<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">

Generación — Edición El Cambio
Cerrar
Generación

Revista Generación

Edición
Un viaje al metaverso

Generación es la revista cultural de EL COLOMBIANO. El metaverso es el tema de este mes, el hilo conductor para conversar en junio.

  • La revolución afro
  • La revolución afro
  • La revolución afro
  • La revolución afro
  • La revolución afro
  • La revolución afro
  • La revolución afro
  • La revolución afro
  • La revolución afro

La revolución afro

Ellos nos cuentan, desde su experiencia, qué es ser afro y si hay una revolución. Varias voces para comprender su historia.

Publicado el 01 de mayo de 2022

Mabel Lara

Periodista y presentadora

“Ser afro en Colombia y América Latina es ser un poco invisible, y te lo dice una persona que ha sido figura pública. Cuando digo invisible es conocer un poco tu pasado, tu origen y el legado de personas que te antecedieron: América Latina tuvo un proceso de deslegitimación de los personajes afro, de las historias afro, las borraron un poco y nuestras identidades no fueron construidas desde la diversidad. Así que cuando empiezas a sentirte afro –que es un asunto que no es por pigmentación, conozco gente muy negra que no se siente afro, porque serlo es sentirte desde la cultura afro–, empiezas a buscar referentes que no están fácilmente en la literatura, no los encuentras en la arquitectura, en el derecho o en las artes con facilidad. Cuando digo cultura solo es baile, folclor, y eso es muy difícil porque cuando eres niña, que estás construyendo un poco tu lugar en el mundo y estás tan invisible, eso te afecta porque no perteneces, tu voz no importa, y lo que está relacionado contigo está de la mano de lo impuro, lo feo, lo rústico. Entonces es muy complicado nacer en América Latina y ser afro.

Lo otro es que tenemos una crisis de representatividad. Hace 20 años cuando me obstiné por aparecer en televisión era porque a nosotros las muñecas que nos regalaban eran rubias y nunca había muñecas como nosotras, y eso te hace sentir fea, impropia. Y en televisión sí que menos. Cuando construyes lo que significa ser mujer, femenina, y no hay gente como tú, te preguntas desde niña, qué vengo hacer yo, la nada, la fealdad, lo burdo.

Ser afro sigue siendo muy difícil, porque en un país color lenteja, a las mujeres y a los hombres color chocolate, por nuestro color de piel se nos siguen cerrando puertas. Yo te lo digo desde la excepción, mi historia de éxito es excepcional en un país como el nuestro para una mujer como Mabel Lara, de provincia y con pigmentación. Nosotros todavía hablamos como si fuéramos excepciones a la regla. Todavía se celebra que seamos primeras veces. Sí ha cambiado, obviamente que quienes nos antecedieron abrieron camino para que la tuviéramos más fácil, y yo tengo que abrir camino para que las que vienen atrás la tengan más fácil y no sea extraño ver a una mujer en la política o en los medios de comunicación, en el periodismo, negra. Por primera vez estamos volviendo a la Constitución de 1991 con este florecimiento de candidaturas de todos los aspectos políticos, y eso es una cosa que celebramos, porque estamos haciendo valer nuestro derecho a hacernos contar. Ya a veces en los medios de comunicación vemos más personas diversas, pero la política y los espacios de decisiones siguen estando muy limitados, y que hoy casi todas las candidaturas presidenciales tengan a una persona afro ahí de segundo, o que tantas mujeres nos hubiéramos lanzado, sobre todo mujeres, a intentar hacer política pública, a mí me hace sentir muy feliz porque estamos celebrando ese derecho de hacernos contar, que para otros es propio y para nosotros bastante extraño o al menos imposible.

