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  • Ilustración Señor OK.
    Ilustración Señor OK.

La sangre nueva solo se derrama en graffitis

Los muros hablan: estéticas, memorias y política en los muros de Medellín.

Alfonso Buitrago | Publicado el 03 de julio de 2022

El fuerte sobrevive priscos miles
Somos la sangre nueva que solo se derrama en graffitis.
Aranjuez, Alcolirycoz

En los callejones y recovecos empinados de Santo Domingo Savio, en las fachadas industriales del barrio Colombia, sobre los viaductos de vías principales, Medellín expande su forma de ser con trazos, colores y formas que crean “paredes parlantes”, como las llama David Arango, uno de los gestores de Pictopía, que desde hace una década impulsa el graffiti y el street art como formas legítimas de vida y de habitar el espacio urbano.

Un parloteo de muros que se nutre día tras día de tags (firmas), throw ups (bombas), quick y master pieces (piezas rápidas y elaboradas), blockbusters (bloques de letras) y letras wild style (estilo salvaje). En ese cruce de mensajes transita una serie híbrida e inacabada, en construcción permanente, de relaciones e interacciones, conflictos y desahogos, que marcan y caracterizan distintas zonas de la ciudad y, al mismo tiempo, trenzan un lenguaje común que les sale al paso e interpela a propios y extraños.

Sobre el asfalto, entre ladrillos, impregnada en cemento vive una lengua viperina de raíces políticas, a la vez proscrita y objeto de culto y moda, cargada de memorias y que se expresa con estéticas anónimas que, paradójicamente, reclaman un lugar y un nombre y transgreden la lógica funcional de una ciudad en el que la única alternativa es sobrevivir.

Estéticas

“A ciudades mudas, paredes parlantes”, dice David Arango. “Que donde vayás la ciudad te cuente algo, así sea para que te quejés y digás ¡qué dibujo tan feo!; eso genera interacción entre la ciudadanía para criticar, tomarse fotos y romper barreras. ¿Por qué ciudades mudas?, porque la gente sale del trabajo, se va para el centro comercial y de ahí para la casa, calladita. Los muros pintados son una razón para confrontarnos”.

En Medellín existe una docena de rutas, galerías al aire libre y organizaciones que a lo largo de la última década y media han ido tatuado consistentemente la “piel de la ciudad”, a través de convocatorias anuales, como el Festival Museo Urbano de Memorias de Santo Domingo Savio, o por medio de acciones colectivas y reivindicativas, como los murales de Fuerza y Graffiti, que la han dotado de una capacidad inédita para contar su historia, recordar y pensarse a sí misma, alzar la voz y protestar ante las injusticias que la atraviesan, y también para exhibirse y posar ante los turistas.

Marcas de pintura que susurran, sugieren y gritan; que hablan con diferentes acentos, para iniciados de gueto y para la gran masa popular; adoloridas y rabiosas; irónicas y festivas; indecentes y sucias.

Esas “rutas de arte urbano” han sido descritas por el investigador Víctor Jiménez Durango, quien las dejó mapeadas en su libro Graffiti. Piel de ciudad, que incluye el Museo Urbano de Memorias, liderado por la Fundación Trash Art en la comuna 1-Popular; Galería Convites, del Klan Guetto Popular, en la comuna 2-Santa Cruz; Arrieros, en las comunas 8-Villa Hermosa y 9-Buenos Aires; Ayacucho, en torno a la intervención propiciada por la construcción del tranvía; en la comuna 13 sobresalen Galería Viva, de AgroArte y Memoria Independiente, y el Graffitour, que involucra a colectivos como Casa Kolacho, Casa Galería y Color Tour; Pictopía en la comuna 14-El Poblado y una amplia zona con al menos seis recorridos posibles en la comuna 10-La Candelaria, el barrio más poblado de graffiti y arte callejero de la ciudad.

En las laderas de Santo Domingo Savio, la Fundación Trash Art ha venido creando un inmenso museo al aire libre, “que recopila historias urbanas para convertirlas en obras de arte”, como dice David Ocampo, quien ha liderado la construcción de una curada cartografía de muros, compuesta por tres galerías que hablan de los líderes históricos que levantaron el barrio y resuenan con otras voces y pintadas independientes traídas de afuera por artistas locales y foráneos, que rodean la estación del metrocable, envuelven el colegio, cruzan la iglesia y se entreveran por escalinatas, esquinas y pasadizos.



