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Publicado el 31 de julio de 2021

Cómo nacen las dictaduras

Por Eliane Brum

“¿Qué te parece? ¿Habrá un golpe de Estado o no?”. Es la pregunta recurrente de Norte a Sur de Brasil. Cuando se vuelve habitual hablar de la posibilidad de un golpe de Estado es porque el golpe ya está ocurriendo o, en gran medida, ya ha ocurrido. Hace más de un año que escribí que el golpe de Bolsonaro estaba en marcha. Empezó antes de que asumiera el poder en Brasil y se hace y se profundiza a cada día de gobierno. El caso brasileño es el más explícito, pero la formulación actual de los golpes de Estado puede verse en todas partes, desde Donald Trump hasta Orbán. Es importante darse cuenta porque, si no lo hacemos, no podremos impedirlos.

Ya sabemos cómo mueren las democracias. Pero tenemos que entender mejor cómo nacen las dictaduras. La muerte de una y el nacimiento de la otra forman parte de la misma gestación. Los golpes ya no se producen como en el siglo XX, o no solo como en el siglo XX. Al analizar el caso brasileño, se ve claramente que la corrosión del lenguaje es una parte fundamental del método.

En el caso de Estados Unidos, es cierto que, en el último momento, las instituciones, mucho más sólidas que en cualquier otro país de América, consiguieron frenar la intentona golpista de Trump. Pero también es verdad que el trumpismo ha logrado corromper para siempre el lenguaje de la democracia al realizar lo impensable en la escena del Capitolio.

En Brasil, la corrosión del lenguaje es muy anterior a las elecciones. Años antes hubo al menos tres momentos decisivos para el impeachment de Dilma Rousseff. Cuando llamaron “puta” a la presidenta en los estadios de fútbol, cuando simulaban su violación en calcomanías que ponían en los carros y cuando un diputado hizo apología de la tortura que esta sufrió durante la dictadura militar.

Primero, se invierte en subjetividades. Por la viralización en las redes sociales, la sociedad “acepta” lo inaceptable. Luego, comienza a asimilarlo y, finalmente, a normalizarlo. Cuando el golpe se produce formalmente, ya está interiorizado.

Para las elecciones del 2022, la repetición del discurso del fraude ya habrá corrompido la realidad y estará en el imaginario, haciendo que lo que efectivamente suceda en las elecciones, el voto, no importe.

¿Qué queda de democracia en un país cuando el tema principal es si habrá o no un golpe de Estado, abordado con la misma naturalidad que el precio del pan o la última serie de Netflix? El golpe ya se ha dado. La duda es solo hasta dónde será capaz de llegar

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