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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 13 de julio de 2021

Abusados, léase bien, a-bu-sa-dos

Todo comienza con el testimonio de la mamá de uno de los 14 niños que fueron abusados en un jardín infantil adscrito al programa Buen Comienzo de la Alcaldía de Medellín.

Su hijo de tan solo tres años de edad le dijo a su abuela que un “amigo grande le tocaba sus partes íntimas”. Ese fue el detonante para atar cabos, hablar con otras familias y empezar a descubrir una serie de detalles grotescos, aberrantes y pervertidos, los cuales dejaron claro que el cuidado especial y la prevalencia constitucional de los derechos de los niños sobre cualquier otra consideración valieron un pito.

“El amigo grande”, así conocían los niños al señor que les ayudaba en la cocina del jardín, fue el tipo que los convirtió en objetos sexuales. Un tal Manolo, un abusador.

Tristeza total y cómo no, si el 73 % de las víctimas de abuso sexual reportadas este año son menores de edad. 6.657 niños violados, manoseados, sometidos.

El alcalde de Medellín, Daniel Quintero, se apersonó del asunto. Puso por delante su condición de padre y el sentimiento de dolor que le causaron los hechos. Se le abona lo humano y el sentido común. De eso se trata. Pero... con él nada es como parece, porque en el fondo de sus palabras se entrevió el cálculo político.

Sus intervenciones, por más que cargadas del dolor ajeno, denotaron ganas de enredar más al programa Buen Comienzo y seguir desconociendo una historia de años, construida por cientos de personas para sacar adelante a la niñez de Medellín.

Cuestionar un programa bandera de otras alcaldías, arrancar a buscar a un villano y tener en medio el dolor de una sociedad, funcionan a las mil maravillas y se presta para un aire nuevo en su guerra contra todo lo construido entre sociedad y sector público.

Dos ejemplos de eso. El Alcalde dijo estar pensando en llevar Buen Comienzo en pleno para el municipio y desplazar a los privados. Traduzco las entrelíneas: Bocatto di cardinale para sumar más poder, de ese que se vuelve burocracia a la carta. Luego vino el invento de la captura inexistente de Ismael Darío Lopera, el tal Manolo. Un alcalde heroico se hizo sentir para iniciar con un trino suyo una parafernalia: megaoperativo, cerco cerrado, en fin, todo un cuento. Al poco tiempo se supo que alias Manolo se entregó voluntariamente a las autoridades en Santa Rosa de Osos.

Mientras tanto, las familias piden más acompañamiento desde la institucionalidad, apoyo jurídico y psicosocial, algo que vaya más allá de hacerles llamadas para ver cómo están. No se les olvide: estos niños fueron abusados, léase bien, a-bu-sa-dos.

No fallarles, no revictimizarlos, ayudarlos a salir adelante, pero, nunca, nunca, usar lo que les pasó para el cálculo político. Esa debería ser la regla para superar el dolor profundo que hoy 14 niños -y quién sabe cuántos más- junto con sus familias, cargan en sus cuerpos y almas

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