<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">

Generación — Edición El Cambio
Cerrar
Generación

Revista Generación

Edición
EL ENCARGO INEVITABLE

En este número nos embarcamos a explorar la forma en que miramos la política, casi siempre como un duelo entre izquierda y derecha, y cómo está cambiando la geopolítica del poder global. Y nos preguntamos por nuestras relaciones con los animales, al tiempo que reflexionamos sobre las representaciones de series como Griselda, el cine hecho por mujeres y los nuevos espacios para el arte que se abren en Medellín.

  • El club de astronomía para ciegos de El Planetario se llama El Ojo sonoro. Fotos Carlos Velásquez
    El club de astronomía para ciegos de El Planetario se llama El Ojo sonoro. Fotos Carlos Velásquez
  • Los otros sentidos son muy importantes cuando se es ciego o sordociego.
    Los otros sentidos son muy importantes cuando se es ciego o sordociego.
  • El club se creó en 2014.
    El club se creó en 2014.

Mirar al cielo aunque los ojos no funcionen

En el Planetario de Medellín hay un club de astronomía para ciegos. El Ojo Sonoro funciona hace nueve años.

Manuela Espinal Solano | Publicado

El Planetario de Medellín tiene hoy un club de astronomía para ciegos llamado El Ojo Sonoro. Hace nueve años, antes de que existiera, era poco lo que una persona con discapacidad visual podía encontrar en el lugar.

Andrés Ruiz, biólogo y programador del Parque Explora, quien hoy lidera el club, cuenta que en 2014 se escuchaba una pregunta en El Planetario: “¿Hay material para nosotros?”. Decenas de ciegos llegaban a la biblioteca en busca de braille, texturas, formas. Algo que los ayudara a entender el mundo exterior, la oscuridad que todos compartimos: la del universo. Y aunque no había material, o no el suficiente, la pregunta abrió una posibilidad.

El Planetario, en asociación con la Unidad Nacional de Limitados Visuales, creó un club de lectura en voz alta. Andrés lo recuerda así: “Arrancamos leyendo Cosmos de Carl Sagan, pero no se pudo. Cada vez que empezaba a leer llovían mil preguntas, siempre se interrumpía la lectura, y como las preguntas ameritaban la pausa, supimos que había que idear otras estrategias para hablarles de astronomía”.

Así ha ocurrido con la música que, increíblemente, es un gran recurso para traducir las luces de la galaxia. La Nasa ya empezó a hacerlo: toma una imagen de la Vía Láctea y la pasa por un escaneo. Las diferentes estrellas y los cuerpos celestes arrojan ciertos datos que, agrupados, tienen sonidos característicos: así se crea la música del universo.

El Planetario también ha creído en la unión de la música y la astronomía y, cada tanto, organiza las Navegaciones Planetarios, conciertos con la Filarmónica de Medellín acompañados de una astrovisualización en pantalla gigante, un recorrido desde el fin del universo hasta el detalle más diminuto de la tierra.

En uno de estos conciertos, Andrés se llevó al club, les puso audífonos y mientras escuchaban la música él les traducía el video de imágenes a palabras: “Muchas veces resulta provechoso cerrar los ojos para ver de nuevas maneras”, dice.

Desde 2014, año en que se abrió el club, la cantidad de miembros no ha cambiado demasiado. El Ojo Sonoro se ha dado a conocer, sobre todo, por el voz a voz y, aunque al principio esto atrajo a más de un curioso, se ha configurado más bien como un club pequeño. No es cerrado, de hecho, no es solo para personas ciegas. Sin embargo, la mayor asistencia que han tenido ha sido de unas 10 personas. La menor, de una sola: León Restrepo, un hombre de 67 años que perdió la visión hace 24 y que sueña —siempre lo ha hecho— con ser astrónomo.

Para Andrés, esto no es ningún fracaso. Una sola persona, especialmente León, tiene las dudas y el entusiasmo suficientes para hacer de una sesión de El Ojo Sonoro algo entretenido. Gracias al club, a la inquietud que despertó, El Explora adaptó el Acuario para que los ciegos pudieran disfrutarlo también: antes, para ellos, era un simple vidrio. Ahora, pueden escuchar el ambiente acuático y sentir las texturas de peces, almejas y corales.

