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Hegemonías difusas

En este número nos embarcamos a explorar la forma en que miramos la política, casi siempre como un duelo entre izquierda y derecha, y cómo está cambiando la geopolítica del poder global. Y nos preguntamos por nuestras relaciones con los animales, al tiempo que reflexionamos sobre las representaciones de series como Griselda, el cine hecho por mujeres y los nuevos espacios para el arte que se abren en Medellín.

  • La profesora Maritza Sánchez reflexiona sobre las conversaciones en una clase que se llama Pensamiento V en la Universidad de Antioquia. Ilustración: Elena Ospina.
    La profesora Maritza Sánchez reflexiona sobre las conversaciones en una clase que se llama Pensamiento V en la Universidad de Antioquia. Ilustración: Elena Ospina.

Tiempo para pensar en clase

Maritza, profesora de la materia Pensamiento V de la U de A, reflexiona sobre lo que pasa cuando hay un espacio para dialogar.

Texto Maritza Sánchez Hernández | Publicado

Mari.

Hola.

¿Te puedo llamar?

(Noviembre de 2022)

En esa llamada, a finales de noviembre pasado, mi amiga Lina Marín me propuso que la apoyara con su cátedra Pensamiento V. No tuve que pensarlo mucho. A pesar de la cercanía de diciembre y las ganas de parar un poco y desconectarlo todo, ser profe de cátedra para apoyar este curso era tentador. Un semestre atrás asistí como invitada para conversar con Lina y las estudiantes sobre lo que etiquetamos entre todas como: trabajos de mierda, que no son pocos cuando te gradúas como comunicadora social.

Lini, ¿y qué pensamos en Pensamiento V?

¿Qué pensaron en los anteriores Pensamientos?

(Diciembre de 2022)

Lea otro texto de Maritza en Generación: Avatares con problemas reales

Pensar no es el primer verbo conectado con quienes estudiamos comunicación. En 2007 tenía a cargo un curso teórico-práctico por primera vez. Se llamaba Radio Digital. Un estudiante me gritó en la cara que él no tenía obligación de leer, que él estaba en este curso por obligación, porque lo que en realidad quería era graduarse para hacer películas y ganar premios en Cannes o San Sebastián. Me quedé fría: ni antes ni ahora veo posible hacer sin pensar, sentir, preguntar, entender lo que hay más allá de lo obvio, en las orillas y en los intersticios. Aquel estudiante, hoy cineasta, sí ha ganado más de un premio importante. El pensamiento en un pregrado de comunicaciones, escribió Lina, lleva a “filosofar sobre la comunicación y hacernos preguntas por el papel que cumplimos, por el trabajo que hacemos, por el mundo en el que vivimos. Es a partir de esas preguntas que podemos elaborar, imaginar y construir posibilidades para ser comunicadores en el siglo XXI y aportar a la transformación social”.

Como es muy buena profe, la Facultad no quiere dejar ir a Lina, que por cosas de la vida se trasladó a otra ciudad. Por eso aceptaron que entre las dos siguiéramos con el curso: ella virtualmente, yo en vivo y en directo. Al parecer esta modalidad tiene sentido para estudiantes que andan hasta la coronilla ya de solo virtualidad: desde inicios de la pandemia han sido muchas las clases obligatorias vía Zoom en las que nadie quiere activar su cámara y profes como Lina procuran el mejor de los mundos educativos posibles.

“El mundo entero necesita una sacudida”

Dice la entradilla a uno de los temas de Pensamiento V: conflicto capital-vida. Ahí mismo, en la plataforma Medium, están dispuestos los materiales y provocaciones que conversamos semana tras semana. En una de ellas Lina me emociona: “Vamos a ver qué quiere decir esto”.

Vamos, en plural

Aplaudo este escenario colectivo de lo incierto, en donde a través de clases coproducidas a cargo de estudiantes y su propio ingenio, lecturas y audición de pódcast, debates, evaluaciones abiertas y colectivas, escritura de ensayos, foro y salida de campo, nos metemos, perdemos y encontramos en asuntos asociados a bienes y males comunes: Necropolítica y capitalismo Gore; amor y pensamiento; luchas sociales y actos de creación; tiempo, trabajo y explotación; viralidad y redes sociales; comunicación, medios y mediaciones como dispositivos de transformación. La clase es los lunes de ocho a doce. Llegué a comienzos de un semestre raro y entrecortado, como casi siempre en esta universidad pública en la que nosotras nos conocimos en nuestro primer día de clases: el 11 de septiembre de 2001.

Cuánto necesitábamos hablar en esos tiempos: ¡quiero devolverme para tomar este curso! Pero ahora yo soy la profe y, por más inteligencia artificial que haya, no es posible viajar en el tiempo. Lina me pidió un favor, sin saber que la favorecida soy yo al poder acompañar estos encuentros que nos dan chance a estudiantes y profes de pensar, no saber, preguntar, esculcar más allá de lo predecible: avivar sin susto el pensamiento crítico.

