Por JAIME ARIEL AGUDELO G.
La semana pasada, en una de mis habituales jornadas de radioyente, puse cuidado a la entrevista que una importante emisora le hizo a la joven deportista Sofía Gómez, con ocasión de unos trinos que escribió hace varios años, abiertamente racistas y denigrantes contra personas de raza negra. La muchacha se disculpó, pero lo que quiero destacar es la diferencia de trato de los señores reporteros radiales, según quién sea el personaje al que entrevistan. Sofía tuvo la fortuna en este caso de que no se cebaran con ella ni que la hubieran cogido como doberman a pedazo de carne. Incluso uno de los periodistas, deportivo él, dijo que quienes habían sacado esos trinos “obraban de mala fe”. Entonces cuando los periodistas descubren cosas de personajes relevantes y las revelan, ¿también obran de mala fe? Le doy vueltas al asunto y conecto esto con aquellos que, en programas humorísticos de la tarde, o incluso en los “tribunales” que arman en las mañanas, dicen como lo más normal que “fulanito sí es honesto”, como si pudieran extender certificados de honradez. ¿Cómo harán esos personajes para entrar en ese club de “exonerados”?