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Elbacé Restrepo
Columnista

Elbacé Restrepo

Publicado el 13 de febrero de 2022

Abrazar al Metro

El diccionario define accidente como “suceso imprevisto que altera la marcha normal o prevista de las cosas, especialmente el que causa daños a una persona o cosa”. Y el día 3 de febrero ocurrió uno muy triste: la muerte de dos servidores del Metro de Medellín, arrollados por su misma fuente de ingresos en la vía del tren. Un accidente tan doloroso como impensable que a muchos nos dejó el corazón hecho pedazos.

Y como suele suceder en estos casos, de inmediato salió a relucir lo peor de nuestra condición humana: juicios a priori, sin pruebas y sin conocimiento de causa; dedos acusadores, señalamientos, expertos en nada dando cátedra de todo. Alzaron sus voces aquellos que encuentran mala fe en todo lo que ocurre, incluso en lo que no ha pasado todavía. Porque cuando repartieron la mala leche se agotó muy pronto entre nosotros. Nos quedaron faltando, en cambio, solidaridad, prudencia, respeto y paciencia.

No se trata de minimizar la gravedad de lo ocurrido. Por supuesto que todos queremos saber qué pasó, qué falló y por qué. Pero especular, hablar de negligencia o culpar al Metro, quizá la entidad más sólida, bien estructurada y responsable en el sector público, habla del resentimiento social que nos carcome y que frente a cualquier suceso impredecible nos quiere llevar a pensar que todo lo nuestro es malo, de segunda o vergonzante. Y no es así. Si de alguna empresa hemos recibido utilidades y beneficios ha sido del Metro. ¿O quién duda de las ganancias sociales, ambientales, en movilidad, en ahorro de tiempo, en contribución al desarrollo económico y en transformación urbana sostenible? No todos los dividendos se cuentan en plata.

Además, aunque no lo diga en voz alta, su cultura empresarial tiene alma y corazón. Se preocupa por cuidar y proteger su talento humano, formado por casi dos mil servidores que se sienten como una gran familia gracias a la mística que le imprimen a su trabajo, algo que llaman “espíritu Metro”, un sello distintivo que les da un sentido de responsabilidad y pertenencia difícil de encontrar en otra institución. De esta generalidad se pueden excluir libremente los inconformes, que no son muchos, pero los hay. Pero incluso ellos deberán reconocer que el Metro no deja nada al azar, que sus protocolos de seguridad son rigurosos y cumplen con los estándares de los sistemas ferroviarios internacionales, sin brincarse una sola norma.

En estos momentos de luto y tristeza colectivos abrazo al Metro, a quienes hacen parte de su nómina y en especial a las familias de los dos señores fallecidos. Que la certeza de lo sucedido ayude a aliviar sus dolores y que jamás de los jamases se repita nada igual en esta empresa.

Estoy convencida de que así como abrazamos a Hidroituango en el peor momento de su historia, el Metro de Medellín merece nuestra confianza y nuestro respaldo por siempre 

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