Nosotros nos mantenemos en revolución, cada logro de una persona del mismo color de nuestra piel son pequeñas batallas y microrrevoluciones. Hay unos avances muy importantes y reconozco que Colombia ha avanzado, muy poquito, pero ahí va. Son unas batallas pequeñas, pero importantes. Mi batalla del pelo, por ejemplo, como presentadora de noticias, poder salir con el pelo natural fue una batalla privada que se convirtió en una victoria desde el espacio de lo público que sirvió para otras mujeres, y que venía pasando y que es muy interesante cuando todavía me paran en el aeropuerto y me dicen que yo me dejé mi pelo crespo cuando la vi en televisión, o me escriben a preguntar cómo hiciste para hacer la transición, recuperar tus raíces negras. Son miles de revoluciones chiquitas que van sumando a un gran proceso de representación, de hacerse sentir, de contar, de hacerse entender, porque nosotros seguimos siendo una sociedad racista, clasista y mojigata. Somos un pueblo muy ignorante frente a la diversidad.

Ser afro es vivir la vida desde la cosmogonía de lo afro. Ser negro en Colombia y en el mundo no es por pigmentación, es desde la identidad, y eso es muy complejo y tiene un análisis sociológico y antropológico, pero para mí va más allá, tienes que sentirte dentro de una cultura que te arropa y dentro de unos valores de comunidad, que pasa por la relación con la familia, con la tierra, con la familia extendida que son los vecinos. Cuando pasó la masacre en Bojayá se acabó el pueblo, porque se acabó una familia. Lo que pasa es que las comunidades negras construyen su relaciones con el mundo desde esa proximidad del territorio, desde esa señora que es una tía, pero no es de sangre, pero es tía de crianza. Esas construcciones son culturales y están desde la identidad, y no pasan por el color de piel”.

La revolución afro

Salomón Díaz

Modelo colombiano

“Ser afro en Colombia ha sido una hermosa batalla a la que nos hemos tenido que enfrentar. El empoderamiento afro ha ayudado para que el país sea conocido en el exterior en campos como el deporte, la danza y el canto, pero todavía nos falta tener un referente que nos haga sentir que somos colombianos. Y eso preocupa, porque esta comunidad es una parte muy grande de Colombia.

Ser modelo afrocolombiano es una de las más grandes maravillas. A veces la gente se sorprende cuando les digo que soy de Colombia, hay quienes me preguntan si soy francés o londinense, y con orgullo digo que no, que soy de mi Cali adorada. Ser afro es un plus muy bello. Después de tanto cansancio por la falta de algunos derechos básicos, hoy estamos viviendo una revolución afro: ahora la esclavitud es la que uno mismo se carga.
La revolución afro la vemos en todo el mundo: en Inglaterra o Estados Unidos, en cada rincón de África, en el pacífico colombiano. En todos lados y en todos los campos. Vemos que están revolucionando personas afro: modelos, cantantes, actores y actrices. Yo soy un soldado más que hace cinco años salió de Colombia con la promesa de ser el modelo número uno del país que le apunte a grandes campañas. Y lo logré: ya trabajé con Calvin Klein, Moschino y fui el primer afro que apareció en una campaña de una fragancia de Versace”.

La revolución afro

Damper Vergara

Músico, parte del dúo Dawer x Damper

“Para mí ser afrocolombiano significa hacer parte de una diáspora directamente de África y, a partir de eso, siento que hay un montón de situaciones, prácticas culturales, musicales, artísticas y de lenguaje que se siguen compartiendo a través del tiempo. Hoy por hoy, con todo lo que ha venido pasando en el mundo, después de pensar que podría ser una vergüenza ser quiénes somos, estamos empezando a levantar la voz y sentirnos orgulloso de lo que realmente somos, desde la jerga, las prácticas culturales, el nivel de la voz; hasta el pararse frente al espejo y sentirse bien, estar en un espacio y sentirse seguro o segura de la persona que uno es. Es empezar a reivindicar todo lo que significa ser una persona negra o una persona afro.

