Por RODRIGO ÁLVAREZ PELÁEZ
Colombia es un país productor de petróleo. País pobre productor de petróleo crudo que se vende a un precio impuesto por el mercado, hoy alrededor de los treinta dólares el barril. Y luego hay que comprarlo refinado al precio que el exportador diga. Producimos y exportamos un recurso natural no renovable, cada día más escaso y más costoso extraerlo. Además, con el agravante de que dicho proceso destruye el terreno donde se realiza, daña el medio ambiente, acaba con los predios y contamina el agua. Y qué decir del fracking. En poco tiempo el petróleo ya no será rentable porque será más escaso, y más costoso producirlo y el mercado necesitará menos por el ingreso de energías limpias y vehículos eléctricos.
En EL COLOMBIANO de marzo 8 el doctor Amylkar Acosta, economista y exministro de Minas y Energía, escribió que está en juego la estabilidad económica y fiscal del país, que las reservas de petróleo y gas están cayendo. Estaba defendiendo el fracking.
Colombia debe aprovechar esta coyuntura para volver los ojos al campo. El 99 % del territorio rural con vocación agrícola, diez millones de desplazados por la violencia que están ansiosos de volver al campo, solución al 60 % del desempleo urbano, recuperación de las tierras dañadas por la extracción indiscriminada de petróleo .