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Carmen Elena Villa Betancourt
Columnista

Carmen Elena Villa Betancourt

Publicado el 27 de mayo de 2020

¿Cansado en cuarentena? Acude a la oración

Es verdad que el encierro está muy largo, que no estábamos preparados para esto, que nunca nos había tocado que todos a la vez tuviéramos que quedarnos en casa, ni en los peores momentos de la historia del terrorismo en Colombia.

El encierro agota, aburre, y puede generar repentinos cambios de humor, trastornos de sueño o pensamientos fatalistas. Por eso, cuando una persona está con síntomas de ansiedad muchas veces le recomiendan dar un paseo para despejarse, ir al cine, visitar viejos amigos o ir al gimnasio. Pero ahora esto no es posible. En el encierro vemos con mayor nitidez los defectos de las personas con quienes convivimos, y también los nuestros... y a esto se le suman la incertidumbre, el dolor de ver cómo asciende el número de contagiados y de víctimas mortales del covid 19 (digo a nivel mundial porque Medellín está siendo líder en el control de esta pandemia). Y también se le suman los daños colaterales que todo esto trae: pérdida de empleos y por ende problemas económicos, así como dificultades para estudiar a distancia si es que estábamos acostumbrados a las clases presenciales. Son muchas las recomendaciones que hacen los psicólogos y psiquiatras expertos: leer buenos libros o ver películas que te enganchen, salir al balcón, arreglar el jardín (si lo tienes) o las plantas del hogar, jugar en familia, conversar, tener un pasatiempo o hablar por teléfono.

¿Y qué tal si le agregamos a esta lista de recomendaciones la oración? Orar es reconocer que hay un Dios que me escucha y que quiere mi bien. Puedo hablar directamente con Él, poner en sus manos aquello que me aflige y también compartirle las alegrías del día. Puedo pedirle con mucha fe por otras personas que tengan necesidad. Algunos se pueden preguntar: Y si Dios lo sabe todo, ¿para qué tengo que hablar yo con Él sobre mis asuntos? Orar nos permite estrechar nuestro lazo con Él, conocer cuál es su voluntad y sentirnos consolados y fortalecidos por su amor. No se trata de un monólogo, sino de un diálogo de amigos. Por eso, hay que escucharlo a Él, quien nos habla a través de las personas, de las circunstancias y también de su Palabra. Una buena estrategia puede ser sentarse en algún rincón de la casa en silencio, tomar la Biblia, meditar en algún pasaje que nos hable de esperanza y que nos llene de alegría. Puede ser leyendo los evangelios o también el libro de los salmos. Detenernos quizás en la frase que más nos toca el corazón, rumiar esas palabras y ver qué nos dicen en este momento de nuestra vida. La oración se puede convertir en un pilar para fortalecer nuestro espíritu y mantenernos fuertes en este momento tremendo de dificultad pues, como dice Santa Teresita de Lisieux: “La oración es un impulso del corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría. En una palabra, es algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y me une a Jesús”.

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