. Y ahora Danilo, en un acto heroico, estaba tratando de salvar dos muchachas en el río Palomino y murió ahogado. Para mí fue una cosa tan triste y para los colombianos también. ¡Lo interesante fue la reacción de los colombianos! Cuando fui a la Sierra Nevada para trabajar con su papá, Alberto, en el año 1974, los parientes de mis amigos en la Nacional me dijeron, ¿por qué quiere vivir con la gente sucia? Y ahora, con la muerte de Danilo, el presidente Petro, el expresidente Uribe, Santos y Duque, todos enviaron mensajes de condolencia y la noticia salió en todos los periódicos. Fue una tragedia para todos. Con esta mala noticia había una semilla de esperanza: el país ha cambiado en estos años.

Lo mismo con el Mamo Camilo, muy conocido en el pueblo Arhuaco, una vez me dijo que la paz no vale nada si es solamente una manera en que los varios lados del conflicto pueden unificarse para mantener una guerra contra la naturaleza. Tenemos que mantener paz, crear paz, hacer paz con todo el mundo natural. Y ese puede ser un mantra para Colombia en este momento de la historia del país.

Insisto, es necesario un nuevo viaje por el Magdalena, que es más que el corazón, es el futuro del país. Y si podemos limpiar el río, podemos limpiar nuestra alma. Eso también fue algo que me trasmitieron las personas. Desde su oficina en el Museo en Honda, con la gente del Macizo colombiano, desde pueblitos como La Jagua, hasta cualquier sitio como Puerto Berrío o Bocas de Ceniza, toda la gente, no importa dónde, siempre decía esas palabras: “Si podemos limpiar el río, podemos limpiar nuestra alma. Para limpiar nuestra alma, hay que limpiar el río”.

Germán: Es una tarea que nos hemos impuesto desde el museo. No solo es información, sino restablecer ese vínculo perdido con el río...

Wade: Sí, por eso creo que el Museo del río Magdalena, bueno, claro, no es tan grande como otros museos famosos de Bogotá o Medellín, pero para mí, de cierta manera, es el museo más importante del país.

Germán: Quería hacerte, Wade, una pregunta referente a dos de tus libros: Entre El río. Exploraciones y descubrimientos en la selva Amazónica (2001), que todo leímos con fruición y mucho interés, y Magdalena. Historias de Colombia (2021) han pasado 20 años. ¿Cómo ves esos dos ríos hoy?

Wade: El río es una historia de las ciencias, de la botánica. Y fue muy importante para los jóvenes colombianos, no solo para los que estaban estudiando biología. Era un tiempo muy malo para Colombia, en que la gente estaba saliendo del país, había como siete millones desplazados, los jóvenes no podían salir de sus casas, entonces, ese libro fue para ellos como un mapa, un mapa de sueños, un mapa de un país, en el que ven un tiempo muy calmo, en los años 70, en que un muchacho como yo, con 20 años, podía viajar por cualquier sitio del país, con tranquilidad y feliz. “El río” es una historia de un señor que me regaló mi vida, Schultes, y es un regalo para los jóvenes, porque ellos, los estudiantes, siempre son más importantes que los profesores.

Al contrario, el libro del Magdalena, como escribió Héctor Abad Faciolince, es una carta de amor para el país, nada más, es puro cariño para Colombia y un mensaje al mundo. Después de 50 años de conflicto, toda esa vaina de la droga, esa violencia, hubo un impacto psicológico para los colombianos. Entonces, creo que de vez en cuando un extranjero puede decir cosas que los colombianos no pueden decir, como que Colombia no es un país de la cocaína y que el mercado de la cocaína no fue culpa de los colombianos.

Lo que motivó el libro del Magdalena fue mi rabia, después de tantos años de oír gente diciendo puras mentiras de Colombia. Creo que aprendí mucho más con Magdalena que con El río, más que todo sobre la compleja historia de Colombia. Escribir Magdalena fue una educación profunda.

Germán: ¿Cómo te ha transformado este viaje por el río, en tu propia historia y en tus lectores?

Wade: Estoy tratando de llevar a la gente a la verdad, si se puede, o a la realidad. Estoy siempre buscando lo bueno de una persona, y como escritor estoy tratando de ponerles un espejo para que ellos puedan ver how beautiful they are. De alguna manera, Germán, el libro del Magdalena es un espejo, mi espejo para Colombia, que dice: mire Colombia, mire, ¡look, look, how beautiful you are!

Mi vida también fue un regalo de Colombia. Los libros, puedo decir, son una gran expresión de mi gratitud al país, al pueblo, a todas las familias que me ayudaron en los años setenta andando en las calles de Colombia como un vagabundo.

Germán: Estamos terminando Wade, en tu largo viaje por el río Magdalena, ¿hay algún personaje, algún lugar que nos quisieras compartir?

Wade: Bajando del Macizo colombiano hay un sitio, el camino real, que creo fue de los incas, de puras piedras, pasando por el bosque, y allí uno puede tocar, si tienes el río Magdalena, a mano izquierda la cordillera Oriental, pero al otro lado del río, puedes tocar la cordillera Central. En ese sitio uno se puede sentar con calma y tocar el origen geográfico de un país increíble, en sus manos, así nomás, en sus dos lados. Otro sitio es tu museo del río, cuando me contaste que Honda es conocida como la última ciudad del Caribe colombiano, eso me encantó, se comprende todo con esa idea. Otro punto es El Banco, con Berushka Barros y todos los grupos de tambora y bailes cantaos. Como dice la gente, Colombia es un país de mil ritmos. Otro, que me encanta, es Bocas de Ceniza, con los pescadores pescando por la noche, con cometa y con el viento que viene llegando del norte. Un sitio también donde los mamos hacen pagamentos. ¡Hay tantos sitios!, la ciénaga de Zapatoza, el momento en que el río Cesar llega al lado de El Banco y atraviesa la ciénaga, el río es como un animal bajando de la Sierra, y después como un amante empieza a dormir, girando sobre sí mismo. ¡Hay tantas cosas, San Agustín, carajo, hombre, tú sabes, hay todo! Quiero decir que el río es Colombia, Colombia es el río.

Para escucharlo:

Wade Davis conversará con Philipp Bloom. Domingo, 28 de enero, 10:00 a. m., Centro de Convenciones (Hay Festival Cartagena).

*Director y curador del Museo del Río Magdalena, en Honda Tolima.

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