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Resguardos Indígenas confinados por el horror

Grupos armados sembraron minas en la selva de Murindó y dispararon en un caserío indígena

  • Los nativos de Chajeradó conservaron las vainillas de los rafagazos del clan del Golfo en su resguardo ancestral. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Los nativos de Chajeradó conservaron las vainillas de los rafagazos del clan del Golfo en su resguardo ancestral. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • Por acción de los criminales, 2.122 indígenas están confinados en la selva del municipio antioqueño de Murindó. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Por acción de los criminales, 2.122 indígenas están confinados en la selva del municipio antioqueño de Murindó. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • Los indígenas denunciaron que temen salir al monte a sembrar y cazar para su sustento alimentario. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Los indígenas denunciaron que temen salir al monte a sembrar y cazar para su sustento alimentario. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • Las ráfagas de los fusiles iluminaron la noche en medio de insultos demenciales, los niños comenzaron a llorar en el interior de los tambos. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Las ráfagas de los fusiles iluminaron la noche en medio de insultos demenciales, los niños comenzaron a llorar en el interior de los tambos. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • Los indígenas están entre la espada y la pared , anhelan recuperar la libertad de andar en el monte, sin que una mina les recuerde que esa selva dejó de ser su paraíso. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Los indígenas están entre la espada y la pared , anhelan recuperar la libertad de andar en el monte, sin que una mina les recuerde que esa selva dejó de ser su paraíso. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • En sus rostros reflejan su temor y preocupación por que los grupos ilegales vuelvan a ingresar a sus resguardos a generar terror. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    En sus rostros reflejan su temor y preocupación por que los grupos ilegales vuelvan a ingresar a sus resguardos a generar terror. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • Once familias conformadas por 62 personas, se desplazaron de manera forzada de Chajeradó al casco urbano de Murindó. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Once familias conformadas por 62 personas, se desplazaron de manera forzada de Chajeradó al casco urbano de Murindó. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • En el caserío de Chajeradó habitan 230 personas en 30 kioscos, una tienda y una escuelita de tres aulas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    En el caserío de Chajeradó habitan 230 personas en 30 kioscos, una tienda y una escuelita de tres aulas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • En sus rostros reflejan su temor y preocupación por que los grupos ilegales vuelvan a ingresar a sus resguardos a generar terror. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    En sus rostros reflejan su temor y preocupación por que los grupos ilegales vuelvan a ingresar a sus resguardos a generar terror. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • Los indígenas están entre la espada y la pared , anhelan recuperar la libertad de andar en el monte, sin que una mina les recuerde que esa selva dejó de ser su paraíso. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Los indígenas están entre la espada y la pared , anhelan recuperar la libertad de andar en el monte, sin que una mina les recuerde que esa selva dejó de ser su paraíso. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • En el caserío de Chajeradó habitan 230 personas en 30 kioscos, una tienda y una escuelita de tres aulas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    En el caserío de Chajeradó habitan 230 personas en 30 kioscos, una tienda y una escuelita de tres aulas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • En sus rostros reflejan su temor y preocupación por que los grupos ilegales vuelvan a ingresar a sus resguardos a generar terror. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    En sus rostros reflejan su temor y preocupación por que los grupos ilegales vuelvan a ingresar a sus resguardos a generar terror. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • En el caserío de Chajeradó habitan 230 personas en 30 kioscos, una tienda y una escuelita de tres aulas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    En el caserío de Chajeradó habitan 230 personas en 30 kioscos, una tienda y una escuelita de tres aulas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • Los indígenas están entre la espada y la pared , anhelan recuperar la libertad de andar en el monte, sin que una mina les recuerde que esa selva dejó de ser su paraíso. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Los indígenas están entre la espada y la pared , anhelan recuperar la libertad de andar en el monte, sin que una mina les recuerde que esa selva dejó de ser su paraíso. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • Los indígenas se opusieron al ingreso del ejercito a sus resguardo por que temen que se presente un enfrentamiento de las tropas con los ilegales y que haya daño colateral de los civiles. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Los indígenas se opusieron al ingreso del ejercito a sus resguardo por que temen que se presente un enfrentamiento de las tropas con los ilegales y que haya daño colateral de los civiles. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • Los nativos de Chajeradó conservaron las vainillas de los rafagazos del clan del Golfo en su resguardo ancestral. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Por acción de los criminales, 2.122 indígenas están confinados en la selva del municipio antioqueño de Murindó. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Los indígenas denunciaron que temen salir al monte a sembrar y cazar para su sustento alimentario. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Las ráfagas de los fusiles iluminaron la noche en medio de insultos demenciales, los niños comenzaron a llorar en el interior de los tambos. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Los indígenas están entre la espada y la pared , anhelan recuperar la libertad de andar en el monte, sin que una mina les recuerde que esa selva dejó de ser su paraíso. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • En sus rostros reflejan su temor y preocupación por que los grupos ilegales vuelvan a ingresar a sus resguardos a generar terror. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Once familias conformadas por 62 personas, se desplazaron de manera forzada de Chajeradó al casco urbano de Murindó. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    En el caserío de Chajeradó habitan 230 personas en 30 kioscos, una tienda y una escuelita de tres aulas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    En sus rostros reflejan su temor y preocupación por que los grupos ilegales vuelvan a ingresar a sus resguardos a generar terror. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Los indígenas están entre la espada y la pared , anhelan recuperar la libertad de andar en el monte, sin que una mina les recuerde que esa selva dejó de ser su paraíso. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
  • En el caserío de Chajeradó habitan 230 personas en 30 kioscos, una tienda y una escuelita de tres aulas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    En sus rostros reflejan su temor y preocupación por que los grupos ilegales vuelvan a ingresar a sus resguardos a generar terror. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    En el caserío de Chajeradó habitan 230 personas en 30 kioscos, una tienda y una escuelita de tres aulas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Los indígenas están entre la espada y la pared , anhelan recuperar la libertad de andar en el monte, sin que una mina les recuerde que esa selva dejó de ser su paraíso. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
    Los indígenas se opusieron al ingreso del ejercito a sus resguardo por que temen que se presente un enfrentamiento de las tropas con los ilegales y que haya daño colateral de los civiles. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero
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