Los otros sentidos son muy importantes cuando se es ciego o sordociego.
Los otros sentidos son muy importantes cuando se es ciego o sordociego.

***

Silvia Congote asiste hace cuatro años al club, aunque ahora con menos frecuencia porque no le alcanza el tiempo para otra actividad social: teje en malla, está aprendiendo flauta y piano y hace artesanías en porcelanicrón.

Perdió la visión de forma paulatina, lentamente se le fue cerrando el campo visual. Lo entiende como una forma de misericordia y da gracias a Dios por eso, por no haberla perdido de inmediato, como si no sonara terrorífico irse quedando ciego de a poco. La enfermedad, que la acompaña desde pequeña, le permitió irse acomodando a la oscuridad.

Silvia no es solamente ciega.

La llamé antes de conocerla, imaginando que el día del encuentro del club la euforia no le dejaría mucho tiempo para conversar. Durante toda la llamada, al fondo, sonaron unas campanitas, de esas que se cuelgan en los balcones y que con el viento hacen música o sueltan notas. Silvia guio la conversación todo el tiempo con generosidad y alegría, casi parecía que hablaba sin poder dejar de sonreír. En medio de sus historias soltó que también era sorda. “No entiendo, Silvia, ¿cómo estamos hablando entonces?”.

Dijo que tenía un aparato que le permitía oír, que la audición la venía perdiendo también desde pequeña por el síndrome de Usher tipo 2, pero que podía oír bien con su aparato. El sonido de las campanas era su audífono contra el teléfono. El mismo sonido que algunos asociarían con la música de la galaxia. El mismo sonido que, quizá desde siempre, le había anunciado que sus ojos y sus oídos tenían el tiempo contado.

El día de la reunión del Club, Silvia se sentó al lado de una amiga. Conversaron un rato, casi viéndose al rostro. En medio de la charla, ella levantó la mano derecha para acariciarla, dio un par de golpecitos al aire buscándola y uno de ellos cayó en el rostro de su amiga. Ella lo resistió. Silvia le pasó la mano con delicadeza, y sonrió.

El club se creó en 2014.
El club se creó en 2014.

Dice que en el club le han enseñado a tocar, a sentir. Cuenta una anécdota: “Una vez nos tocó una conferencia sobre dinosaurios, nos dieron unos esqueleticos para que pudiéramos conocerlos. Yo fui pasando de uno en uno, cuando sentí uno idéntico a un peluche que tuve de pequeña, se llamaba Red, era un tiranosaurio rex”.

En realidad, no necesitan aprender a tocar. Son expertos en esto. Viven, especialmente las sordociegas como Silvia, a través de este sentido.

***

¿Qué tan extraño es que un ciego quiera estudiar las estrellas?

“No es tan extraño —dice Andrés Ruiz—. “En realidad, la astronomía es un estudio que se hace a ciegas. La luz que los humanos vemos, que es la forma en que estos fenómenos se muestran, es una pequeñísima parte de lo que existe afuera. Los astrónomos estudian las luces que no podemos ver, las buscan en la oscuridad”.

En El Ojo Sonoro algunas cosas, pocas quizá, deben ser traducidas al tacto, a las manos: el sistema solar a escala, la textura de la neblina, los cambios que ha tenido la cartografía de la Tierra. El resto de cosas sobre el universo, los puntos ciegos compartidos, las anécdotas del día a día, el humor y la música no necesitan de más explicaciones. Ante la inmensidad de lo desconocido todos estamos en igualdad de condiciones.

*Periodista y escritora. Autora de la novela Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto. Ha colaborado en medios como Soho, Arcadia, El Espectador y El Colombiano.

Si quiere más información:

Revista Generación

Revista cultural con 82 años de historia. Léala el primer domingo de cada mes. Vísitela en www.elcolombiano.com.co/generacion y en el Instagram revista_generacion

x

Revista Generación

© 2022. Revista Generación. Todos los Derechos Reservados.
Diseñado por EL COLOMBIANO