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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 30 de noviembre de 2021

Chile hace sonar las alarmas

José Antonio Kast, candidato de extrema derecha que resultó ganador de la primera vuelta presidencial de Chile, ha sido adulador de la dictadura de Augusto Pinochet y lo es hoy de la pantomima democrática de Jair Bolsonaro, propone cavar una zanja en la frontera norte de su país para detener la inmigración y se muestra dispuesto a recortarle impuestos a las grandes empresas. Cumpliendo como alumno juicioso los lineamientos de la derecha más recalcitrante del mundo -de Trump en Estados Unidos a Vox en España- Kast es un espanto que hace sonar las alarmas en todo el continente.

Tras dos años de las protestas que transformaron al país del sur, con exigencias sociales que demostraron la enorme brecha entre ricos y pobres y dieron voz a minorías aplastadas por un sistema estrecho e injusto, una parte de la ciudadanía se sintió atraída por el discurso más conservador que promete “orden, progreso y libertad”.

La radiografía de un país alzado en protestas que luego vota por la derecha parece contradictoria. Sin embargo, ambos gritos representan las disputas internas de una nación que se reacomoda y cuyas débiles mayorías apenas logran imponer su visión sobre sus oponentes. En ese sentido no es gratuito que el segundo en disputa por La Moneda sea Gabriel Boric, un ex líder estudiantil, parlamentario, que apenas llega a los 35 años y que se ubica en una izquierda que insiste en aumentar el Estado y ensanchar los derechos sociales de la ciudadanía. Ambos polos políticos se enfrentarán en la segunda vuelta el próximo 19 de diciembre.

Hoy, por apenas unos puntos, las encuestas dan favorito a José Antonio Kast y el posible resultado provoca escalofrío. Por Chile y los chilenos, pero también por decenas de miles de colombianos que viven allí y que afrontan desde hace años los discursos racistas de unos cuantos que, de triunfar la extrema derecha, se sentirán reivindicados. La migración siempre como chivo expiatorio.

En nuestro país ya tenemos unos cuantos -políticos y políticas- felices por ese discurso rancio. Retuitean al presidenciable y le aplauden su triunfo. Esperan, eufóricos, que en tres semanas se declare ganador. Una frase, pronunciada por el mismo Kast, dio pistas sobre cómo piensan las derechas y su solidaridad. Dijo hace unos años y sin sonrojarse: “Si Pinochet estuviera vivo, votaría por mi”.

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