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Elbacé Restrepo
Columnista

Elbacé Restrepo

Publicado el 15 de julio de 2019

CARTA A LA MAMÁ DEL ÁRBITRO

Querida señora que no conozco:

¡En hora buena! A una semana de haber terminado la Copa América, celebro que usted, en condición de madre del árbitro, haya recobrado en un alto porcentaje su dignidad, y todo gracias al VAR, Video Assistant Referee (árbitro asistido por video).

No sé nada de fútbol. De hecho, acostumbro quedar en el último lugar de la polla familiar cada vez que hay un torneo internacional, pero comparto la vida con un grupo grande de personas que respiran fútbol. La sala de la casa se convierte en la tribuna donde, frente a un televisor, rey de la velada, este montón de gente que conozco, quiero y de cuya decencia y buena conducta puedo dar fe, involucionan una vez su hijo da el pitazo inicial. Se transforman en un amasijo de nervios, les sudan las manos, gritan por todo y dan órdenes a nadie, porque creen saber más que todos los directores técnicos del mundo juntos. Ellos, tan cultos y equilibrados en circunstancias normales, pierden la razón cuando la “pecosa” rueda por el campo de juego. Y en esa especie de arrebato colectivo de noventa minutos, su hijo casi siempre sale mal librado. Y usted, ¡ni se diga!

¡Pero no hay mal que dure cien años! Gracias a la tecnología, el recontra trilladísimo alarido de “árbitro hp” parece destinado al olvido. C’est fini. Adiós. No va más. Cierre y fin de la emisión. Bueno, por lo menos en las cuatro situaciones en las que el juez puede ser más susceptible de equivocarse: Goles, penaltis, tarjetas rojas y confusión de identidad.

Nada más desalentador para los hinchas que la mano de su hijo sujetando el intercomunicador después de que han cantado un gol como si fuera el último que pudieran ver sus ojos. Pero como la vida es de contrastes, señora, mientras unos sufren, otros gozan cuando ese muchacho que usted crio, hace señas de ir a mirar una pantalla. Todos ponen cara de náusea, esperando que algo pase. Y pasa, o no pasa, pero las emociones se equilibran, porque en la mayoría de las veces se hace justicia y al final, en vez de los consabidos insultos, se dejan oír opiniones sobre el VAR: Que está en proceso de prueba e implementación, que en la medida en que sea más eficiente será un apoyo fundamental para el juego limpio, que la aplicación del asistente en este momento no es la mejor porque se pierde mucho tiempo revisando jugadas que a veces no son trascendentales, que esas cámaras situadas en diversos ángulos permiten ver los detalles que son imposibles de percibir a simple vista, que no importa lo que se tarde el árbitro en revisar, que “hágale pues, hermano”, pero ya no le envían saludos a usted, querida señora que no conozco.

Con mis parabienes y girasoles. Elbacé.

P. d. ¿Por qué carajos no lo habían inventado antes? Muchos madrazos se hubieran evitado por cuenta de la imperfección humana. Aunque también siento que los errores hacen parte de la fiesta, así como el misterio y el azar hacen parte de la vida. ¿O qué sería de la historia del fútbol sin “la mano de Dios” en el partido Argentina-Inglaterra en el Mundial de Fútbol de 1986? ¿Y si fue gol de Yepes en Brasil 2014? ¡Ay, no...! Hay cosas que prefiero no saber.

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