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Juan David Escobar Valencia
Columnista

Juan David Escobar Valencia

Publicado el 20 de mayo de 2019

¿Cómo detener el tiempo?

“Basta un parpadeo / Todo se precipita en un ojo sin fondo / Basta un parpadeo / Todo reaparece en el mismo ojo / Brilla el mundo”. Del poema “Primavera y Muchacha” de Octavio Paz.

La aspiración de manipular el tiempo no ha sido exclusiva de los físicos. Todos hemos deseado hacerlo, pues cuando somos jóvenes e impacientes, quisiéramos atajos para no tener que esperar que los sueños futuros se materialicen, y cuando estamos viejos y pareciera que lo que nos falta es poco, nos tienta retroceder al pasado, supuestamente mejor.

Pero también hay momentos en que simplemente aspiramos a que el tiempo se detenga. Las razones para ello son infinitas: como cuando el agua caliente te cae en la ducha después de un día que parecía que se había propuesto a acabar contigo, o cuando el beso perfecto con la persona perfecta por fin deja de ser una ilusión. Y qué decir cuando despiertas 2 minutos antes de que lo haga el maldito despertador y uno queriendo volver a dormirse se aferra con fuerza a las cobijas como si estuvieras inmovilizando también al tiempo con la “llave del sueño”, esa que comprime los músculos que rodean a las carótidas y bloquean el paso de sangre lo suficiente para provocar la pérdida de la conciencia.

Muchos nos han advertido que nos olvidemos del asunto porque el tiempo es como un flujo y no puede ser detenido. El filósofo Adolf Grünbaum dice que el tiempo es un continuo lineal de instantes, y si no fuera por el tiempo “todo ocurriría a la vez”, como advierte el físico John Wheeler. Aunque no aparece en su enunciado, las consecuencias de la poderosa “segunda ley de termodinámica” plantean que la irreversibilidad no es una característica exclusiva de los procesos físicos, sino que también condena a ello al tiempo.

Pero la humanidad ha llegado a donde está a causa de los curiosos y de los que no se resignan. Hace dos meses se anunció que un grupo de investigadores del Instituto de Física y Tecnología de Moscú al parecer logró que una computadora cuántica, violando la segunda ley de la termodinámica, revirtiera al estado que tenía una fracción de segundo en el pasado.

Sin embargo, parece que no necesitamos ser físicos ni tener un computador cuántico para detener el tiempo, al menos el sicológico. La naturaleza nos ha dado una herramienta, aunque sutil y fugaz. Un estudio recientemente publicado en Psychological Science propone que cada vez que parpadeamos, un período que oscila entre decenas y cientos de milisegundos, el tiempo se detiene, o al menos nuestra percepción del mismo. Aproximadamente el 10 % del tiempo que pasamos despiertos, tenemos los ojos cerrados a causa del parpadeo.

Entonces aprovechen parpadear, porque además de permitir la lubricación de la superficie ocular y poder ver cómo reaparece el brillo del mundo, podríamos estar deteniendo el tiempo. ¿Será por eso que cerramos los ojos al besar?.

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