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Hegemonías difusas

En este número nos embarcamos a explorar la forma en que miramos la política, casi siempre como un duelo entre izquierda y derecha, y cómo está cambiando la geopolítica del poder global. Y nos preguntamos por nuestras relaciones con los animales, al tiempo que reflexionamos sobre las representaciones de series como Griselda, el cine hecho por mujeres y los nuevos espacios para el arte que se abren en Medellín.

  • El rapero Baby Keem. Foto: Getty
    El rapero Baby Keem. Foto: Getty

Apuntes sobre highway 95, de Baby Keem

El rapero Baby Keem, primo del legendario Kendrick Lamar, tiene una voz suave, aguda, tierna, que se desliza por la pista con facilidad y gracia, dice el autor de la nota mientras remora su pasado y un amor que lo dejó en vilo.

Daniel Rivera Marín | Publicado

En 1998, cuando ella apenas estaba naciendo, yo escuché a los Fugees. Me los presentó un primo mayor que andaba con unos raperos de la comuna 13, ese primo escondía un revolver en los pantalones anchos y ya era un mariguanero consumado. El caso es que años después, cuando la conocí y revolvió mi mundo —yo golpeé el de ella como un huracán, ignorante de mi desdichada violencia—, nos unió una canción que fue fundamental para mí de ese disco: Killing me softly. Escuchamos varias versiones: la de Frank Sinatra, la de Roberta Flack, la de Omara Portuondo y entonces cantaste cuando yo tocaba la guitarra y la letra se hizo realidad: “I heard he sang a good song, I heard he had a style / And so I came to see him, and listen for a while / And there he was, this young boy, stranger to my eyes”.

Me encantaba la voz de Lauryn Hill, cascada, alta, raspy, luego aniquilada por el sonido del beat y las palabras nigas de Pras y Wyclef Jean; de repente Lauryn Hill se echaba para atrás y sonaba contrainstinto —el instinto de su voz es subir, no bajar— tocando las cuerdas que solo los cantantes de verdad pueden: las de la angustia. Ella hacía lo mismo: el contrainstinto, la voz baja y bella, tocar las cuerdas de la angustia.

Estos días estaba escuchando un disco de Kendrick Lamar en Spotify y apareció una anomalía: Killing me softly en la versión de los Fugees, pero sampleada. Hay que tener muchas agallas para samplear un clásico, porque casi siempre sale mal, pero este sonaba respetuoso y bello y moderno, como cuando Ricardo Piglia hacía sus juegos borgeanos y creaba nueva literatura. El rapero se llama Baby Keem y la canción highway 95. Baby es primo de Kendrick Lamar y tiene una voz suave, aguda, tierna, que se desliza por la pista con facilidad y gracia, como Maelo cuando canta El incomprendido: que no canta, dice verdades, predica.

En un principio, la letra de la canción no tiene importancia, lo que importa es que la armonía, la melodía, la batería en un rulo sobre el redoblante y el tranquilo walking bass hacen un juego perfecto, como esas canciones que uno quiere escuchar cuando está manejando y recibe el viento. Es una pieza redonda, la voz suave de Baby hace de todo eso una delicia tranquila, pero el sampleo de Lauryn Hill incendia la canción desde atrás y la llena de angustia, es una trampa para caer en la narración, que es un infierno.

La letra de highway 95 parece escrita por Earn, el protagonista de la serie Atlanta —interpretado por Donald Glover, que es Childish Gambino, para más señas—: parece sacada de una cabeza atormentada: el narrador le dice a su mujer que prepare comida, que ya tomo la autopista 95 y va directo a casa, sin embargo, algo pasa con el carro, lo lleva al mecánico y le dice que falló la transmisión. Ese evento fortuito detona en una carta de despecho, de engaños, de amor frustrado, de las mujeres fuertes, de una madre sufrida.

Pocas veces un rap que no entiendo me llega hondo, y este lo hizo porque me hablaba a la emoción, al recuerdo. No he parado de escucharlo. Veo cosas dobles: la Medellín de 1998, cuando yo tenía 11 años y caminaba por las calles de Belén con muchachos que se hacían pandilleros, que andaban armados y escuchaban rap de Wu Tang Clan y canciones de Molotov, algunos ya están muertos. Veo esas noches cuando esa mujer cantaba como si llevara mi corazón en las manos, lo llevaba. No se dañó la transmisión de mi carro, falló la vida y apareció una canción, no fue la canción, fue la voz de Lauryn Hill revolviendo el pasado viejo, el pasado nuevo.

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Daniel Rivera Marín

Editor General Multimedia de EL COLOMBIANO.

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