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Hegemonías difusas

En este número nos embarcamos a explorar la forma en que miramos la política, casi siempre como un duelo entre izquierda y derecha, y cómo está cambiando la geopolítica del poder global. Y nos preguntamos por nuestras relaciones con los animales, al tiempo que reflexionamos sobre las representaciones de series como Griselda, el cine hecho por mujeres y los nuevos espacios para el arte que se abren en Medellín.

  • Fernando Montaño entró al Royal Ballet en 2006. Ahora se hizo bailarín invitado. Foto: Colprensa.
    Fernando Montaño entró al Royal Ballet en 2006. Ahora se hizo bailarín invitado. Foto: Colprensa.
  • “Los bailarines somos atletas de alto rendimiento”: Fernando Montaño
  • “Los bailarines somos atletas de alto rendimiento”: Fernando Montaño

“Los bailarines somos atletas de alto rendimiento”: Fernando Montaño

Fernando Montaño es uno de los bailarines más importantes del país. Habla de su profesión, de su futuro, del movimiento.

Mónica Quintero Restrepo | Publicado

Fernando Montaño es capaz de volar: se suspende en el aire en un salto en el que los dos pies quedan a la altura de su cadera.

—¿Sus pasos favoritos son los saltos?

—Sí, me gustan, se me dan. No son fáciles, son una suspensión del tiempo, rompes la barrera de la gravedad por segundos, porque tampoco es que uno se pueda quedar allá mucho tiempo. En el ballet clásico hacemos movimientos en contra de la naturaleza, se necesitan unos físicos y una flexibilidad que ayudan a que se vean tan fáciles de hacer, pero se logran tras muchas horas de ensayo. La danza requiere disciplina, y el talento es fundamental. Hay gente que tiene el talento físico, pero no la pasión, y en las artes se necesitan las dos. En la danza en general no solo vale el talento físico, también el emocional. Para mí, la danza es la poesía del movimiento.

—¿Cómo es la vida de un bailarín? Anoche llegó y ahora va a ir a entrenar...

—Llegué a Medellín como a las 10:30 de la noche desde el sur de Francia... La vida de un bailarín es bastante solitaria, muy sacrificada desde todo punto de vista: la familia, las horas que pasas en la práctica para lograr que los movimientos estén cercanos a lo perfecto. ¿Un día de un bailarín cómo es? Yo, normalmente me entreno en las mañanas de 10:30 a 11:45 con una clase de ballet y después comienzo a ensayar las obras del repertorio que tengo que ensayar, que son unas tres más, y cuando estás dentro de una compañía son prácticamente ocho horas, porque si cuentas las horas del espectáculo, son casi ocho. Parece inhumano, pero ese es el diario de un bailarín de ballet en una compañía grande. La vida del bailarín es difícil porque no tienes mucho tiempo libre, por eso se necesita esa pasión y que no se convierta en dolor o en un martirio; muchas veces la gente siente dolor aquí y allá... Por fortuna mi cuerpo es bastante sano y ha sido muy agradecido, he tenido pocas lesiones. Los bailarines somos atletas de alto rendimiento con la diferencia que no mostramos ese esfuerzo físico en los rostros. Tenemos que mostrar una serenidad y una fluidez tanto en el cuerpo como en la expresión facial.

—Ahora que está hablando de pasión y de amor, ¿qué siente cuando baila?

—Son muchas emociones, suelo escuchar la música y pensar en qué estado de sensibilidad me encuentro ese día: si estoy interpretando una danza con una música muy brillante, mi sonrisa nunca va a faltar, pero si es más melancólico, trato de ser auténtico y sensible para transmitir ese sentimiento.

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“Los bailarines somos atletas de alto rendimiento”: Fernando Montaño

Fernando Montaño ha construido una carrera con esfuerzo y disciplina. Llegó al Royal Ballet en 2006, después de ganarse varias becas. Tiene el físico, el talento, las ganas. Tuvo el apoyo de su familia, de profesores y amigos. Ahora se hizo bailarín invitado de la compañía para tener más tiempo para sus proyectos, venir a Colombia con más frecuencia, bailar en otros lugares y en otros ballets. Le gusta la danza clásica, descubrir momentos, evolucionar, ponerse retos. Su pieza favorita es El ballet de Manon, un libro de una cortesana francesa y un escritor, y él se enamora de ella, que se muere de sífilis. Es un drama y le encanta, precisamente, por transmitir esa tristeza y por tener que bailar y actuar al mismo tiempo. La otra obra es Don Quijote, que le permite mostrar la técnica, qué puede llegar a hacer con su cuerpo, bailar esos saltos imposibles.

