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Generación es la revista cultural de EL COLOMBIANO. Conversar, redescubrir ese placer tan humano es la edición para leer en enero.

  • La maestra Beatriz González viendo su obra A Posteriori, de la exposición Bruma. Foto Cortesía Juan Barbero para la Dirección de Patrimonio Cultural Unal.
    La maestra Beatriz González viendo su obra A Posteriori, de la exposición Bruma. Foto Cortesía Juan Barbero para la Dirección de Patrimonio Cultural Unal.
  • Detalle de la obra A Posteriori. Foto: Colprensa.
    Detalle de la obra A Posteriori. Foto: Colprensa.
  • La maestra en su estudio preparando el papel de colgadura. Foto Diego García-Moreno, cortesía de la Dirección de Patrimonio Cultural Unal.
    La maestra en su estudio preparando el papel de colgadura. Foto Diego García-Moreno, cortesía de la Dirección de Patrimonio Cultural Unal.
  • La maestra Beatriz en su estudio en Bogotá. Foto Diego García-Moreno, cortesía de la Dirección de Patrimonio Cultural Unal.
    La maestra Beatriz en su estudio en Bogotá. Foto Diego García-Moreno, cortesía de la Dirección de Patrimonio Cultural Unal.

Dios mío, ¡qué hice!: la maestra Beatriz sobre su obra A Posteriori

Conversación con la maestra Beatriz sobre su más reciente exposición, Bruma, y sobre su proceso creativo: desde producir sentimientos hasta los colores que son solo suyos.

Mónica Quintero Restrepo | Publicado el 06 de noviembre de 2022

Varias personas le han dicho a la maestra Beatriz González lo mismo: A Posteriori, la obra comisionada por Fragmentos, espacio de arte y memoria, para la exposición Bruma, causa tristeza, mareo, agobio, y unas tremendas ganas de llorar, sobre todo si se está solo en la sala. A ella también le pasó, pese a que vio el espacio vacío, luego medio vacío y después convertido en obra de arte.

—Es una sensación muy fuerte, por más que había visto el proceso me pasó igual. Uno queda ahí obnubilado, es muy extraño. Creo que es un proceso producido por el cerebro, uno queda agobiado ante la cantidad de imágenes repetidas, y produce algo en la mente, tiene que ser. Realmente no es la primera persona que me cuenta eso. Me gusta contar sobre la frase de una señora de Nueva York que estaba arreglando una lamparita, estaba con un atornillador y se fue la luz de la lámpara y la luz de todo Nueva York. Esa señora pensó que había sido ella y dijo, Dios mío, qué hice. Tuve la sensación de esa frase de la señora, Dios mío, qué hice. Eso fue lo que se me vino a la mente.

—Es finalmente lo que usted ha hecho siempre, que el arte produzca algo

—Sí. Es una cosa de los sentimientos, la visión de una obra produce unos sentimientos que es lo que he querido buscar; que no sea pintar cosas con gran habilidad, sino que produzca no sensaciones, sino sentimientos. Hay una diferencia porque el arte muchas veces produce sensaciones, pero hay que ir más allá y producir sentimientos, sentimientos de angustia, sentimientos de dolor, sentimientos de pasión. Sentimientos es lo que se me ocurre a mí.

Detalle de la obra A Posteriori. Foto: Colprensa.
Detalle de la obra A Posteriori. Foto: Colprensa.

—¿Es hacer que la gente sienta, se toque y que de pronto algún día cambie algo?

—El arte no busca remedios, busca sentimientos. Remedios no, porque uno como artista no puede hacer nada, fuera de hacer su obra. Sí he pensado siempre que el arte no es para corregir, no es una lección, sino que es más que una lección, es producir algo en el alma de la persona que lo está contemplando, una llamada de atención puede ser, pero no un remedio.

—También está la indefinición, las siluetas borrosas que usted llama antisiluetas y que están en Bruma, y que tiene que ver con que ha dicho que la memoria traumática nunca es clara

—Estas son técnicas que uno se va inventando a lo largo de la vida, porque las siluetas han existido siempre, pero veo que las siluetas son demasiado fijas, y cuando empezamos a colocar las figuras, esas seis que se repiten, cuando las puse por primera vez, se veían muy fijas, eran hasta bonitas las lápidas con la figura impresa, porque las hago a punta de vaciado de una silueta. Sobre el vaciado se pasa el pincel, y cuando uno levanta ese vaciado queda impresa la figura. Es muy fuerte, y como trabajo mucho echando toda esa cantidad de capas de color, paso el amarillo así y ya una vez está seco, no mojado porque se borra, el pasar la tinta va disimulando la cosa firme. No quiero decir esto es así, aprovecharme de esa imagen fija tan bonita, sino de las técnicas del arte para pasar color y eso se vuelve una insinuación, no un orbe.

—Además es su interés por repetir. De hecho, le gusta más la palabra reiterar.

—Sí, sí, yo pensaba en una cosa, que cuando uno se levanta por la mañana y ve la prensa y lee que matan a otro líder, a uno le produce realmente decir otra vez, otro más, porque eso no ha parado. El otro más es lo que se me viene a mí en la mente cuando veo que han matado a otro líder. Esa pregunta que me hago está relacionada con la repetición.

—Aunque también puede ser solidario, como cuando esa exposición de Las Delicias, que decía que era una solidaridad con esas mujeres.

