<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
El País
Columnista

El País

Publicado el 14 de septiembre de 2021

Certezas

Por MARGARYTA YAKOVENKO

Fue cerca de la medianoche cuando lo vimos. Todavía no hacía frío, creo que estábamos por encima de los veinticinco grados. Por eso nos pilló de sorpresa. Yo había leído algo del tema pero me había parecido demasiado inverosímil. Increíble. Una aberración incluso. Y de pronto él: un operario con chaleco fluorescente trajinaba subido a una escalera extensible que nacía en una furgoneta como la antena de un insecto gigante. De la furgoneta salían los tonos poderosos de un rock duro y viejo que claramente estaba por encima de los decibelios que debía tener cualquier música en una noche pausada como aquella.

Al principio pensamos que estaba talando las ramas de los árboles. Pero no había ningún ruido de sierra, no había ruido de nada, solo la música, nuestros pasos y el lejano rumor de un coche parado en un semáforo. Y después lo vimos: en sus manos había pequeñas bombillas unidas por un cable. Él trataba de engancharlas entre las ramas pero estas estaban aún demasiado llenas de hojas verdes y la tarea no era tan fácil como podría haber sido en otoño. Colocar las luces de Navidad en verano, además de absurdo, resultaba complicado. La excusa oficial es que Madrid es tan grande que se necesita mucho tiempo para engalanarla entera. Pero, en el fondo, hemos sacado las luces de Navidad porque nos sentimos desamparados.

El ser humano necesita asideros a los que agarrarse, no puede vivir constantemente al borde del precipicio, andando por una cuerda que se balancea y que se ensancha y se estrecha y que además resbala. Así es como llevamos viviendo desde hace un año y medio. El futuro siempre ha sido imprevisible. Forma parte de su naturaleza. Si el futuro fuera esperable, empezaría a llamarse pasado. Y aún en el pasado, de vez en cuando, hay cosas que todavía nos sorprenden. Sabemos que vamos a morir y esa es precisamente la mayor certeza que tenemos y la que más humanidad nos insufla. Lo que no sabíamos era que podríamos morir de pronto, sin aviso. No éramos del todo conscientes de nuestra fragilidad. Por eso, en medio de la incertidumbre, los rituales recobran su valor. A lo mejor en unas semanas nos embarcaremos en una nueva oleada de covid-19. A lo mejor el bicho muta (eso es, más bien, una nueva certeza). A lo mejor nos encierran. Pero a los madrileños no nos van a robar la Navidad. Pase lo que pase, las bombillitas brillarán. Y eso es una certeza. Probablemente, una de las pocas de las que están en condiciones de ofrecernos los que mandan

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas

Aplausos y pitos

$titulo

MISIÓN INSPIRATION4

Éxito rotundo del primer viaje al espacio solamente de civiles en un periplo alrededor de la Tierra.

$titulo

FERNÁNDEZ VS. KIRCHNER

La pelea entre las cabezas del Ejecutivo argentino paraliza al Gobierno y genera inestabilidad.