—Si mira su carrera en retrospectiva, ¿qué encuentra?

—La humildad que mi mamá y mi papá me inculcaron, esa es una de las cosas que me ha ayudado a obtener los logros que he conseguido. Es un arma superpoderosa que he tenido porque donde quiera que vaya en el mundo, la gente no solamente en el escenario, sino fuera, se conectan conmigo porque notan la humildad, la sencillez y mi pasión. Hay momentos en los que uno está triste, y hay muchas dificultades en la vida en general que te pueden llevar abajo, pero ese amor, esa humildad y esa confianza te mantienen. Yo nunca he perdido la confianza en mí mismo y espero no perderla. Hay momentos en que te preguntas cómo lo logré, y simplemente se da orgánicamente cuando tienes confianza, humildad y ese sentido de sacrificio y esfuerzo.

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La historia de Fernando Montaño como bailarín empieza en Buenaventura, un día que vio a unos niños bailar en un programa de televisión, Nubeluz. Le llamó la atención la plasticidad y la elegancia de los movimientos, y eso que no eran profesionales. Quedó flechado con ese movimiento tan diferente al que estaba acostumbrado.

—Estaba en Buenaventura, en otro ambiente, escuchando otras músicas, viendo otros bailes. ¿Qué lo enamoró?

—La belleza del movimiento. En realidad, que no existe ningún arte estéticamente tan puro y tan bello como el ballet, porque está la danza contemporánea que es fabulosa, pero el ballet son líneas, se trata de llegar a la perfección, que es imposible, pero son líneas con fluidez y con una elegancia que ninguna otra arte la puede superar, en cuanto a estética y a belleza.

— Se fue del país a los 14 años, ¿hay que irse del país para ser bailarín?

—No necesariamente. En mi caso fue la oportunidad y la forma en que la vida me llevó, pero creo que, en estos momentos, apenas se está empezando a poder vivir de la danza en Colombia. Todavía hay muchas precariedades, pero se le está empezando a dar valor. Estamos en periodo de pospandemia, y la gente en general notó la importancia de la danza, el movimiento en la vida. La danza tuvo una gran labor para que las personas en sus casas no estuviesen tan tristes, tan sedentarias, que rieran en algún momento del día haciendo una clase de baile. Ese es el valor que ya estamos recordando que la danza tiene.

“Los bailarines somos atletas de alto rendimiento”: Fernando Montaño

—¿Qué le dejó la pandemia?

—Me hizo ser muchísimo más creativo. Ahora tengo mi marca de ropa para hombre y mujer de lujo, Cachua, que hago con comunidades de Colombia y del Perú, donde trabajo con las alpaqueras, porque usé la alpaca en esta primera colección. Cachua es de la lengua quechua y quiere decir danza en círculo. Quería una palabra que estuviese conectada con la danza y el movimiento, un círculo no termina, no tiene final, y yo quiero resaltar ese valor de los artesanos. La pandemia tuvo momentos duros, y nos hizo cambiar muchísimas cosas de nuestra forma de pensar en nuestra cotidianidad. Para mí, por fortuna tuvo una gran enseñanza.

—Se considera un filántropo

—Es importante compartir, y no solo dinero. Una visita a un niño, a una familia a un hospital. Hay palabras poderosas con las que les puedes alegrar la vida a esas personas, y eso te llena como ser humano, como artista.

—No solo le interesa el ballet

— A mí me gusta fusionar cosas, tanto folclor como ballet. Cuando las artes se unen, se enriquecen mucho más.

—¿Qué baila por placer?

—Hasta reguetón, de todo... a mí me gusta el tango, y a mi mamá le gustaba más verme bailar tango que ballet ◘

Si quiere más información:

Mónica Quintero Restrepo

Es periodista porque le gusta la cultura y escribir. A veces intenta con la ficción, y con los poemas, y es Camila Avril. Editora de la revista Generación. Estudió Hermenéutica Literaria.

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