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Juan Camilo Quintero
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Cambio, pero concertado

Por Juan Camilo Quintero M. - @JuanCquinteroM

Por definición el “cambio” es dinámico, permanente, incluso, si quiere vertiginoso, pero también incierto. Sin lugar a duda, el cambio genera incertidumbre, sensación de pérdida de control e inestabilidad, obligando al cerebro a realizar mayores esfuerzos para poder asimilarlo y, acostumbrarse, a una nueva forma de abordar la nueva realidad.

Es conocido que los cambios financieros se pueden instaurar en el corto plazo, los económicos en el mediano y los culturales en el largo plazo. En la actualidad, podemos observar cómo los cambios llegan más rápido de lo acostumbrado generando choques culturales que ponen en contradicción a los ciudadanos, ya sea por modificaciones en la supremacía de poderes, por desentendimiento del nuevo paradigma propuesto o por posibles pérdidas en derechos adquiridos.

Cada día, con mayor fuerza, el cambio tecnológico se vuelve una constante, avanzando a velocidades extremas y pareciera que nos empieza a dominar, conduciéndonos a una pérdida incalculable de gobernabilidad de nuestro futuro como humanos. Allí, los ciudadanos han empezado a reclamar más atención por parte de los legisladores. Lo cual es apenas natural, pues todos queremos entender mejor qué puede surgir para los humanos luego de esa explosión de tecnologías que requieren marcos reguladores para esa gran incertidumbre que nos persigue.

Pero, si nos abruma en el cambio tecnológico, qué decir de los múltiples cambios que este gobierno está empecinado en hacer y que tocan todas las esferas de nuestra vida. Si bien todos reconocemos que hay fallas y cosas por mejorar en el sistema tributario, salud, pensional, etc., la complejidad de estos sistemas invita a los reformadores a tomarse el tiempo suficiente para poder diagnosticar lo que se propone y, por supuesto, determinar el impacto en los colombianos. Creo que a la gente en el fondo le importa poco si las reformas se discuten en los fundamentos ideológicos de izquierda o derecha, lo que nos importa a la mayoría es que todos podamos tener un mejor estado de bienestar. Y es justo esto lo que parece no ocurre con ellas, la sensación que está quedando hoy es que son muchas, son improvisadas y no responden al análisis que exigen por el impacto que tendrán sobre los colombianos en los próximos años. No se juega con la salud, con las pensiones ni con el trabajo de los colombianos. No empiezan ni acaban las reformas con este gobierno, más valdría construir sobre lo construido, tener la sensatez de aceptar que muchas de las cosas que hemos hecho en estas materias son positivas y que es necesario mejorar otras.

Tal vez este sea uno de los momentos más importantes en los últimos años de nuestros congresistas, entes de control y cortes. Sobre ellos recae una inmensa responsabilidad, que la velocidad y ansiedad del cambio no los lleven a tomar decisiones que nos hagan retroceder.

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