Pensándolo en Colombia, es tener una posición centrada sobre lo que soy, aunque se haya planteado de una forma negativa. Tengo que empezar a reconstruir o resignificar lo que es ser negro para mí, dentro de este país, teniendo en cuenta todo el discurso del mestizaje, que hace que sea más difícil el reconocimiento o no, pero creo que tener la postura hacia adentro de lo que debe ser afrocolombiano. Creo que es todo el proceso para poder empezar con una resignificación de lo que es ser una persona negra.

A medida que pasa el tiempo, las voces van a seguir levantándose y al levantarse, otros que no las habían escuchado lo van a empezar a hacer. Hoy conozco muchas más personas orgullosas de ser negras, con un concepto positivo de lo que es una persona afro en Colombia. Ha sido un proceso constante, pero hoy tenemos otras herramientas para llegar a otras personas o comunidades que quizás no se sientan así.

Hablar de orgullo afrocolombiano es un poco ambiguo, porque dependiendo del territorio la gente se siente orgullosa de ser negra. Por ejemplo, la urbe parece ser un espacio que no es para las personas negras, entonces, cuando uno está en el territorio urbano, tiene que ponerse en otras posturas más desde lo académico, ocupar otros espacios y resignificarse dentro de otros espacios, entrar a la universidad, estar en lo político, estar en lo cultural, todo lo que comprenda la economía o el desarrollo de la sociedad en la que sea que estemos. Dependiendo de dónde esté ubicada esa comunidad, se siente orgullosa de una manera o una forma específica, sea replicando o no estereotipos que nos han asignado.

Nosotros trabajamos con un discurso ya antiguo, pero del que nos apropiamos y es el afrofuturismo, pero también lo estamos localizando desde nuestro lugar de enunciación que es Latinoamérica. Aunque sea el mismo concepto, tal vez la práctica del afrofuturismo y el accionar del afrofuturismo en Estados Unidos sea muy diferente al de Brasil y, de igual manera, al de Colombia, porque también creo que se construye a partir de cuáles son las problemáticas en el territorio y qué es lo que hay recuperar y sanar.

Para nosotros, el afrofuturismo es toda acción que uno haga en pro de la comunidad afro, por ejemplo, escuché que Benkos Biohó es un afrofuturista porque hizo una acción específica en pro de la comunidad negra. También el concepto plantea buscar todas las herramientas que hay del futuro, digitales no digitales, todo lo que hay a nuestro alrededor para el bienestar nuestro o para la construcción positiva de lo que es la comunidad negra alrededor del mundo”.

La revolución afro

Rafael Palacio Callejas

Coreógrafo, maestro y bailarín

“Ser afro, para mí, significa reconocer la procedencia, reconocer que somos una comunidad, un pueblo que se identifica con sus propias raíces y se siente orgulloso de las luchas de resistencia que sus ancestros dieron para lograr la libertad; luchas que hemos heredado para continuar buscando el lugar digno que nos merecemos en esta sociedad.

Ser afrocolombiano significa ser parte de una categoría llamada ‘minoría’, pero considero que somos una fuerza poderosa que ha sido minorizada, opacada y silenciada. Ser afro en Colombia significa que debes luchar en contra del racismo, de la exclusión, de la discriminación. Significa que debes romper estereotipos constantemente para exigir que se respeten y se garanticen los derechos humanos y la justicia cognitiva y social hacia nuestros pueblos.

En mi trabajo, por ejemplo, nos interesa crear narrativas que abran nuevos imaginarios, para que nuestras prácticas artísticas sean una voz autorreferencial para nosotros y para otros; una práctica que logre fundar diálogos interculturales reales que permitan posicionar mejores condiciones de vida para los afrodescendientes. Es decir, una danza con un discurso político que refleje nuestros sueños, anhelos, para que podamos juntos derribar las brechas sociales que nos impiden alcanzar el bienestar común.

La revolución afro empezó con las luchas de resistencia y reexistencia que dieron los esclavizados. Lo que quiero decir es que no es una revolución nueva. Al contrario, data de siglos atrás porque nunca nos hemos conformado o hemos sido pasivos ante la opresión que se inflige hacia nuestros cuerpos racializados. Las múltiples luchas que hemos dado tienen mucho poder y la sociedad no puede banalizarlas al categorizarlas como episodios de moda. Una vez que logramos que se nos escuche, la sociedad tiene la obligación de crear estrategias que desmonten el racismo estructural que nos asfixia y nos niega la humanidad.

