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Carmen Elena Villa Betancourt
Columnista

Carmen Elena Villa Betancourt

Publicado el 15 de octubre de 2020

Carlo Acutis, un santo del siglo XXI

Conocí la historia de Carlo Acutis en el año 2008. Me encontraba en Roma y una amiga me comentó que en Milán había muerto un par de años atrás un joven de 15 años con una profunda fe, un corazón muy solidario y con una genialidad para la informática, la cual puso al servicio de la evangelización y con la que ayudó a muchos amigos suyos. En febrero pasado me enteré que el Papa Francisco había aprobado su beatificación y me alegró saber que un millenial llegaría a los altares para ser ejemplo para las nuevas generaciones y para hacernos ver que la santidad es posible alcanzarla en el siglo XXI.

“Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias”, esta es una de las frases sencillas, pero a la vez geniales de Acutis. Este joven nos invita a no amoldar nuestra vida a ciertos estereotipos, sino a ser auténticos, a sacar lo mejor de nosotros mismos y él, con solo 15 años, nos dio un tremendo ejemplo de cómo hacerlo.

Carlo vivía en Milán. Tenía una fe muy profunda que inculcó su niñera, una mujer polaca llamada Beata, ya que sus padres Andrea y Antonia eran creyentes pero no practicantes. El pequeño Carlo a los 3 años quería entrar a la iglesia y rezar ante Jesús crucificado. Cuando fue creciendo buscaba ayudar a los más necesitados en un comedor popular que tenían unos sacerdotes capuchinos. El dinero que le daban sus padres para sus gastos personales, lo ahorraba y lo donaba de manera silenciosa en obras de caridad. Con sus dotes para la informática Carlo diseñó algunas páginas web y elaboró videos donde explicaba de manera sencilla algunos fundamentos de la fe católica. Le propuso a su párroco, el padre Gianfranco Poma, elaborar una página web de su parroquia. La familia Acutis tenía un empleado doméstico llamado Rajesh, nacido en una familia hinduista de casta sacerdotal brahamana. Rajesh, al ver la fe de este niño y la solidaridad que tenía, decidió bautizarse.

Una leucemia fulminante acabó con la vida de este muchacho solo 72 horas después de que le fuera diagnosticada. Al morir, el 12 de octubre de 2006, muchas personas en situación de calle fueron a su funeral. Algo que sorprendió a sus padres, ya que no sabían que el corazón generoso de Carlo había tocado tantas vidas.

Lo que más me ha conmovido tras la beatificación de Carlo, ocurrida el pasado 10 de octubre en Asís - Italia, no es que su cuerpo se haya conservado íntegro ni que haya predicho su muerte meses antes de que ocurriera. Considero más milagroso que su ejemplo logre tocar tantos corazones y suscitar deseos auténticos en jóvenes (y también en ancianos) para buscar una vida de fe y traducirla en buenas obras pues Carlo, con sus palabras y su ejemplo, nos enseñó que “la felicidad es dirigir la mirada hacia Dios. La tristeza es dirigir la mirada hacia uno mismo”, lo dijo él en otra de sus geniales frases.

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