¡Pasé a la universidad! Lo vi en el periódico.

Mamá, papá y algunas tías estaban felices.

Un tío me dijo sin rodeos: eso es un nido de guerrilleros, cuidado con quién se relaciona, no opine ni pregunte nada. Vaya a estudiar, y listo.

(Marzo de 2001)

Para preguntar, entender y contar era que quería estudiar comunicación; lo que con buenas intenciones me recomendaba mi tío era, ni más ni menos, un sinsentido. Ya venía agotada de un colegio público envigadeño en el que tampoco era posible mirar, preguntar o discutir: había allanamientos frecuentemente, la policía se llevaba a dos o tres compañeros que volvían al otro día a clases como si nada, imposible saber más sobre los paquetes escondidos en los sanitarios de los baños de mujeres, nada qué decir sobre los robos de maletas lesportsac o calculadoras científicas, ir en silencio a los entierros de compañeros y profesores. Prohibido mirar o preguntar y, para mayor seguridad: prohibido pensar. Pasé a la universidad en el año 2001: pleno fervor del paramilitarismo, cuando era más vital guardar silencio que romperlo.

A mí la familia me pregunta: ¿Pero usted estudia comunicaciones solas o comunicación social?, cuenta Jacobo.

Como si la comunicación no fuera toda social, replica Manuela con un serio tono de burla.

Si no es social ¿qué más va a ser la comunicación pues? Eso es como redundante, insiste Jacobo.

(Enero de 2023)

En la primera década del siglo XXI, mientras emergían la web social y las versiones digitales de los grandes medios tradicionales en los que soñábamos trabajar, muchachas como Lina y yo recibíamos nuestros cartones de pregrado en la Universidad de Antioquia: Comunicador social-Periodista. Solían leer el guion entre social y periodismo como un “menos”: Comunicadora social, menos periodista. El chiste tan malo ha vuelto ahora en forma de pregunta, en medio de un debate sobre comunicación, medios y mediaciones como dispositivos de transformación social. Y así son ahora los lunes, gracias a Pensamiento V: meten la cucharada, hilan subjetividades con temas que tienen que ver con desigualdades y tensiones que nos atraviesan aquí y en la China. Sus pareceres se conectan con textos de Byung Chul Han o Zygmunt Bauman, entrevistas en YouTube a Rita Segato, la escucha de Macarena Podcast o capítulos de series como Black Mirror, Sex Education o El cuento de la criada. Llegamos a clase para cumplir el deber, sí, porque así funciona aún este sistema educativo, pero hay un fuego encendido en los temas de los ensayos que nos enviarán este viernes; en la salida de campo a Cisneros con tirada de charco incluida, en la que, entre otros asuntos, hablaremos sobre los recursos hídricos como bienes comunes y cómo están amenazados por las lógicas dominantes del capitalismo.

Solo el tiburón sigue intranquilo

Solo el tiburón sigue acechando

(Suena la voz de Rubén Blades)

A veces me entretenía en Gato Pardo o Brisas de Costa Rica escuchando y bailando las canciones de Eddie Palmieri, Rubén Blades y Roberto Roena y no iba a clase. Por eso, por desidia, la única materia que perdí entre 2001 y 2007 fue Comunicación para el desarrollo. Varios años después entendí ésta como una de las más relevantes en ese anquilosado pénsum de la época.

“Antes mucha gracia”

Estudiamos comunicación social en un tiempo en el que lo análogo parecía condenado al derribo y el digital era aún un ecosistema mediático con todo por explorar y construir. Hoy decimos entre risa, orgullo y frustración: antes mucha gracia. Una profe nos mostraba metodologías de la investigación mediante retroproyectores, filminas y frases de otro tiempo que no fue digital. Sobre televisión aprendimos viendo en tacos de VHS lo que otros hicieron, casi nunca haciendo. Fue un privilegio aprender fotografía con cámaras que ahora llaman vintage, mientras Nelson, técnico del cuarto oscuro, nos rogaba no desperdiciar los químicos ni abrir la puerta a destiempo para no velar los rollos ajenos. Con una buena amiga vimos Cine II con Dunav Kuzmanich. En una modalidad no convencional, vivimos inolvidables conversaciones cinéfilas los sábados por la mañana en un sótano del barrio La América. Las clases en las que podíamos libre y enérgicamente pensar no eran muchas: lo importante era graduarse.

Estos lunes de ahora liberan. Qué buena suerte ser parte de un curso en el que podemos resistir a la sociedad del cansancio y del rendimiento, como rompiendo el conjuro que empuja a comunicar sin reflexionar ni un poco e incita a correr para decirlo todo en menos de un minuto... aunque no digas nada. Tener tiempo para pensar resulta refrescante en este valle de bits, innovaciones y tonterías artificiales.

*Maritza Sánchez Hernández

Comunicadora social, periodista, radialista. Profesora de cátedra y gestora de cultura digital en la Universidad de Antioquia. Creadora de Ancestra: conversaciones sobre derechos con mujeres campesinas y poblaciones diversas.

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