Graffiti Piel de Ciudad | Autor: Victor Hugo Jiménez Durango
Pictopía: A ciudades mudas, paredes parlantes
Un museo al aire libre en Santo Domingo Savio
Protesta y resistencia con Fuerza y Graffiti

Política

Desde uno de sus miradores, que se abre a la hondura del valle, se puede apreciar, a nivel del río, un inmenso mensaje, de unos 200 metros de largo, sobre el viaducto de la vía Paralela a la altura del barrio Tricentenario, en forma de blockbuster, en el que se lee: “NOS ESTÁN MATANDO”, pintado por el colectivo Fuerza y Graffiti a finales de 2020 como reacción a las protestas desatadas en contra de la violencia policial.

Quizás la evolución más reciente y poderosa de la gramática callejera, que no se corresponde con un lugar específico ni con un recorrido particular vinculado con la historia de un barrio, sea el surgimiento de Fuerza y Graffiti. Una juntanza, como la llama el muralista y graffitero Señor OK, a través de WhatsApp y redes sociales, de escritores de muros del área metropolitana, que provocó asombro, solidaridad y rechazo al mismo tiempo.



Nuevo mural en la Oriental | FOTOS: EL COLOMBIANO


Muchos graffiteros jóvenes, en su mayoría menores de 25 años y aprendices hechos en la calle, acompañados por veteranos de la escritura callejera, dejaron a un lado el ego de la firma y la clandestinidad de la noche para pintar en grupo y a plena luz del día. Sobre sus hombros tenían más de tres décadas de historia de resistencia y de pintadas en contra del orden establecido.

En el paro nacional de 2021 los mensajes se multiplicaron, como megáfonos inextinguibles del ardor que se vivía en las calles. “ESTADO ASESINO”, pintado en los bajos del puente de la 80 con San Juan, atrajo la atención de los medios y encendió el debate en redes. La discusión sobre su conveniencia se hizo viral y viajó digitalizada en imágenes y videos. Las autoridades respondieron enviando al puente a un grupo de soldados bachilleres, que en la madrugada y con galones de pintura y rodillos improvisados cubrieron de blanco la ofensa.

Durante dos meses de paro la crew espontánea de Fuerza y Graffiti pintó más de setenta muros con mensajes muchas veces ambiguos o irónicos, que traían controversia entre los mismos graffiteros: “PODER PLEBEYO”, “CONVIVIR CON EL ESTADO”, “DEJA QUE ASPIREN MIS HIJOS”. “Algunos preguntaban qué era ‘plebeyo’ o se quejaban porque ‘convivir con el Estado’ no les parecía un mensaje fuerte, y entonces teníamos que hacer pedagogía”, dice el Señor OK.



Barrio Colombia y Poblado | FOTOS: EL COLOMBIANO


En los muros pintados por Pictopía, el Museo Urbano de Memorias y Fuerza y Graffiti se recrea a diario el parloteo altisonante de la ciudad, inaceptable para algunos, admirado por otros. Y se vive un proceso constante de reescritura y de creación de una lengua urbana y popular. Hay comerciantes del barrio Colombia que prefieren sus fachadas mudas y las fondean de blanco; vecinos de El Poblado que se juntan para defender el orden y pintan banderas de Antioquia sobre los blockbusters insolentes; barras de fútbol que reclaman un puente para gloria exclusiva de su pasión; y combos de barrio que cubren de letras salvajes los rostros de sus líderes.

Como en todo lenguaje, en el arte urbano priman la necesidad y la búsqueda de una forma de expresión y de reconocimiento. “A veces te va a dar gusto, a veces disgusto. A mucha gente no le gusta el wild style, que son esas letras retorcidas que no se entienden, pero el que sabe admira la ejecución, los brillos, y entiende el mensaje. Yo lo comparo con los orines de perro, el que pasa desprevenido se asquea con el olor, pero los perros huelen e identifican que ahí estuvo Fulano, Perano y voy a estar yo también y dejo mi firma. Los graffitis son como los orines de perro”, dice David Arango ◘



Santo Domingo | FOTOS: EL COLOMBIANO


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