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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 14 de junio de 2022

Comunicar para destruir

Llevo muchos años gestionando la comunicación y entiendo claramente su importancia. Mi trabajo en esta disciplina lo he puesto al servicio de la sociedad desde distintos sectores laborales y lo he hecho con convicción. Estoy convenido de su poder.

Soy, además, docente universitario en el tema. A los estudiantes les enseño que la comunicación busca persuadir, convencer con argumentos, para que todo aquello que consideremos digno de comunicar, con creatividad, estética y los medios adecuados, pueda ser considerado importante y aportante.

En otras palabras, que la comunicación le sirva al mundo, entendiendo el momento que vivimos. Los medios han cambiado. Las dinámicas digitales configuraron panoramas nuevos para la comunicación. Hay narrativas distintas. Claro, hay que adaptarse a ellas. Pero la esencia de la comunicación no debe cambiar. Ahí radica el sentido de responsabilidad con el acto de comunicar.

¿Por qué esta introducción? Porque causa estupor cuando se usa la comunicación para fines nefastos, haciendo de ella una herramienta baja y burda.

Eso es lo que ha mostrado el Pacto Histórico en su afán de tomarse el poder, que usa la comunicación como arma de destrucción y no de construcción. Sus estrategas, sus personajes, perdidos en una lógica destructiva, no dimensionan el daño que hacen con sus acciones mediáticas. Mucho menos tienen restricciones éticas para detenerse. El todo vale, que tanto les gusta, para denigrar del otro, dañar su reputación, infundir rumores y lanzar insultos, matizándolos con el sofisma de “eso es lo que funciona en las redes sociales”.

La evidencia quedó registrada en boca de Sebastián Guanumen, uno de los llamados estrategas de comunicación digital de Petro.

¿Qué responsabilidad puede asumir en la vida alguien que recomienda usar el poder de la comunicación para mostrar, por ejemplo, a un contrincante como un depravado, una marioneta, una persona que deja dudas sobre su trato a las mujeres? Sembrar ese tipo de mensajes amañados es un acto manipulador y quien lo hace poco le importan las consecuencias.

Poco ético, sin más ni menos. Manipulación pura y dura, lo repito, al mejor estilo agitpro (agitación y propaganda), una técnica con marcados visos comunistas, que hizo curso el siglo pasado para adoctrinar valiéndose de la instrumentalización de la comunicación. Póngale un agravante: Esta forma de comunicar está puesta al servicio de la posverdad nefasta que el petrismo construyó.

Quien actúa así lo hace por lo bajo. Vuelvo a decir, no tiene ética. Lo que espera es una medalla de triunfo para tragarse el cuento de que contribuye a una gran causa política. Mala noticia: Lo que hace es aportar con creces a una deplorable y sucia forma de hacer política. Por eso, es inconcebible pensar que esos son los estrategas.

Es como si aplaudiéramos al médico que busca enfermar a sus pacientes o al bombero que sabe atizar incendios.

Eso nunca se los enseñaré a mis estudiantes y menos lo pondré en práctica 

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