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The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 09 de septiembre de 2019

Cómo aprendí a fracasar mejor

Por Jennifer Finney Boylan

redaccion@elcolombiano.com.co

Allí estábamos, jugueteando en un granero viejo mientras un disc jockey hacía sonar “Dancing in the Dark” de Bruce Springsteen. Unos 200 autores levantaron los brazos al unísono y gritaron: “Estoy harto de sentarme por aquí tratando de escribir este libro”.

La fiesta tuvo lugar en la Conferencia de escritores Bread Loaf, en Vermont, donde pasé casi dos semanas este agosto. Si no eres escritor, la mayor parte de lo que sabes sobre Bread Loaf podría provenir de un episodio de “Los Simpson”, “Moe’N’a Lisa”, en el que el camarero mendaz de la serie, Moe, termina en “Word Loaf ”junto con Lisa Simpson, quien lo ayudó con su poesía. El episodio concluye con una caricatura de Jonathan Franzen y otra de Michael Chabon en una pelea a puñetazos. (Chabon: “¡Peleas como Anne Rice!”)

La conferencia ha cambiado desde sus primeros días. Ya no hay jarras de Bloody Marys a la hora del almuerzo, y han pasado décadas desde que la esposa de John Gardner contrató un fumigador para llenar el campus de la montaña con folletos acusándolo de no pagar su manutención. Robert Frost ya no enciende sus papeles durante una lectura de Archibald MacLeish, después de quejarse en voz alta: “¡Todos los poemas de Archie tienen la misma melodía!”. Ya no están las lumbreras de las eras anteriores, incluyendo a Norman Mailer, Ralph Ellison, Truman Capote, Stanley Elkin, Toni Morrison, Anne Sexton, Richard Yates, Eudora Welty, John Irving y George RR Martin.Bread Loaf es mucho más diversa de lo que solía ser, gracias a los esfuerzos de su nueva directora, la poeta Jennifer Grotz. Este verano el evento estaba lleno de hombres y mujeres de color. Mis estudiantes estaban entre los 20 y más de 60 años de edad. Por primera vez yo no era la única persona transgénero. Fue bastante maravilloso.

Sin embargo cuando terminó la conferencia, quedé con una sensación de melancolía y cansancio -y la comprensión de que era hora para volver a trabajar, y la abrumadora tarea de revisar mi proyecto actual. Es la parte más importante de escribir. No por coincidencia, es la cosa principal que muchos escritores -tanto en la montaña de Bread Loaf como en otras partes- es menos probable que hagan.

¿Por qué detestamos tanto la revisión? Por qué tantos autores escriben un borrador y luego declaran que su trabajo está completo? En parte, porque la revisión se siente como un fracaso. Habiendo terminado la tarea, ¿quién en su sano juicio querría comenzar de nuevo? Enviar los primeros borradores es el equivalente literario de caminar sin pantalones. En Barnard, dicté una clase llamada “Invención y Revisión.” La primera tarea es escribir una historia de siete páginas de largo. Venimos a clase y hablamos sobre lo que funciona y lo que no. La segunda tarea, tres semanas después, es la misma historia, ahora de 21 páginas. Tenemos la conversación en el taller una vez más. Tres semanas después, los estudiantes llegan con un tercer borrador de la misma historia, de tres páginas. La tarea final es un cuarto borrador, con el largo sin especificar.

Esto hace eco del proceso por el que pasan muchos autores. El primer borrador hace la pregunta: “¿Sé algo?” El segundo borrador, el largo, dice: “Aquí está todo lo que puedo pensar sobre este tema”. El tercer borrador, el corto, lo hace brillar.

Múltiples borradores son el equivalente de practicar para el autor, y la marca de un buen escritor con frecuencia es que se place de ver mientras la historia cambia de borrador a borrador. Pero toma paciencia y tiempo. A veces tiene que esperar a una historia, permitir que pasen días o meses hasta que empiece a ver las cosas más claramente.

Como lo dice Samuel Beckett en “Worstward Ho”: Alguna vez trató. Alguna vez falló. No importa. Inténtelo de nuevo. Falle nuevamente. Fracase mejor”.

Puedo decir, como una persona transgénero que la revisión no es la única clave para escribir bien. Algunas veces es la cosa misma que nos ayuda a sobrevivir. ¿Podría haber una habilidad más crucial en la vida que aprender a reinventar no sólo nuestro trabajo sino a nosotros mismos?.

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