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EL ENCARGO INEVITABLE

En este número nos embarcamos a explorar la forma en que miramos la política, casi siempre como un duelo entre izquierda y derecha, y cómo está cambiando la geopolítica del poder global. Y nos preguntamos por nuestras relaciones con los animales, al tiempo que reflexionamos sobre las representaciones de series como Griselda, el cine hecho por mujeres y los nuevos espacios para el arte que se abren en Medellín.

  • Guitarrista y productor discográfico. Fue uno de fundadores de la banda Roxy Music. Coprodujo The Endless River de Pink Floyd y varios álbumes de David Gilmour en solitario. Publicó su libro de memorias De la revolución a Roxy. Foto: GETTY.
    Guitarrista y productor discográfico. Fue uno de fundadores de la banda Roxy Music. Coprodujo The Endless River de Pink Floyd y varios álbumes de David Gilmour en solitario. Publicó su libro de memorias De la revolución a Roxy. Foto: GETTY.

Phil Manzanera, el productor musical británico que consolidó el sonido del rock latino

Su trabajo como productor brilla en discos de Héroes del Silencio, Enrique Bunbury, Robi Draco Rosa y Aterciopelados; es uno de los secretos del rock en español.

Luis Felipe Gutiérrez* | Publicado

Phil Manzanera es un nombre que solo reconocen expertos, o discófilos que se ocupan de leer los créditos de los álbumes discográficos, un oficio extinto por el golpe de las plataformas como Spotify y Deezer. Oficio de nostálgicos. Empezó en los años 70 como guitarrista de la agrupación Roxy Music, pionera del del art rock y del new wave. Luego se hizo músico de sesión y productor de bandas y artistas como David Gilmour, Pink Floyd, Fito Páez, Héroes del Silencio, John Cale, Paralamas y Aterciopelados. Es uno de los invitados del Hay Festival, donde presentará su libro de memorias: De la revolución a Roxy. Hablamos con él sobre los momentos más importantes de su carrera.

Usted nació en Londres, en 1951, pero, pocos saben de su vínculo con Colombia, ya que su madre, Magdalena, nació en Barranquilla...

“Mi padre trabajaba para la British Overseas Airways Corporation (BOAC), una aerolínea estatal británica creada en 1939, que había operado durante la segunda guerra mundial. La compañía quería abrir nuevas sedes de operaciones en diferentes partes del mundo. Mi padre, entonces, fue encargado de esta misión en algunos países de América, entre ellos Colombia. Finalizando los años 40, fue enviado a Barranquilla, donde conoció a mi madre, se enamoraron y tiempo después se fueron a vivir a Londres. Posteriormente, cuando yo tenía tres años, mi padre fue enviado de nuevo a América, esta vez a La Habana, Cuba, a la cual llegamos con mi madre y mi hermano”.

De donde huyeron cinco años después tras el estallido de la Revolución cubana...

“Claro. Por aquella época, por obvios motivos, estábamos muy unidos con el embajador y con el consulado británico. Y da la coincidencia que nos tocó el triunfo de la Revolución, dirigida por Fidel Castro, sucedida entre el 31 de diciembre de 1958 y el primero de enero de 1959. Nosotros estábamos allí, en La Habana. Fue un momento de mucha tensión, sobre todo porque vivíamos al frente de la casa de Francisco Tabernilla, jefe del Estado Mayor del Ejército de Cuba durante la dictadura de Batista. Así que, en la noche de Nochebuena, hubo combates al lado del solar de nuestra casa. Seis meses después, salimos del país hacia Nueva York, porque era peligroso para ciudadanos británicos o americanos permanecer allí”.

Fue precisamente bajo la dictadura de Batista cuando usted, siendo todavía un niño, empezó a nutrirse de los ritmos antillanos y aprendió a tocar la guitarra...

“La primera que se animó a aprender a tocar la guitarra fue mi madre, motivada por una amiga suya, esposa del cónsul británico. Mi madre me enseñó los primeros acordes de guitarra y a ensayar canciones populares de la época, especialmente antillanas y afrocubanas”.

Después de Cuba vino Nueva York y luego Hawai, todo por el trabajo de su padre...

