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CONCENTRACIÓN

Por

ana cristina restrepo j.

redacción@elcolombiano.com.co

Hace unos días, Humberto De la Calle insistió en incluir a todas las fuerzas políticas en la mesa de negociación: “Óscar Iván Zuluaga nació a pocos kilómetros del sitio donde yo nací, y hemos vivido siempre a pocos kilómetros. ¿Por qué no podemos hablar sobre Colombia?”.

Sin atención al guiño, Álvaro Uribe propuso “concentrar” a las Farc en una zona bajo la supervisión de la comunidad internacional, mientras se desarrollan los diálogos.

El líder del Centro Democrático declaró que no se opone a que el proceso se prolongue con una condición: “Que le quiten a Colombia la pesadilla de la violencia”. Es de una inocencia suprema asumir que sin las Farc no habrá más violencia en nuestro territorio. Si las guerrillas se reintegran a la sociedad cesaría la violencia política, no así otras formas de criminalidad.

Uribe reiteró su preocupación ante la posibilidad de que los responsables de crímenes no vayan a la cárcel pero sí al Congreso. Años atrás, no estaba tan consternado por la pulcritud parlamentaria. Según la investigación “Y refundaron la patria” (Corporación Nuevo Arcoíris, edición de Claudia López): “En 2002, los congresistas electos con el apoyo del narcoparamilitarismo obtuvieron el 34 % de las curules y más de dos millones de votos, equivalentes al 25 % de la votación del Senado. Ocho de cada diez de esos congresistas entraron a hacer parte de la coalición del presidente Uribe y cogobernaron con él desde entonces. En 2006, casi todos los congresistas de la parapolítica se reeligieron...”.

Continúa el senador: “Aquí no ha habido insurgencia contra una dictadura sino narcoterrorismo contra una democracia”. Uribe parece olvidar que a las dictaduras no solo las define la toma del poder por vías antidemocráticas, sino el afán de perpetuidad. El control sobre la gestión pública en Colombia algunas veces sí ha funcionado como escudo de nuestra democracia: en 2010, la Corte Constitucional falló (siete votos contra dos) que una segunda reelección minaba los principios de la Constitución del 91. Hundió el referendo que buscaba prolongar el poder del entonces presidente. Vale recordar: el hoy cuestionado magistrado Jorge Pretelt, votó a favor del referendo.

A Uribe lo asiste la razón cuando solicita apoyo de la comunidad internacional. Jean Marie Guéhenno, director de International Crisis Group, aseguró a La Silla Vacía que, tras la firma de la paz, la comunidad internacional podría contribuir a moderar las expectativas excesivas de algunos colombianos.

Concentrémonos... en sacar al país adelante. Todas las voces son importantes. En la Constitución del 91 no estuvieron todas: es la oportunidad de corregir. No es posible dialogar con alguien a quien se considera inferior (la superioridad moral desluce todavía más en quien estuvo rodeado por algunos colaboradores hoy prófugos, presos o con fallo condenatorio).

“La paz es un proyecto nacional”, precisó Kofi Annan. No hablamos de un pleito particular, de una hacienda donde se oculta a quienes el patrón no quiere ver. Nuestro conflicto interno surgió por fenómenos de exclusión... ¡y no cesará excluyendo!.

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