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Publicado el 21 de noviembre de 2020

Claro que el diablo existe

Por Jorge Enrique Arango M.

jotaran@une.net.co

No me refiero al maléfico Satán que habita en los infiernos, sino al espíritu sonriente del carnaval de Riosucio y al simpático armazón diabólico que lo representa y que anda viajando entre las noticias generando tremenda polémica por su traslado en andas, según unos para repararlo y otros para desaparecerlo, bendita innecesaria polémica, pues bien se sabe que al diablo no lo arreglan y que él mismo aparece y desaparece cuando le da la gana.

Tanto los diablos como los ángeles son patrimonio de la humanidad, pues esta no podría serlo sin diferenciar entre lo bueno y lo malo, entre la diestra y siniestra, el yin y el yang, o mejor dicho, entre polos opuestos. Los individuos humanos somos como las partículas de limadura de hierro que se polarizan en presencia de la barra imantada, la mayoría se van a los extremos, pensando que sus creencia y convicciones los llevan allí, pero en realidad son fuerzas superiores como la del magnetismo que ejercen su atracción y los polarizan. Algunas se quedan en el centro y les importa un bledo los extremos, porque no tienen creencias y son inmunes a sus atracciones, pero no por eso dejan de existir junto con todos formando ya sea la dichosa o ya la sufriente especie humana.

Uno podría sentirse mejor mirando por un lado a los diablos y por el otro a los ángeles. Hay clasificaciones incluso entre unos y otros, San Agustín y Santo Tomás teorizaban entre otras cosas, sobre la existencia de íncubos y súcubos. Para más información y si hay mucho tiempo e interés, puede leerse “La Suma Teológica”, “Civitas Dei” o los diversos libros de la Biblia que dan detalles sobre el tema. Del lado de los ángeles, puede consultarse además a Dionisio Aeropagita (llamado más bien Pseudo Dionisio) que clasificó los seres alados en tres órdenes, la primera a su vez en Serafines, Querubines y Tronos, la segunda en Dominaciones, Virtudes y Potestades, la tercera en Principados, Arcángeles y Ángeles simplemente.

En los decorados navideños de la ciudad, las representaciones se han vuelto más triviales, los angelitos son asexuados y el diablo es sonriente. Por mí, pueden quedarse todos, pero con seguridad se armarán polémicas sobre la presencia del pobre diablo de Riosucio. Si dejan la representación del diablo en los alumbrados, les aseguro que irá más gente a verlos que si la quitan.

Mientras haya diablos y ángeles en todas partes, inclusive en la administración pública, todo seguirá su marcha entre ambos extremos, Dios nos libre de un desequilibrio.

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