“Sí. Fue la época en la que Hawái fue anexado dentro de los cincuenta estados de Estados Unidos. Luego, la BOAC envió a mi padre a Caracas para abrir nuevas sedes comerciales en Colombia, Barbados y otras islas del Caribe. Allí me empecé a aficionar por el rock and roll, pues en mis ratos de ocio sintonizaba la BBC, donde pasaban canciones de Elvis Presley, de Chuck Berry, de The Beatles. La muerte de mi padre nos obligó a regresar a Inglaterra, a vivir en Clapham, distrito de Brixton, muy cerca de donde nació David Bowie. Era 1966, y estaban en su apogeo The Beatles, The Rolling Stones, The Kinks, The Who, surgía Jimi Hendrix, y el mismo Bowie, que, aunque no era famoso, ya tocaba en algunos establecimientos y se empezaba a ganar una buena reputación como músico local. Todo esto inspiró mis pretensiones roqueras”.

¿Esa fue la época en la que conoció a David Gilmour?

“Mi hermano, que es ocho años mayor que yo, me dijo: ‘Mira, conozco a un muchacho que acaba de entrar a un conjunto. Vamos a hablar con él para ver qué te recomienda para ser músico profesional’. Fuimos a almorzar con él. Era David, quien esa semana había sido llamado para integrar Pink Floyd, banda que ya gozaba de reconocimiento internacional. David me dio unas recomendaciones tan concretas y contundentes que cinco años después pude integrar Roxy Music, que fue mi primera banda profesional, y a los cuatro meses, ya estábamos en el número 4 de las listas británicas. Roxy Music fue un conjunto muy particular. Después de los dos primeros discos, cada integrante empezó a hacer otras cosas, sin desligarnos de la banda. Éramos curiosos y queríamos vivir diversas experiencias musicales por fuera de Roxy. En mi caso, quería conocer gente de la industria para experimentar sonidos nuevos. En aquel periodo, lancé un álbum con mi compañero de banda, Brian Eno, me estrené como productor con el disco Fear, de John Cale y publiqué mi primer trabajo en solitario”.

Vamos al mundo latino. Entiendo que su primera producción es en 1990, con la agrupación española Héroes del Silencio, con su álbum Senderos de traición.

“Realmente hubo un experimento previo con otra banda española llamada Los Mosquitos. Al tener un vínculo con el idioma español, y entender el significado de las palabras, quería trabajar en el mundo del rock latino. Descubrí que cada país tenía un sonido autóctono, lo cual se podía notar en artistas como Fito Páez, Paralamas o Aterciopelados. Un día fui a ver a Héroes y, tras veinte años de estar trabajando en la música, me sentía en la capacidad de reconocer talentos. Quedé sorprendido al escucharlos. Pensé: ‘¡Son increíbles!’. Eran muchachos que trabajaban muy duro y lo hacían muy bien, con un Enrique Bunbury que tenía una voz de león, un verdadero rockstar, una especie de mezcla entre Jim Morrison y Bono”.

En 1993 se reencontró con Héroes del Silencio, produjo El espíritu del vino, que fue un álbum doble...

“Un álbum doble genera muchas complicaciones en la producción, se vuelve demasiado extensa porque la grabación es más larga que la capacidad del soporte. Adicionalmente, había mucha presión para realizar una nueva gira y sacar un nuevo álbum, lo que generaba distracciones entre el grupo. A eso se sumó que estaban en un periodo alto de consumo de drogas. Todas estas situaciones les pasaron factura, tanto, que solo duraron dos años más. En lo que respecta a la producción, yo hubiera preferido que saliera un solo formato con diez canciones. Pero, igual, ellos estaban en un periodo de cambio, cargados de mucha creatividad y tenían muy buen material con el que se podía trabajar”.

Luego, en 1994, lo contactó Os Paralamas do Sucesso para que les produjera Severino, que no tuvo éxito comercial, pero dio un vuelco a su sonido. Además, con músicos invitados como Fito Páez y Brian May.

