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Óscar Domínguez
Columnista

Óscar Domínguez

Publicado el 27 de febrero de 2020

29 de febrero

Nadie regala diccionarios, jirafas, confesionarios, escaleras. Pero cada cuatro años el tiempo nos regala un día más. Propongo algunas ideas para aprovechar las 24 horas extras que tendremos el sábado:

Ese día hay que celebrar y agradecer el insólito regalo de estar vivos.

La vicepresidenta Marta Lucía Ramírez puede concertar cita con el sicólogo, así considere que estos profesionales sobran. Si me invita a atravesar un paso cebra y a almorzar le doy las coordenadas de la profesional encargada de aconductar mi cableado cerebral.

Deje abandonado un libro. Yo abandonaré en una banca de barrio “Elogio de la locura”, de Erasmo. Conseguí una edición en español y latín con letra gorda.

¿Por qué el 29 de febrero el alcalde Quintero y doña Lina, su secretaria de Cultura, no reculan y reintegran a la dirección de la Fiesta del libro a mi vecino del piso de abajo, Diego Aristizábal que lo estaba haciendo tan bien? Buenísimo que haya rostros nuevos en los carros oficiales de la cultura municipal.

En la claustrofobia del ascensor salude a sus compañeros de vuelo. Ahora, si entre los presentes hay alguna perturbadora fémina de “área” 90-60-90 chántele su pico “donde dijiste enemigos”.

Saque unos minutos para repetir el video en el que la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, sin arruinar su manicure, con una cierta sonrisa, elegante, sobria, frágil, olorosa a Chanel, vuelve trizas el discurso del presidente Trump sobre el estado de la (des) Unión.

Gustoso le regalaría a Trump la Urbanidad de Carreño para que aprenda que a las damas no se les deja con la mano extendida y que hay que tratarlas como quien cultiva rosas.

Ojalá quienes patean los códigos, tengan o no la casa por cárcel, jueguen a ser correctos, no corruptos, por un día. De pronto se quedan así, correctos para siempre.

Doña Vicky Dávila está en mora de revelar nombres de periodistas que le han fallado a su oficio, según aseguró en la columna de Semana en la que pidió disculpas por haber electrocutado a punta de adjetivos al consejero presidencial Hassan Nassar que también trapeó con ella.

Mejor si Dávila no vuelve a rectificar porque la embarrra más. Su mea culpa estuvo peor que la vaciada que le pegó al mechudo Nassar.

El gentleman Juan Carlos Osorio, técnico del Nacional, debería recoger los epítetos que utilizó contra jugadores del Deportivo Cali después de reciente empate con el verde.

Cómo será el calibre de los insultos que ni los directivos ni los jugadores afectados han querido revelar las palabras que les afrijoló Osorio. Le digo gentleman no precisamente por la exquisitez de su léxico, sino porque en su casa solo hablan inglés de Inglaterra, donde vivieron.

El sábado adopte un parque, una quebrada, un árbol, un trueno, un soneto, un tic, una boa constrictor. Feliz 29.

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