—Con Las Delicias es de las primeras veces que me di cuenta de lo que podía causar mi obra. Eran 35 obras de mujeres tapándose la cara, ahí orando, y esa vez la gente salía llorando de la galería. Es la primera vez que me di cuenta de que una obra de arte podía producir ese sentimiento de dolor.

***

Beatriz González inventó los colores con los que pinta, y el color ha mostrado incluso los cambios en su carrera y en sus intenciones. El naranja, por ejemplo, ya no lo usa, ese se quedó en el pasado, y el blanco nunca ha estado en su paleta. El color es parte de ella, de lo que dice.

—Cuando sucedió lo del Palacio de Justicia, los colores cambiaron deliberadamente. Yo trabajaba muchos colores, por eso decían que yo era pop, porque había unos colores muy especiales. Después del Palacio de Justicia dije no me puedo reír más, y con eso quería decir que lo que estaba haciendo era cambiando cierta manera de pintar. Ya no trabajé más los colores alegres y también me di cuenta de que suspendí el blanco, pero eso sí de siempre, yo no uso el blanco, lo uso para mezclar los colores y no más. Lo que me interesa a mí más que nada es que el color sirva para producir sentimientos. Suprimí colores, el naranja no lo volví a usar, colores alegres no volví a poner, puse mucho vino tinto y mucho verde esmeralda. Esos son mis colores favoritos.

La maestra en su estudio preparando el papel de colgadura. Foto Diego García-Moreno, cortesía de la Dirección de Patrimonio Cultural Unal.
La maestra en su estudio preparando el papel de colgadura. Foto Diego García-Moreno, cortesía de la Dirección de Patrimonio Cultural Unal.

—¿Y el blanco por qué no?

—Porque el blanco produce una calma que no me interesa.

—Qué pasará con Bruma, no debería irse de Fragmentos

—No depende de mí qué va a pasar con la obra (risas), pero sí es muy interesante el diálogo porque el piso está, las armas están y luego se establece, sin proponérmelo yo, un diálogo muy bueno, muy conmovedor. A mí me parece que, aunque son obras independientes, sí existe la conmoción emocional al estar en ese piso de armas y luego todo lo demás.

—En algún momento le dijeron que era una artista fina e inteligente y le molestaba mucho. Con el tiempo les ha dado una cachetada. ¿Cómo mira en retrospectiva lo que ha pasado?

—Cuando veían mi obra en Cali y en distintas partes, y me había ganado algunos premios, cuando me descubren y empiezan a hablar de mí, los críticos me decían que yo era fina e inteligente. A mí no me gustaba nada y yo decía, no quiero ser como una señora que pinta porque realmente las señoras que pintaban floreros y paisajes hacían una obra muy bien hecha. Yo realmente no pienso tanto en eso como en ir cambiando la manera de expresar y es lo que me propongo, una manera distinta de trabajar porque en esa época realmente existía mucho el original. Quería hacer una obra perfectamente original que no se hubiera hecho de esa manera. Los modelos son distintos, la manera de pintar es distinta y voy buscando siempre que las pinceladas sean distintas. Me acuerdo que Barney Cabrera me llamó la atención porque pinté un perro, a Lassie, y estaba Lassie en una exposición del 67 y él me llamó y me dijo, Beatriz, pero por qué haces esto. Él me admiraba mucho, y en una tarjetita se puso a mostrarme cómo la nariz del perro estaba mal, mira, con qué hubieras hecho esto había quedado mejor la nariz. Siempre me reía de eso, porque él no entendía que esas obras que estaban ahí en la Nacional, era porque quería producir otras ideas y hacer las cosas menos perfectas.

—Y fue una artista distinta...

—Claro, y esa exposición, que era muy interesante en la Nacional, precisamente lo que presenta es todo el cambio, porque en las primeras obras que están en esa exposición son unas ya sin bastidor, ya sobre metal, muy distinto.

—Maestra, siempre tiene ideas y siempre está trabajando

—Eso es cierto. Lo importante es no parar.

La maestra Beatriz en su estudio en Bogotá. Foto Diego García-Moreno, cortesía de la Dirección de Patrimonio Cultural Unal.
La maestra Beatriz en su estudio en Bogotá. Foto Diego García-Moreno, cortesía de la Dirección de Patrimonio Cultural Unal.

SOBRE MEDELLÍN

—Tenía la intención de hacer una obra en el cementerio San Lorenzo, de Medellín

—Sin conocer el cementerio, ahora sí lo conozco, hice un trabajo que se llama y que está expuesto en Bruma, que es el Cementerio de San Lorenzo. A mí me encanta porque el rojo que tomé es el de Chiribiquete que se ve en las estatuas, en los dibujos, por un lado para alejarme del cementerio de acá, y por otro, las figuras son distintas, tienen que ver precisamente con la labranza y con el oficio de labrar y ese oficio convertido en oficio de muerte. El proyecto es muy bonito. Le había dicho a la alcaldía de Medellín que regalaba el proyecto, pero luego la alcaldía sacó una licitación y no, yo no me voy a meter a licitar. El proyecto se quedó tal cual, no sé qué vaya a pasar realmente.

Mónica Quintero Restrepo

Es periodista porque le gusta la cultura y escribir. A veces intenta con la ficción, y con los poemas, y es Camila Avril. Editora de la revista Generación. Estudió Hermenéutica Literaria.

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