Facultad de Com. Social, 7° semestre valentina.hincapieg@upb.edu.co
Desde que tengo memoria he escuchado acerca de Pablo Escobar y de muchas cosas de las que hizo. En mi casa mi papá me contaba del miedo con el que vivían en esa época porque cuando menos pensaban estallaba una bomba. En algunas materias de mi carrera profesional he leído libros que dibujan la época; el último que leí se llama Medellín a oscuras y lo escribió mi profesora Ana Cristina Aristizábal.
En la investigación que la autora hace logra sintetizar esos seis años de guerra (1988-1993) en cifras desgarradoras, “más de 16.000 homicidios, 213 detonaciones dinamiteras, de las cuales 23 fueron carros bomba, 39 bombas lograron ser desactivadas y por lo menos 9.914 kilos de dinamita incautados”. Mi punto de vista al respecto es que la principal causa de esas atrocidades se resume en una palabra: ambición.
En primer lugar y de acuerdo con lo que he leído, considero que gran parte de las bestialidades que cometió Pablo Escobar fueron consecuencia de la ambición de poder y dominio que tuvo este hombre. Pues fueron las acusaciones que afirmaban que él tenía vínculos con el narcotráfico las que impidieron que fuera exitoso en el Congreso de la República; se vio obligado a salir de la política y de ese fracaso se desató la agresividad y violencia que lo caracterizó.
Por otro lado, ese deseo de dinero que identificaba al antioqueño fue fácil de seducir por las ofertas económicas y de estatus que les prometió Escobar a los jóvenes de los barrios marginados de Medellín e incluso de la clase media; la ambición se hizo presente en ellos cuando asesinaban a policías a cambio de dinero, cuando detonaban una bomba en distintos lugares de la ciudad, para darse una vida lujosa que antes no podían tener.
El narcotráfico mueve miles y miles dólares; es precisamente el dinero el que hace que la ambición del hombre caiga ahí en la ilegalidad y, como dice Aristizábal, se aprecie muy poco la vida humana. Ana Cristina escribió su libro con la intención de que nosotros, las nuevas generaciones, conociéramos la crueldad que se vivió en Medellín durante seis años para que entendamos que la historia no se puede repetir y, por ende, ese amor por el dinero no siga siendo parte de nuestra cultura paisa.
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