Esta revolución en Colombia se libra desde las comunidades en sus territorios. Los movimientos de base exigen una transformación que permita la autonomía, que reconozca la diversidad humana como una riqueza cultural que aporta a la construcción de la nación. Desde todos los oficios se debe abordar acciones antirracistas para que el poder no sea de unos pocos sino de todos y todas”.

La revolución afro

Lia Samantha

Diseñadora de modas

“Ser afro es ser humano. No hay una única manera de existir como afro y a veces se siente como si no estás en el folklore y la música, entonces no eres afro. Además, nos ven como si fuéramos algo exótico, cuando en realidad las personas afro hacemos parte de la misma historia. No deberíamos mirar solamente a las comunidades afro para el día de la afrocolombianidad, nosotros estamos haciendo vida todo el año, todo el tiempo. Si yo fuera Silvia Tcherassi nadie me preguntaría por el racismo, por ejemplo. En mis colecciones no estoy hablando de racismo, no tenemos que seguir ahondando en lo mismo, estoy hablando de la cultura de Colombia, no de lo afro.

La primera colección que presenté en Colombiamoda hace ocho años que se llamó Everyday Afro y se trataba precisamente de eso, de no disfrazarse de afro, de no estar consciente de la cultura, solo en el día de la afrocolombianidad, en el Petronio Álvarez o en fechas especiales. Si realmente somos afro y aceptamos nuestra identidad como colombianos, esto no es algo que se celebre un día, nuestra cultura y nuestra identidad es de siempre. Me pasa mucho aquí en la tienda, la gente pregunta si diseño ropa para carnaval y mi respuesta es ‘sí, para el carnaval de la vida y el carnaval de la vida se celebra todos los días’. No creo mucho en eso de las personas que se ponen ciertos elementos étnicos para el día de la afrocolombianidad o para el día que se celebra algo importante de las comunidades indígenas y no se sienten orgullosos de llevar estos elementos, esta parte de su cultura, para ir a trabajar o para ir a otro tipo de entornos. Creo que la cultura, de lo que tan orgullosos nos sentimos aquí en Colombia, realmente no la respetamos. No respetamos nuestras comunidades.

Desde la moda, siento la responsabilidad de comunicar algo diferente, teniendo en cuenta que la moda es la segunda industria que más contamina el planeta, es una industria clasista, racista, elitista y antes de que nosotros, los diseñadores de modas, le llamáramos fashion a esto, nuestras comunidades ya estaban haciendo su vestuario y con un sentido realmente importante, porque hay que tener en cuenta que el vestuario no está diseñado para presumir ni para aparentar ni para mostrarle al otro la marca costosa que llevamos, sino que (ancestralmente) el vestuario estaba pensado para protegernos de las malas energías, el ego, el miedo, la rabia, la envidia, la codicia. Estas energías que vibran muy bajo, al encontrarse con patrones coloridos como las telas africanas, como las mochilas wayuu, como todos nuestros collares, toda esta indumentaria que hace parte de nuestro vestuario tradicional, lo que hacían era espantar las malas energías y después de que nuestros antepasados ya estaban protegidos, luego si pensaban en proteger el cuerpo. Primero el alma, después el cuerpo. Ahí sí pensaban en los cambios climáticos.

Para mí, encontrarme con toda esa sabiduría en las telas africanas, entender parte de mi propia historia como mujer afro que soy. Soy colombiana, vivo la cultura colombiana, pero hablo diferente, me expreso diferente o las personas me ven de una manera diferente, y eso fue lo que me hizo ahondar en mis raíces. Sé para dónde voy, pero de dónde vengo, quién es mi gente, porque en el país en el que nací me discriminan y parece que no soy parte de la cultura. Eso me hizo crear la marca que tengo hace más de veinte años y por eso lleva mi nombre, porque es una investigación de quién soy yo, de mis propias raíces, de dónde vengo, y así poder saber para dónde voy o por qué me siento como me siento, y para poder guiar a mi hija en el camino por donde deba transitar”.

