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Hegemonías difusas

En este número nos embarcamos a explorar la forma en que miramos la política, casi siempre como un duelo entre izquierda y derecha, y cómo está cambiando la geopolítica del poder global. Y nos preguntamos por nuestras relaciones con los animales, al tiempo que reflexionamos sobre las representaciones de series como Griselda, el cine hecho por mujeres y los nuevos espacios para el arte que se abren en Medellín.

  • Ilustración Laura Ospina
    Ilustración Laura Ospina
  • Ser nómada digital: eso de viajar y trabajar al mismo tiempo
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Ser nómada digital: eso de viajar y trabajar al mismo tiempo

Cada vez son más personas las que dejan sus ciudades y países para ir por el mundo viajando y trabajando al mismo tiempo.

Juan Alcaraz | Publicado

Una persona nómada digital rompe el cascarón y vuela. Estar en lugares distintos se convierte en su estilo de vida. Una noche puede estar durmiendo en un hostal en el Caribe y al siguiente mes ve el amanecer desde la punta de una montaña: vive y trabaja remotamente.

En los últimos años —y más después de la pandemia—, la popularidad de estos nuevos esquemas de trabajo permiten la posibilidad de cumplir las labores desde diferentes lugares y permanecer en contacto con las empresas sin importar la distancia, basta con tener un computador y una conexión a internet buena y segura.

Un reciente estudio realizado por WeWork y Michael Page, reveló que el 80% de los trabajadores en Colombia acepta el nomadismo digital, y en la actualidad el 23% de los encuestados (millennials) declararon haber sido o continuar siendo nómadas digitales.

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Medellín es una ciudad que gusta y a la que cada vez llegan más. Alberto Rodríguez, presidente ejecutivo de la inmobiliaria Century 21, dice que
“el clima es esencial. También la calidez de las personas, se sienten muy bien atendidos. Otra cosa es lo económico, porque lo que ganan en sus empresas lo ven como una capacidad adquisitiva fuerte que no la ven en sus países. Colombia y Medellín están en un punto geográfico perfecto para trabajar, sobre todo para los extranjeros de Estados Unidos, España y Latinoamérica. Cada vez llegan más porque se ha generado un voz a voz de buenas experiencias”.

Las personas ya no quieren estar estáticas en un solo lugar, le huyen a la monotonía, dijo Juan Carlos Peñaloza, country manager de WeWork Colombia y Costa Rica. Esta empresa de espacios de trabajo conjunto, por ejemplo, tiene 542.000 miembros en 151 ciudades de todo el mundo. Los nómadas digitales prefieren opciones flexibles que les permitan movilizarse y viajar sin que esto represente un obstáculo para el desarrollo de sus actividades: utilizan la tecnología para desarrollar sus actividades desde cualquier punto geográfico. También lo hacen en cafeterías o habitaciones de hotel.

Pero no solo se instalan en las grandes urbes. En Jericó, al suroeste de Antioquia, hay un claro ejemplo de cómo esta tendencia se expande por todos los rincones del planeta. En la vereda El Edén, a 15 minutos del pueblo, está Riverside, un coworking rural para nómadas extranjeros que llegan y trabajan de forma remota: hay oficinas y salas de reuniones totalmente equipadas que ofrecen un ambiente cómodo y tranquilo con una impresionante vista del paisaje. Es el primero del continente.

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Y es que la flexibilidad de los trabajos remotos les brinda la libertad de organizar sus propios horarios, y esto se traduce en poder equilibrar sus compromisos laborales con los entornos del viaje. Por eso, para estas personas son claves aspectos como la cultura local y el idioma, el tipo de clima y el estado de las libertades civiles, el transporte público y la proximidad a playas y montañas.

En otra investigación de la consultora McKinsey, se conoció que el 59% de trabajadores entre 18 y 34 años estarían dispuestos a abandonar su empleo al no tener opción de trabajar de manera remota. En 2019, en Estados Unidos habían 7,3 millones de nómadas digitales y para 2021 la cifra se duplicó: alcanzó 15,5 millones.

