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Generación es la revista cultural de EL COLOMBIANO. Conversar, redescubrir ese placer tan humano es la edición para leer en enero.

  • El Café Generación en la Fiesta del Libro fue el 16 de septiembre. Foto: Esneyder Gutiérrez
    El Café Generación en la Fiesta del Libro fue el 16 de septiembre. Foto: Esneyder Gutiérrez
  • Pilar del Río es la presidenta de la Fundación Saramago. Foto: Esneyder Gutiérrez
    Pilar del Río es la presidenta de la Fundación Saramago. Foto: Esneyder Gutiérrez
  • Una conversación para recordar a José Saramago. Foto: Esneyder Gutiérrez.
    Una conversación para recordar a José Saramago. Foto: Esneyder Gutiérrez.

“La muerte es menos dura si hay amor”

Cada año hay Café Generación en la Fiesta del Libro. En el de esta edición nos reímos, aplaudimos y disfrutamos con Pilar del Río, presidenta de la Fundación Saramago. Así pasó.

Texto Mónica Quintero Restrepo | Publicado el 02 de octubre de 2022


¿La celebración del aniversario de Saramago en el mundo la ha sorprendido?

“Cuando nos dimos cuenta de que se acercaba el 2022, lo primero que se nos ocurrió es que íbamos a celebrar el centenario de un contemporáneo. Normalmente un centenario es para una persona de esas con un cuello embolado, pero no, aquí nos lo hemos encontrado en un avión, en un bar, en una ciudad o en una manifestación de protesta... Lo que nunca se nos ocurrió es que habría una pandemia, y ahí tuvimos que repensar todo y decidimos celebrar con libros, y los libros son para los lectores. Nuestra sorpresa ha sido encontrar letreros en playas, se han celebrado numerosísimos congresos en distintos continentes en el nombre de José Saramago y hay algunos que están por celebrarse. Hay publicaciones académicas, pero sobre todo son manifestaciones de cariño, obras de teatro, ballets, libros de editores jóvenes. El otro día en Brasil apareció un joven y me dijo ‘Esta noche cenamos Saramago. Sí, es el libro que estoy escribiendo. Una familia que se queda sin nada, salvo con una biblioteca de Saramago, y deciden cada noche comerse un libro’. Ensayo sobre la Ceguera en distintos formatos está por todo el mundo, óperas, exposiciones, músicos, cantautores, en fin, una serie de manifestaciones que no estaban dentro de nuestros objetivos y que han significado dos cosas, una, que la gente lee, dos, que no es tonta. Entonces sienten que José Saramago les contó sus vidas y ellos siguen leyéndolo como un contemporáneo muy cercano”.

Uno relee Ensayo sobre la Ceguera y piensa que Saramago es muy actual, incluso con el tema de la pandemia...

“Es curioso porque volví a leer Ensayo sobre la Ceguera en la pandemia como tantas otras personas, también leí La Peste de Albert Camus, como algún otro libro... Ciegos que viendo no vemos, dice Saramago en Ensayo sobre la Ceguera. De verdad que somos tan inteligentes, tan cultos y tan formados y no nos estamos dando cuenta de que estamos destrozando el planeta Tierra. Saramago no habló del coronavirus, habló de una ceguera blanca que se llegaba no se sabe por qué mecanismo biológico roto, pero estamos rompiendo las cadenas biológicas, estamos provocando sequías, cambio climático, pero qué somos, ciegos. De qué nos sirve la alta tecnología y finalmente haber superado las barreras de la gente que no sabe leer. Nunca tantas personas pudieron leer en el mundo. Hasta hace nada, Portugal, por ejemplo, que es un país pequeñito con diez millones de habitantes, imagínense, todo el país cabría en Bogotá, y cuando fue la revolución democrática llamada de los claveles, en 1975, había más del 50 por ciento de la población que no sabía leer o escribir o que era analfabeta funcional, había aprendido a leer y a escribir, pero no era capaz de interpretar un texto. Ahora mismo eso no ocurre, se puede decir que el analfabetismo está superado y hay un nivel universitario extraordinario. De qué sirve que seamos tan inteligentes, que hayamos tenido acceso a la universidad y al conocimiento, sin embargo, estamos destrozando el entorno, el planeta, seguimos provocando guerra, caos, confusión. De qué nos ha servido la filosofía, de qué nos sirve la iluminación. Es lo que cuenta Saramago en Ensayo sobre la Ceguera”.

Además que pasó la pandemia y la esperanza era que cambiáramos, y no

“Les voy a contar que en España, todas las noches, a las 8:00, y a mí esto me parecía muy emocionante, lo seguía por la radio desde Portugal, salían miles, millones de personas a las ventanas de su casa a aplaudir a los sanitarios. Todas las noches lloraba sola en casa oyendo aquello. Empezaban programas de radio y se escuchaba una canción del Dúo Dinámico de España, Resistiré, y aplaudíamos a los médicos, y yo pensaba, estamos llegando a un estadio de bondad y de solidaridad... Pues si me permiten una palabrota la voy a decir: una mierda. No hemos salido mejores, habéis visto a los muertos por la indolencia, habéis visto las personas sufrir, ver las crisis que se han generado por la pandemia, las personas viviendo en situaciones minúsculas sin trabajo, sin asistencia, sin ayuda, las mujeres que se quedaron en la calle excluidas, que no podían volver a sus países... los emigrantes, las emigrantes, y todo eso ha servido para qué. ¿Para ver si podemos aprovechar y vamos a ser felices ahora que podemos?, ¿vamos a ser felices sobre la desgracia? Para colmo declaran una guerra en Ucrania y eso significa que se van a activar todos los mecanismos de las industrias armamentísticas porque hay que sofisticar muchísimo más. Por favor, no hemos aprendido”.