La revolución afro

Rómulo Bustos Aguirre

Poeta

“No sé, realmente, qué es ser afro. No me lo he preguntado. Soy un negro que ha crecido en los barrios populares cartageneros, marcadamente negros, mulatos y mestizos. Que ha crecido escuchando la música antillana atronadora de los Pickups de barriada. Tal vez de ese trato con esta música provenga el inevitable componente “afrocaribeño” de mi ser y mi trabajo poético.

Ayer, precisamente, hablaba con mi amigo el historiador Juan Marchena acerca de su experiencia como profesor de una Maestría en Estudios Hispanoamericanos en Gabón, y luego como profesor del Doctorado en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla, con estudiantes provenientes de Gabón. Las relaciones entre los afrogaboneses y los afroamericanos, también estudiantes -me comentaba, aún perplejo- resultaron desconcertantes, conflictivas hasta lo alucinante: los gaboneses consideraban que los únicos afros son los actuales negros de África; por consiguiente, los llamados afroamericanos estaban usurpando una identidad que no era suya: estos eran simplemente negros americanos, no afros. Incluso crearon en la Universidad una especie de Cofradía afro de la cual estaban tajantemente excluidos los afrodominicanos o afrocolombianos, por ejemplo. Esto sirve para revelar lo complejo que resulta la noción de “identidad”

Soy un negro que piensa su identidad desde la resbaladiza “condición humana”, siempre inconclusa, siempre en búsqueda y fuga de sí misma, como pregunta abierta. En mi identidad se cuecen todas las resonancias étnicoculturales, como una especie de ‘olla comunitaria’. Una identidad fluida, no esencialista, en lo humano constituye, a mi modo de ver, el presupuesto necesario de toda posible identidad de etnia, género, región, raza o nación. De lo que estoy hablando es de una identidad que evite las trampas del ego”.

La revolución afro

Ronald Camargo

Sanandresano. Director de cine.

“El desmonte de los imaginarios es otra de nuestras luchas. Hay lugares comunes en los que nos destacamos, como el deporte y el arte. Espacios importantes porque han logrado visibilizar aspectos de nuestra cultura. Hacer cine isleño es continuar con las tradiciones ancestrales, porque a través del arte y por medio de nuestras historias expresamos esa singularidad que nos hace acreedores de una creación natural. La población afro ha tenido una tradición de lucha por sus derechos y autonomía. La lucha ha sido histórica en la búsqueda de la libertad, además de la reconstrucción de la memoria histórica, algo que no es ajena a ninguna persona y que hemos podido conocer a través del cine, la televisión y la literatura.

. Aunque quizás antes tengamos que superar las discriminaciones racistas”.

La revolución afro

Tostao

Músico

“Para nosotros es un orgullo hacer parte y representar la comunidad negra de Colombia, y desde nuestro trabajo es muy motivante mostrar nuestra música, como si fueran nuestros abuelos y padres. Hay una revolución afro que va desde la transformación de la música, el baile y la danza, hasta la manera de vestir y todo el discurso que se está generando alrededor de la cultura afro, que antes no tenía espacio y que ahora es cada vez más visible.

Es llevar el ritmo en la sangre, es un espíritu de lucha, es una herencia de nuestros ancestros africanos y palanqueros y la idea es llevar esa esencia a las ligas más altas”.

$!La revolución afro
Revista Generación

Revista cultural con 82 años de historia. Léala el primer domingo de cada mes. Vísitela en www.elcolombiano.com.co/generacion y en el Instagram revista_generacion

Revista Generación

© 2022. Revista Generación. Todos los Derechos Reservados.
Diseñado por EL COLOMBIANO