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Hegemonías difusas

En este número nos embarcamos a explorar la forma en que miramos la política, casi siempre como un duelo entre izquierda y derecha, y cómo está cambiando la geopolítica del poder global. Y nos preguntamos por nuestras relaciones con los animales, al tiempo que reflexionamos sobre las representaciones de series como Griselda, el cine hecho por mujeres y los nuevos espacios para el arte que se abren en Medellín.

  • Muertos de palabra

Muertos de palabra

En algunos casos, la muerte no es punto final, sino puntos suspensivos. Esto se cumple en la realidad y en la ficción por igual.

John Saldarriaga | Publicado

Antes que los cristianos, Platón señaló: “Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo” (1).

Y con esta idea, una infinidad de escritores han creado obras habitadas por personajes muertos que siguen vivos. O, por lo menos, intervienen, en forma de espíritu o materia etérea, en ciertos acontecimientos y se relacionan con los vivos.

Las rápidas mentes de quienes leen estas líneas, con solo estas pistas, ya deben estar pensando en relatos de Edgar Allan Poe, el socio de la muerte, el maestro del terror, en un intento de hallar seres así, salidos de su atormentado talento. En efecto, me refiero, entre ellos, a tres mujeres cuyos nombres dan títulos a cuentos de ese autor, que son ejemplos de esta circunstancia con la que destacamos la llegada de noviembre, el mes de los muertos. Morella, Eleonora y Ligeia.

En el primero, un narrador omnisciente habla de su esposa, Morella. Mujer culta que se entrega a lecturas místicas, tal vez por influencia de estas, resuelve acostarse a esperar y ansiar la muerte. Finalmente, muere en el parto de la hija. “Me muero, y sin embargo viviré” (2), son las enigmáticas palabras de la mujer. Pero no las únicas. Le manifiesta al esposo que es consciente de su desamor por ella, pero tiene la certeza de que algún día la querrá con amor puro. Atemorizado, el hombre decide no bautizar a la niña hasta los diez años. Cuando el sacerdote pregunta el nombre que le pondrá, le susurra al oído para que ella no pueda oírle: Morella. La niña responde: «¡Estoy aquí!» (3). Muere en el acto. Después, cuando el padre se dispone a inhumar el cadáver en la sepultura de su madre, descubre que no hay restos allí.

Otro muerto vivo —vivo al menos durante un tiempo necesario, valioso— es el rey Hamlet, el padre del príncipe de igual nombre, en la tragedia Hamlet, príncipe de Dinamarca, de William Shakespeare. En esta obra, el rey es asesinado por su hermano, Claudio. Este codiciaba el trono y a la reina, y con ella, digámoslo de una vez, ya que estamos de aguafiestas contando tramas, se confabuló. El fantasma le informa al príncipe lo de la traición y el asesinato, y le pide venganza.

ESPECTRO: —Y has de vengarme, cuando me escuches.

HAMLET: —¿Qué?

ESPECTRO: —Soy el espíritu de tu padre, condenado por cierto plazo a andar de noche, y sujeto de día a ayunar en el fuego, hasta que se quemen y purifiquen los turbios delitos que cometí en mis días naturales. Si no me fuera prohibido contar los secretos de mi prisión, podría hacerte un relato cuya palabra más ligera te desgarraría el alma, te helaría tu joven sangre, y te haría saltar los ojos de sus órbitas como dos estrellas, te separaría tus rizos anudados y enredados y cada pelo se pondría de pie, por su lado, como las espinas del irritable erizo: pero esa proclamación de eternidad no ha de ser para oídos de carne y sangre. ¡Escucha, Hamlet, escucha, si has amado a tu querido padre!

HAMLET: —¡Oh, Dios!

ESPECTRO: —¡Venga su asesinato, torpe y desnaturalizado! (4)

Y, bien, como suele decirse en muchos casos, los muertos se imponen sobre los vivos. Su voluntad, sus ideas. Y esto sucede en la tragedia del príncipe infeliz.

John Saldarriaga Londoño

Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros de cuentos: Al filo de la realidad y El alma de las cosas. Periodismo: Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López; Crónicas de humo, El Arca de Noé, y Vida y milagros. Novelas: Gema, la nieve y el batracio, El fiscal Rosado, y El fiscal Rosado y la extraña muerte del actor dramático. Fábulas: Las fábulas de Alí Pato. Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa.

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