“Este disco no tuvo el éxito comercial esperado, quizás porque se trabajó bajo una propuesta muy experimental, en el que se incorporaron ritmos musicales del norte de Brasil a su tradicional estilo marcado por el ska y el reggae. Ellos habían conocido a Brian años atrás, y querían invitarlo para que tocara la guitarra en El vampiro bajo el sol; lo contactaron, y Brian aceptó complacido. Fue genial, pues también yo quería ensayar su guitarra, porque él utiliza una púa de seis peniques, lo cual no es normal, pero da un sonido diferente que se ajustó muy bien a lo que la producción buscaba. Por su parte, Fito fue el coautor y quien tocó el piano en esta canción”.

Ese mismo año, produce Circo Beat, para Páez, el segundo disco más vendido de su carrera.

“Viajé a Rosario, donde grabamos las bases. Fito quería cantar al aire libre mirando al Mediterráneo, así que lo llevé al estudio de grabación en Capri Digital, en la Isla de Capri. Después fuimos a mi estudio en Londres, y de allí pasamos a grabar en los estudios de George Martin, donde cantó y se realizaron las piezas orquestales. Fito es alguien que está lleno de ideas, sus letras y su música son muy profundas, y tiene una gran sensibilidad. Es un artista único en la historia del rock en español. Me llena de orgullo haber hecho parte de su discografía”.

En 1996, Robi Draco Rosa le pidió producir Vagabundo, que en 1997 la revista Spin lo ubicó en el top 10 de los mejores discos de rock latino de todos los tiempos.

“En algún momento pensé que Robi quería sacar un álbum de boleros, o algo por el estilo. Pero cuando llegó a Surrey, Inglaterra, trajo consigo unos músicos de Los Ángeles que tocaban bastante heavy, así que entendí que lo que quería hacer era algo más ‘duro’, pero con unas letras profundas, a lo que se adaptaba muy bien su tipo de voz, su forma de cantar, que iba entre lo heavy y lo dulce. Es espectacular, porque hay una herencia de sensibilidad de musical latina, no es una copia de lo que comercialmente se venía haciendo en Estados Unidos. El sonido de Vagabundo es innovador, porque tiene arreglos y características sonoras que no habían aparecido hasta ese momento en el rock en español”.

Ese mismo año produjo La pipa de la paz, de Aterciopelados, disco que los llevó a ser la primera agrupación colombiana nominada al premio Grammy como Mejor Álbum Latino/Alternativo.

“Son mis héroes. Andrea (Echeverri) y Héctor (Buitrago) son personas con una capacidad de trabajo que mezcla talento y creatividad. Logran adaptar ritmos autóctonos y tradicionales latinoamericanos, con el sonido comercial del rock. Además, su puesta en escena es muy ingeniosa y la composición de sus letras están marcadas por la ironía y el humor. Cuando nos encontrábamos en los Estudios Galery, en Surrey, nos enteremos de que había un grupo de joropo colombiano tocando en Londres, así que los contactamos y les preguntamos si les gustaría venir a los estudios para añadir ese ritmo a la producción, y ellos aceptaron encantados. Esto dio un sonido especial a algunas canciones del álbum, en el que se percibió la inclusión de música andina, y hasta vallenato”.

Para finalizar, háblenos de su experiencia de trabajar al lado de David Gilmour.

“Desde 1985, David estaba dedicado a su trabajo y a sus giras con Pink Floyd, así que en 2006 quiso hacer cosas diferentes. Aquel año me llamó para coproducir On an Island. Posteriormente hicimos tres discos más: Live in Gdańsk (2008), Rattle That Lock (2015) y Live at Pompeii (2017). Él pudo haber producido esos trabajos solo, pero quería escuchar otras opiniones sobre la pertinencia de tal solo de guitarra, de los instrumentos que deberían acompañar algunas canciones, de lo que se debería excluir; en síntesis, del sonido que se le quería dar a las producciones. Adicional a esto, en 2014 trabajamos en The Endless River, de Pink Floyd, el cual coprodujimos junto a Youth y Andy Jackson”.

Para escucharlo:

Phil Manzanera conversará con Fernando Gómez. Domingo, 28 de enero, 10:00 a. m., Centro de Formación de la Cooperación Española (Hay Festival Cartagena).

*Corrector de estilo y organizador de la Chiva Rockera de la Fiesta de las Flores.

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