¿Por qué deciden ser nómadas?

En esa búsqueda de encontrar nuevas experiencias hay algo que por momentos enfrentan los nómadas digitales: el miedo. El miedo a salir de la zona de confort. ¿Por qué pasa esto? Según la neurocientífica Stephanie Mullen Raymond, toda información nueva que viene con los cambios entra a la parte frontal del cerebro y para que ella pueda ser establecida debe pasar a la parte trasera de este órgano.

En ese camino la información pasa por la amígdala, una estructura que es el centro del cerebro, que tiende a querer proteger, pero lo hace de forma exagerada. La amígdala es esa voz interna que muchas veces murmura y pone a dudar las ideas.

“Cuando se sale del área de confort, normalmente esto viene acompañado de una dosis de dopamina por haber logrado lo que se quería”, agregó. En ese sentido, la dopamina es ese neurotransmisor que produce placer por viajar, conocer otros lugares y personas, vivir nuevas experiencias, ubicarse en una situación un poco incómoda pero llena de aprendizajes. Es la dopamina la que en los nómadas digitales produce querer estar viajando todo el tiempo.

Por otro lado, en los casos de las personas que en medio de estas experiencias buscan un poco más de aventura, se produce una sustancia química llamada noradrenalina que permite la excitación cerebral que también suele ser placentera. Por eso se salta de paracaídas, se navega por ríos caudalosos. Situaciones de riesgo en las que el cerebro busca más adrenalina.

Viajar trae beneficios para los nómadas digitales, más allá de conocer nuevos lugares y nuevas culturas. Mullen explicó que esas experiencias llevan a una estimulación cognitiva significativa que da como resultado la adaptación a nuevos entornos, resolver problemas y tiende a presentarse un aumento de la creatividad.

Y eso no es todo. Cuando se es nómada digital o simplemente nómada que viaja por el mundo, también se da un aumento de la flexibilidad mental, porque se tiene que estar dispuestos a los cambios en el momento, a adaptarse a los nuevos escenarios.

“Quieren conocer nuevos mundos porque cuando se viaja o trabaja en otros lugares hay una ampliación de la perspectiva a la acostumbrada y esto ayuda a que se desarrollen habilidades sociales y emocionales, porque se tiene que lidiar con otras personas que han crecido y vivido en un entorno muy distinto”, dijo la experta.

Otro aspecto, quizás el más relevante para la mayoría de los partidarios del nomadismo digital, es la sensación de libertad, escapar de la rutina que trae la monotonía. Viajar puede reducir el estrés y promover el bienestar mental, entonces cuando se reduce el nivel de cortisol se libera dopamina y eso hace que se quiera repetir la experiencia, conocer el mundo, devorarlo mientras trabajan al mismo tiempo

En primera persona

Daniel Loaiza y Laura Pardo

“Nuestra primera experiencia como nómadas digitales fue en 2018, viajamos durante un mes a Brasil con el trabajo en la mochila. Dividimos el tiempo entre conocer y cumplir con los compromisos. De ese viaje llegamos con la idea de que este podría ser un modo de vida que disfrutaríamos. Sin embargo, no fue hasta principios de 2021, cuando la pandemia estaba terminando, que empezamos a planear cómo queríamos vivir de ahí en adelante.

Decidimos vender todo lo que teníamos y empezar a viajar con nuestra perra y lo que nos cupiera en el carro. Todo lo que no fuese indispensable salió de nuestras vidas. La idea es llegar hasta Brasil, pero sin afán, así que nuestro plan es pasar entre tres y cuatro meses en cada ciudad, mientras estamos en Colombia, y tres meses en cada país de acá a Brasil.

Hemos vivido en Puerto Colombia, Atlántico; en Bogotá, y actualmente estamos en Ibagué. Pronto llegaremos a Cali. En cada una de las ciudades hemos podido evidenciar la multiculturalidad de Colombia, hemos aprendido a ser mucho más tolerantes y respetuosas con las diferencias, pero sobre todo a entender que el control es una ilusión.

