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Francisco Cortés Rodas
Columnista

Francisco Cortés Rodas

Publicado

Civilización y violencia

Por Francisco Cortés rodas

franciscocortes2007@gmail.com

La promesa que está implícita en el Acuerdo Final del gobierno anterior con las Farc es un proyecto de paz a través del derecho. Esto quiere decir que la sociedad colombiana aceptó entrar en un proceso de pacificación, es decir, en un proceso que consiste en pasar del estado de naturaleza, que es un estado de guerra, a la sociedad civil, que es una situación en la cual los hombres, mediante un contrato social, pueden dirimir sus conflictos y diferencias por medio de la discusión racional y el derecho.

Según Norbert Elias, la civilización se produce cuando se constituye un monopolio de la violencia en el Estado. En la sociedad civilizada el Estado monopoliza la violencia y esto da paso a que puedan desarrollarse los diferentes ámbitos humanos de acción: el mercado, la cultura, la educación, etc. “En estas sociedades, el individuo está protegido frente a la intromisión brutal de la violencia física en su vida” (Elias, 1997).

En sociedades donde no hay instituciones que monopolizan la violencia, los hombres y los grupos más poderosos pueden actuar sin ningún límite frente a los otros, pueden desarrollar un sistema económico para explotarlos a su antojo, someter a los campesinos, indígenas, despojarlos de sus bienes, asesinar, y dar rienda suelta a su odio contra lo que se considera enemigo. Frente a este estado de guerra de todos contra todos no queda sino la alternativa de conformar un monopolio de la violencia física.

Sin embargo, el acto de las Farc de deponer las armas, entregarlas y manifestar con esto que la opción no es la violencia de los guerreros sino el camino de la civilización, ha sido rechazado por amplios sectores de la sociedad y por la ultraderecha. Los incumplimientos del gobierno del presidente Duque en casi todos los puntos del Acuerdo Final, el asesinato de líderes sociales y de más de ciento ochenta excombatientes de las Farc, las amenazas en universidades, el intento de frenar una política de memoria para darle paso a una del olvido en el Centro de Memoria Histórica, las propuestas de eliminar a la JEP y minar la Comisión de la Verdad, están debilitado este proceso y así el posible camino de construcción de una sociedad pacificada.

En las sociedades civilizadas, dice Elias, los individuos están protegidos frente a ataques violentos, pero están obligados “a reprimir las propias pasiones, la efervescencia que les impulsa a atacar físicamente a otro”. Nuestra sociedad va en la dirección contraria. La reacción de muchos ciudadanos frente a la violencia en las calles, liderada por conservadores y el CD, es la de flexibilizar el porte y tenencia de armas, es decir, armar a la sociedad. Si con el monopolio de la violencia en el Estado puede disminuir el miedo y el terror que producían guerrilleros, paramilitares y paraestatales, rearmar a la sociedad aumentará las posibilidades de aterrorizar a los demás. Hemos vivido la barbarie. Tenemos la obligación de que la barbarie no se repita. En esto la educación tiene una tarea inaplazable.

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