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  • Las violas han estado desde el inicio de la Orquesta Filarmónica, en 1983. En ese entonces eran de los músicos. Foto: Cortesía.
    Las violas han estado desde el inicio de la Orquesta Filarmónica, en 1983. En ese entonces eran de los músicos. Foto: Cortesía.
  • David Merchán, viola principal de la Filarmed, llevo la mitad de su vida tocando ese instrumento. FOTO Cortesía Filarmed
    David Merchán, viola principal de la Filarmed, llevo la mitad de su vida tocando ese instrumento. FOTO Cortesía Filarmed
  • Elogio de la viola, la clave extraña de la orquesta

Elogio de la viola, la clave extraña de la orquesta

Uno de los instrumentos menos visibles de la música tiene un rol crucial dentro de la orquesta sinfónica. Suena la viola este mes para celebrar los 40 años de la Filarmónica de Medellín.

Kirvin Larios | Publicado

El 16 de abril de 1983 el director Alberto Correa Cadavid y el Estudio Polifónico de Medellín fundaron la Orquesta Filarmónica en un garaje del barrio Belén La Palma II. Desde ese día ensayaron el primer concierto, que se escuchó en septiembre: Las bodas de Fígaro, el concierto para violonchelo y orquesta en re mayor de Haydn y la Sinfonía No. 3 de Beethoven.

El Estudio puso un juego de timbales, cuatro contrabajos checos, dos trompetas pícolo, una clavinova, un órgano con pedales, unos platillos y un clavecín. El resto de los instrumentos los ponían los músicos, entre ellos cinco violas.

Desde la fundación de la Filarmónica las violas, que hoy son siete en la orquesta, han sonado con ella, y han sido la clave extraña de la orquesta (de todas, en realidad). Lo que sigue es un elogio a la viola, para celebrar los 40 años de la Filarmed.

Sonido e historia de la viola

La viola ayuda a armonizar la orquesta, hace que las notas mayores o menores resalten y que exista una mayor comprensión del conjunto. Su relevancia no debe medirse por la intensidad o preponderancia de su sonido, mucho menos por su fama en relación con la de otros instrumentos que siempre han tenido mayor protagonismo. Es como una nota entre notas, una presencia sutil pero por eso mismo poderosa que contribuye a que todo se perciba mejor, distinto.

En la familia de las cuerdas —violines. violas, cellos y contrabajos— la viola ocupa un lugar especial, aunque relegado o poco visible. Es un instrumento de voz media, caracterizado por una sonoridad “íntima y oscura” en comparación con el sonido brillante y agudo de un violín. Eso lo explica el violista o viola principal de la Orquesta Filarmónica de Medellín, David Merchán. El instrumento que lleva tocando hace 17 años (tiene 34) es descrito usualmente como un “puente” entre los violines, los cellos y bajos debido a ese registro medio. Quizá esa naturaleza de intermediador le ha valido que pocos se enteren de su gracia individual, y que sea despreciado al lado de las otras cuerdas con cuyas músicas no compite sino que acompaña.

La viola que suena en orquestas como la Filarmed nació entre los siglos XVI y XVII. Merchán explica que en este último período su papel se limitaba a ser un “refuerzo” del bajo, ayudando a completar la armonía, pero un siglo después tuvo una presencia un poco más marcada, como en los famosos Conciertos de Brandenburgo de Johann Sebastian Bach. El sexto de esos conciertos es “una pequeña obra para dos violas de brazos o viola da braccio”, que es como se denominaba en la italia renacentista y barroca a la viola que se sostiene en el pecho o el hombro, a diferencia de la viola de pierna o viola da gamba, que se ubica en el suelo.

Con el tiempo se fueron incrementando las músicas solistas para viola. En la segunda mitad del siglo XVIII y del XIX, durante el clasicismo, tuvo lugar “la época dorada” de este instrumento, cuando compositores como el alemán Franz Anton Hoffmeister o el italiano Alessandro Rolla crearon piezas para violas. Merchán también destaca de un período posterior, el romanticismo, a autores como el austriaco Franz Peter Schubert o el alemán Johannes Brahms. “Dentro de su música orquestal, aprovechaban la sonoridad propia de la viola para usarla en momentos melancólios”, dice señalando una característica que opone a la viola a los momentos “felices” de la percusión y los violines.

En el siglo XX, con las escuelas de música más consolidadas, empezaron a surgir violistas virtuosos, y compositores como Paul Hidden o Bella Bartók compusieron piezas para el instrumento que llegaron a las orquestas de diversos países. Aquí la importancia de la viola ya es más notable, ocupando esos“momentos de reflexión” gracias a la opacidad de su sonido.

Otra constante que mantiene a la viola a la sombra de otros instrumentos es su parecido con el violín, de quien parece un gemelo idéntico pero quizá sean solo hermanos o primos de una misma parentela. La viola es más grande y ancha que el violín, lo que la hace poseer cuerdas más largas y gruesas, lo que hace que suene diferente y exija una técnica distinta. Listo para tocar, el violín se encuentra más cercano al cuerpo debido a su tamaño más pequeño; la viola se aleja más con las manos, lo que genera un cambio tanto en la presión sobre el instrumento como en la apertura de la mano para tocar las notas, explica Merchan.

David Merchán, viola principal de la Filarmed, llevo la mitad de su vida tocando ese instrumento. FOTO Cortesía Filarmed
David Merchán, viola principal de la Filarmed, llevo la mitad de su vida tocando ese instrumento. FOTO Cortesía Filarmed

Los violines, además, leen en clave de sol, mientras que las violas lo hacen en clave de do —que es la clave media—, y los bajos y chelos en clave de fa. “La viola es un instrumento extraño porque toca en clave de do, a veces el trombón también lo hace, pero de resto las violas son las únicas que tocan en una clave diferente por su registro medio”.

Amor por la viola

Antes de tocar la viola, David Merchán tocó el chelo, que es casi como decir que tocó el cielo, ya que se trata de un instrumento muy deseado entre los músicos por su “expresividad y belleza”.

Cuando David se enamoró de la viola, muchos no podían creer ese cambio, a la viola no la conoció en su infancia, al igual que muchos niños que solo oyen hablar del violín y otros más afamados. Pero con la viola se enamoró de su “impresionante sonoridad”, de su énfasis, del rol que ocupa en el conjunto, de su fuerza, y de esa capacidad de crear “complemento”, de asociarse y hacer que los sonidos menores y los mayores se acentúen, que las emociones se remarquen y el público sepa en qué momento de la música está, o hacia qué lugar transita. Sin la viola “no existiría toda la riqueza sonora” de una orquesta.

Tras un paso por orquestas como la Nueva Filarmonía, la Sinfónica de Bogotá, la Filarmónica Joven de Colombia y muchas más, Merchán llegó a ser violista principal de la Orquesta Filarmónica de Medellín, poco antes de la pandemia, cuando podía vérsele en transmisiones de Facebook tocando su instrumento para la audiencia en confinamiento de la Filarmed.

El amor y la compenetración de David con su instrumento puede resumirse en una frase. Al comentar las características de la familia a la que pertenece la viola, dice, en plural: “Los instrumentos tenemos cuatro cuerdas”. También habla de la viola en tercera persona, claro, como una forma de vivirlo por dentro y por fuera.

Elogio de la viola, la clave extraña de la orquesta

Si quiere más información:

Kirvin Larios

Periodista cultural de EL COLOMBIANO. Autor de “Por eso yo me quedo en mi casa”. Es el gemelo zurdo.

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