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Juan David Escobar Valencia
Columnista

Juan David Escobar Valencia

Publicado el 23 de septiembre de 2019

Como acabaron con Bogotá, ahora siguen con Medellín

Tenemos derecho a muchas cosas, incluso no todas tienen que ser favorables. Aunque no haya ley alguna, existe el derecho a hacerse la vida imposible de muchas formas, como por ejemplo escoger ser hincha de algún “poderoso” equipo de futbol, cosa que puede asegurarle décadas de sufrimiento y desilusión. Para bien o para mal, “no está prohibido sufrir ni joderse la vida” y no hay nada en el mundo que garantice que no pueda ser así.

Pero la posibilidad de autotorpedearse la existencia no se limita a las decisiones de un sujeto. Puede ser también la situación de una colectividad o ciudad, y no hay mejor ejemplo en este país que nuestra sufrida capital, Bogotá. Que sistemática y consecutivamente los bogotanos hayan escogido como alcaldes a 3 candidatos del Polo y luego de semejante catástrofe que podría ser un tango, eligieran al candidato del Petrismo como su burgomaestre, lo deja a uno perplejo, pero finalmente convencido que todo es susceptible de empeorar, que el suicidio, hasta colectivo, es posible y que “no está prohibido sufrir ni joderse la vida”. Y si todo esto es ya surrealista, como la torpeza es insondable, es probable que Claudia López gane la alcaldía. No sabe uno si tantas desgracias autobuscadas por vía electoral son la materialización tardía de una maldición del Zipa Tisquesusa cuando fue asesinado en 1.538 por un soldado español, o es un problema de contaminación en el acueducto de esa ciudad o un problema cognitivo ocasionado por la falta de oxígeno, propia de la altura sobre el nivel del mar. Que los dioses muiscas o el Dios cristiano se apiaden de la capital.

Pero ahora hay una amenaza sobre nosotros. Medellín no es perfecta “ni mucho menos”. Hemos cometido muchos y graves errores, que si pueden ser subsanados nos tomará varias generaciones resolverlos, y tuvimos alcaldes “lejos de la perfección”. Pero ni poniéndose en la orilla más negativa ni en el pesimismo más recalcitrante ni exagerando nuestros fallos, existe la más remota posibilidad que pueda justificarse la llegada a la alcaldía de esta ciudad de un representante de los nefastos políticos que casi acabaron con Bogotá.

El candidato del Petrismo a la alcaldía de Medellín tiene todo el derecho de participar en la contienda electoral de esta ciudad. Para eso es la democracia. Pero que un representante de esa funesta corriente política sea el gobernante de Medellín, además de ser un castigo injustificado, es muy grave porque también estaría en riesgo toda el área metropolitana. Con todos los errores que haya tenido, no queremos que EPM termine como los buses de basura de Petro en manos de su camaleónico candidato, así se disfrace de “independiente”. Si Bogotá se dejó infectar y corroer, lo lamentamos, pero Medellín no tiene tendencias autodestructivas. ¡A Medellín se le respeta y se le quiere! y eso no solo se dice, se manifiesta votando responsable e inteligentemente en las próximas elecciones.

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