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Jorge Ramos
Columnista

Jorge Ramos

Publicado el 06 de junio de 2019

Cómo lidiar con un bully (Trump)

Donald Trump es un bully y ante él hay solo tres opciones: te dejas, lo ignoras o lo enfrentas. El presidente Andrés Manuel López Obrador aparentemente ha escogido este último camino y tiene razón.

Su carta a Trump fue digna, directa, con contexto histórico y con una clara advertencia. Es, desde luego, el primer paso en la más grave crisis internacional de su presidencia. Pero la respuesta todavía es insuficiente. Faltan las acciones concretas que puede hacer el gobierno de México ante la amenaza de Trump.

Trump únicamente responde ante el poder. Nada más. (Ahí está su debilidad por el ruso Vladimir Putin y el norcoreano Kim Jong Un). Y México, contrario a lo que muchos pudieran pensar, es muy fuerte frente a Estados Unidos: tiene uno de los principales mercados del mundo para productos estadounidenses, y puede ayudar a controlar el flujo de drogas y de inmigrantes hacia el norte. Ningún otro país del mundo puede hacer eso. Es decir, Estados Unidos necesita a México. Y ese es el mensaje que hay que machacar.

Trump suele responder a estos retos de manera personal. Frecuentemente se salta a todos sus ministros y familiares. Esta vez no fue la excepción. Y esto demuestra el error de haber dependido del yerno de Trump, Jared Kushner -al igual que el gobierno de Enrique Peña Nieto- como un super embajador de Estados Unidos. Al final, Trump siempre hace lo que quiere.

En la carta de López Obrador a Trump hay una clara advertencia, por no llamarla amenaza: “no soy cobarde ni timorato”. Esto sugiere que López Obrador, en un momento dado, estaría dispuesto a hacer algo concreto para demostrar la fortaleza y determinación de México. Hay muchos caminos posibles. La diplomacia, sin embargo, no parece ser una alternativa viable.

El gobierno chino, que ya se enfrenta a nuevos aranceles impuestos por Trump, ha reaccionado con medidas de fuerza. Está a punto de imponer 60 mil millones de dólares en impuestos y aranceles a productos de Estados Unidos. Esa es su represalia. China se puso tú por tú. México también está obligado a hacer algo concreto. Las palabras no sirven en este caso.

Al final de cuentas, serán los consumidores estadounidenses quienes tendrán que pagar más por productos chinos y mexicanos. Y esto, desde luego, no tiene ninguna relación con la política migratoria que Trump quiere cambiar.

México, dejémoslo muy claro, no tiene por qué convertirse en la policía migratoria de Donald Trump. Y como Estados Unidos no ha podido manejar con eficiencia y sentido humano la crisis migratoria causada por la llegada de cientos de miles de centroamericanos a su frontera sur, entonces le ha aventado el problema a México.

México debe continuar con su política de asilo y protección a las familias centroamericanas y no caer en la tentación trumpiana de tratar de deportar a todos los extranjeros que entran sin documentos al país. No podemos olvidar nunca que millones de mexicanos viven desprotegidos en Estados Unidos. Debemos tratar a los centroamericanos en México de la misma manera en que quisiéramos que fueran tratados los mexicanos en Estados Unidos. Esa es nuestra obligación moral.

Y esta crisis, temo decirles, no va a terminar pronto. Donald Trump está en plena campaña de reelección. Le funcionaron tan bien sus ataques a los mexicanos en el 2016 -llamándonos criminales, violadores y narcotraficantes- que ahora quiere repetir. México es su enemigo favorito.

Por eso México tiene que hacer un arriesgado cálculo de mediano plazo. Las elecciones en Estados Unidos son en noviembre de 2020 y Trump podría dejar el poder en enero de 2021. Podría. Esa es la gran incógnita. Dos docenas de candidatos demócratas quieren sustituirlo. Y yo no apostaría por un proceso de destitución; aún si la moción pasara en la cámara de representantes, no hay suficientes republicanos dispuestos a enjuiciar y destituir a un presidente de su mismo partido.

En esta confrontación AMLO tiene el apoyo de millones de mexicanos, incluso de muchos que no votaron por él. Peña Nieto nunca comprendió que defender a México frente al bully de Trump era una cuestión que iba mucho más allá de asuntos comerciales. Era una cuestión de dignidad nacional. López Obrador no puede olvidar eso.

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