A veces tenemos planes de conocer ciertos lugares y todo puede cambiar en cualquier momento, como nos pasó en el Tolima con la alerta del volcán: sortear esos momentos o simplemente estar quietas también hace parte del viaje.

Estar en constante movimiento es uno de los mecanismos más dinámicos que hemos encontrado para aprender y renovar nuestras ideas. También eliminar prejuicios con los que cargamos. Y aunque puede sonar cliché, definitivamente cuando te mueves todo a tu alrededor se mueve.

Obviamente la posibilidad de conocer nuevos lugares y expandir el abanico de experiencias es uno de nuestros principales motores, pero hay un beneficio con el que no contábamos al iniciar este viaje: tener un tiempo, no corto, pero sí limitado en cada lugar, nos ha puesto a considerar siempre nuestras prioridades para aprovechar el tiempo al máximo.

Parece mentira, pero ser mujeres es todo un reto en este viaje. Viajar solas siempre supone un riesgo y es algo con lo que andamos en mente. Las carreteras de Colombia no se quedan atrás, algunas son increíbles, pero hay otras que parecen de película de terror. Nuestra vida social es uno de los retos más grandes que aún tenemos: encontrar espacios y experiencias para compartir con gente nueva no siempre es fácil.

Económicamente todavía es desafiante, ya que hay ciudades más costosas que otras, y como el factor seguridad es importante para nosotras, esto hace que los costos de vida varíen mucho. Por último, hay un aspecto con el que estamos aprendiendo a lidiar: la ansiedad de un nuevo lugar, que el tiempo nos permita terminar de disfrutar el espacio antes de habitar el siguiente, la próxima parada”.

Ser nómada digital: eso de viajar y trabajar al mismo tiempo

Santiago Aguirre

“Desde hace 1 año y medio que me ofrecieron un trabajo 100 % remoto. En ese momento tenía una relación a distancia, lo cual para mí fue un factor en la decisión porque nos facilitaba muchísimo las posibilidades de vernos.

Estaba viviendo en Canadá y pude irme a Colombia unos meses a ver a mi pareja y a mi familia. Luego estuve en México, Estados Unidos, Italia, Marruecos, Puerto Rico, entre otros lugares.

El beneficio más grande para mí es ahorrarme los altos costos de vida en Toronto, trabajando desde un lugar donde con un dólar se puede comprar más. Además de eso, la flexibilidad de estar en cualquier lugar sin sacrificar el ingreso permite visitar lugares y personas en cualquier momento mientras que antes me tocaba planear con mucha anticipación y sacar vacaciones que además eran muy limitadas. Otro beneficio es conocer gente en todas partes que abre nuevas puertas o posibilidades.

El reto más grande para mí ha sido trabajar en un ambiente completamente virtual. Aunque a muchxs de nostrxs nos tocó hacer esto en la pandemia, la socialización que se da en una oficina es difícil de reemplazar en la virtualidad. Por eso cada vez que tengo la oportunidad voy a trabajar desde un lugar público donde haya otras personas trabajando, ya sea un café o un espacio de coworking, pero aun así nunca va a ser igual a estar al lado de las personas con las que trabajas. En mi caso, eso es lo que más extraño: la conexión humana.

Otro reto personal es acostumbrarse a viajar con lo mínimo y vivir sin muchas cosas. Ya hablando de un reto más social de esta ola de nómadas digitales es la gentrificación que se da en los barrios turísticos donde se asientan la mayoría de estas personas. Principalmente, hace que el costo de arriendo en esos barrios suba a costa de la población local.

¿Que si se necesita plata para ser nómada digital? Sí, se necesita tener un ingreso constante, no tiene que ser fijo, porque muchos nómadas digitales trabajan como freelance, por contratos, pero la definición misma de nómada digital implica estar trabajando mientras viajas. Claramente es más fácil para las personas que ganamos en dólares lograr esto porque para quienes ganan en pesos los destinos a donde pueden viajar para ahorrarse costos son mucho más limitados”.

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