Pilar del Río es la presidenta de la Fundación Saramago. Foto: Esneyder Gutiérrez
Pilar del Río es la presidenta de la Fundación Saramago. Foto: Esneyder Gutiérrez

Lo político era un deber para Saramago. Él no se quería morir sin haberlo dicho todo, era parte de su deber político

“A veces los intelectuales se anticipan a determinados asuntos que están por ahí. Saramago se murió en 2010, pero efectivamente no se quería morir sin haberlo dicho todo, y él había una cosa que olfateaba y decía no me suena bien, no, hay algo que no. Por qué se fabrican tantas armas, pero si se fabrica una cosa es para consumirla, y si se fabrican armas hay que fabricar conflictos, y él decía, estamos llegando a un punto cero, qué vamos a hacer con eso, y lo único que podía hacer era escribir y escribió un libro que se llama Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas, que es un verso de Gil Vicente, aunque quedó por temas editoriales Alabardas, y ahí hay un protagonista, un hombre que trabaja en una fábrica de armas, su esposa se llamaba Berta, pero no quería tener el nombre de un cañón de la Primera Guerra Mundial y se puso a sí mismo Felicia, dar felicidad es un mejor objetivo que crear armas. Ocurren una serie de conflictos y el libro no termina bien, y aunque José Saramago no lo terminó, murió antes, en sus notas se dice cómo acabaría, y acaba en que los seres humanos somos muy fácilmente seducibles. Podemos tener unas ideas maravillosas y estupendas, pero luego nos ofrecen unas mejoras salariales, un cargo, y a lo mejor dejamos nuestras ideas un poco aparcadas. Eso es lo que se cuenta en ese libro. Saben, las últimas palabras que escribió José Saramago, que ni siquiera las escribió, me dijo me gustaría entrar mañana en el blog ¿puedes escribir?, hombre claro, le respondí, y me fui corriendo a buscar para escribir, y Saramago me dictó una frase... Ocurrió que estaba viendo el telediario y apareció una noticia, La Flotilla de la Paz integrada por varios barcos que llevaban material escolar a Palestina había sido intervenida por el Ejército de Israel y habían muerto tres personas. Dice el telediario acabando la noticia, que entre los miembros de la flotilla estaba el escritor sueco Henning Mankell, y las últimas palabras que escribió José Saramago fueron, de escritor y de ciudadano, que no se pueden separar, obrigado, Mankell. Está en su cuaderno de Lanzarote. El sueco que lo tenía todo había ido a llevar material escolar a una zona de guerra, en una zona deprimida. Ese obrigado, Mankell me parece que define no solo a Mankell, que desgraciadamente murió unos años después, sino también a José Saramago”.

Una conversación para recordar a José Saramago. Foto: Esneyder Gutiérrez.
Una conversación para recordar a José Saramago. Foto: Esneyder Gutiérrez.

En La intuición de la isla, el libro que usted acaba de escribir, se ve que Saramago se hacía unas preguntas fuertes, de ahí empezaba a escribir, una que me gustó mucho es de Las intermitencias de la muerte, ¿y si no muriera nunca? Recoge varias preguntas de él en ese libro, muy potentes

“El libro son pequeñas crónicas y es solamente del periodo de Lanzarote. efectivamente él se hacía preguntas y las respuestas a esas preguntas eran libros. Y si no muriéramos nunca, y si la península ibérica se desprendiera de Europa y viniera hacia América, y si, entonces las respuestas podían ser La intermitencia de la muerte o Ensayo sobre la Ceguera o El evangelio según Jesucristo. ¿Y si Jesucristo no estuviera de acuerdo con el proyecto de Dios? Yo pensé que sería importante contar el ambiente del que surgían los libros. Voy a contar una cosa que no se ha contado, pues es que le dijeron a Saramago, usted tiene leucemia, y se lo dijeron cuando se fue a operar de cataratas, y Saramago dijo, pues hay que seguir viviendo, gracias a la vida, y seguiremos viviendo el tiempo que sea necesario, sin drama, sin teatralidad, y lo que yo sí pienso, cómo sería si no nos muriéramos nunca, no nos morimos y nos vamos a quedar jóvenes o vamos a seguir siempre con un año más, un siglo más... Escribió un libro muy bien humorado, lleno de alegría y de esperanza, con una hermosa relación entre un músico y la muerte. Es verdad que la muerte era una joven señora con la que era fácil tener buenas relaciones, pero sí que es verdad que cuando hay amor la muerte es menos dura y menos difícil, y esa es la consecuencia que he sacado de ese libro, que la muerte es menos dura si hay amor”.

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