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Arturo Guerrero
Columnista

Arturo Guerrero

Publicado el 24 de agosto de 2021

¿A qué le temen los talibanes?

En primer lugar, es preciso aclarar que detrás de las normas de la ley islámica, interpretada y puesta al día por los barbudos, hay un profundo temor. En segundo lugar, es evidente que el principal objetivo de estas normas son las mujeres. ¿Habrá que ser más explícitos en la conclusión?

Si alguien con tanto ahínco encierra, cubre, constriñe, latiga, lapida hasta la muerte a las mujeres, es porque siente hacia ellas enorme miedo. Algo han experimentado estos soldados con faldas acerca de la naturaleza femenina, que los llena de pánico. Más que ellos, los sacerdotes guardianes de la Sharía, patriarcas llegados en paracaídas desde algún turbante prehistórico.

Se espantan ante la sexualidad de ellas, no resisten ver ni sus tobillos, les prohíben reírse y sellan sus voces delgadas. No les permiten juntarse entre ellas porque seguramente conspirarán desde sus cuerpos ornados de curvas sospechosas. Por eso cuelgan a toda hora, por si las moscas, sus fusiles, estos sí de última generación. Los exhiben como silogismo tajante.

Los talibanes se dejan crecer barbas patriarcales para parecer todos iguales y no ser identificados por sus enemigas fundamentales. Así se camuflan como machos ante el peligro del sexo débil. ¿A qué le temen?

Al vigor de las mujeres. A que ellas tengan algo de lo que ellos carecen. Ese algo es el útero, caracterizado en su poderío por Stephanie Pizarro, joven coach colombiana, próxima magíster en Ciencia Interna de una universidad californiana. En su reciente libro “Al baño María”, ilustra: es el músculo más fuerte, puede expandirse más de cien veces y soportar ciento cincuenta veces su peso para albergar un feto.

Es el único órgano capaz de crear otro órgano, la placenta. Simbólicamente es el segundo corazón de una madre. Es la pieza central de la creatividad de las mujeres y su centro vital de poder. “Las mujeres ofrendamos nuestro cuerpo para crear y dar vida en todas sus formas, no solo a través de hijos físicos”, concluye la escritora cuyos cursos son solicitados en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.

Los talibanes temen, pues, al poderío de las mujeres. A esa fuerza de generación, propia de la mitad de la población, que no pueden contener las balas. En su inconsciente odian lo que los asusta. De ahí su facha atormentada

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